socrates

 

Hasta el 2 de agosto, en el marco del Festival Grec, se puede ver en el Teatro Romea Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, después del triunfo en Mérida de esta obra imprescindible que nos evoca la figura del filósofo y las circunstancias de su juicio y condena. La escenografía,  pobre y austera, con un blanco con matices en el  vestuario, incide en la personalidad del  personaje, en su desprecio por los bienes materiales y consigue que nos parezca aún más absurda su conocida condena.

El texto potencia paralelismos con la realidad actual de un mundo en el cual los sinceros e incorruptibles que no tienen pelos en la lengua provocan inquietud y reticencias.  La situación de Grecia y los sucesos políticos de estos últimos tiempos contribuyen a esos guiños a la actualidad. Posiblemente todo se repita, en el fondo la naturaleza humana es siempre la misma aunque muchas cosas han cambiado, al menos en una parte del mundo. También ha evolucionado en apariencia, nuestra mentalidad. Sin embargo los miedos y la inseguridad son terreno abonado para la barbarie y la sinrazón.

Creo que se percibe un feliz regreso al teatro de ideas y con cierta profundidad retórica que durante un tiempo parecía pasada de moda. Sócrates fue el protagonista de un recordado montaje de principios de los años setenta, con texto de Enrique Llovet y Marsillach en el personaje principal. Fue aquella una buena época teatral y, a pesar de las circunstancias, llena de esperanza. Todo vuelve y los temas universales siempre tendrán público ya que nos hablan de nosotros mismos, de nuestras miserias y de nuestros esfuerzos por subsistir con dignidad. Desencanto y esperanza se alternan en nuestra percepción del presente.

Ignoro si en un contexto en el cual las humanidades en general van perdiendo peso específico la figura de Sócrates es tan conocida como hace años. La obra tiene la virtud de ser relativamente breve,  una hora y media en la cual se exponen las circunstancias y el contexto de ese juicio sin sentido y de esa condena irreversible. Josep Maria Pou interpreta de forma magistral un Sócrates burlón, irónico, discursivo hasta el final. Unos secundarios de lujo lo acompañan, Carles Canut, Pep Molina, en un papel poco amable pero muy interesante, el de ese antagonista convencido quizás de la culpabilidad del condenado, pero que manifiesta sus dudas e incluso el convencimiento de actuar de forma inmoral.

Y debe destacarse a Amparo Pamplona, una  gran actriz a la cual tenemos pocas ocasiones de ver en Barcelona, inmensa en sus intervenciones puntuales, sobre todo cuando interpreta a la esposa de Sócrates y contrasta la realidad cotidiana de una vida doméstica llena de escasez con esos ideales de un esposo que se dedica a filosofar. Única mujer en un mundo de hombres, la singularidad de su sexo en el conjunto nos recuerda que aquella supuestamente perfecta democracia tenía muchos puntos débiles y unos cuantos seres marginados de las decisiones colectivas.

Los otros actores, más jóvenes, tienen intervenciones breves pero igualmente excelentes. La dicción, un tema que hoy parece menor pero que en el teatro  es importantísimo, roza la perfección. Todo se entiende sin dificultad y la expresión oral, ni lenta ni rápida, juega con los silencios y el ritmo de la acción de forma precisa. El texto quizás pierde fuerza en algún momento puntual  pero no estamos ante una obra de acción ni nos enfrentamos a  un argumento convencional. Ya conocemos de antemano el desenlace, que se nos cuenta al principio y al final cerrando el círculo de una condena ridícula si no fuese irreversible. Es aquello tan conocido de la banalidad del mal, los discípulos pagarán el gallo y la vida seguirá, con sus miserias y sus ambiciones y sus injusticias.

No puedo dejar de pensar que esta obra habría encontrado un marco excelente en el Teatre Grec, aunque el Romea sea un espacio en el cual se respira historia y tradición teatral. Estará en cartel hasta el dos de agosto pero probablemente regrese al Romea en otoño.

 

Julia Costa

@liujatasco

 

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Tráiler

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Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano / Teatre Romea (c/ Hospital, 51) / Texto de Mario Gas y Alberto Iglesias / Dirección de Mario Gas /  De 22 a 28 euros / Hasta el 2 de agosto / www.teatreromea.com

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