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Ciertos autores parecen haber firmado una única obra para la memoria colectiva. Por ejemplo, es el caso de Lewis Carroll y Alicia en el país de las maravillas. Muy pocos se adentran en sus ensayos sobre matemáticas. Lo mismo sucede con Emily Brontë, autora de Cumbres borrascosas, de quien rara vez se menciona la obra poética. Aunque quizá uno de los ejemplos más flagrantes sea el de Antoine de Saint-Exupéry y El principito, novela corta que se ha traducido a infinidad de idiomas y publicado en múltiples formatos —el pop-up se ha convertido en todo un libro estacional, siempre listo y disponible en todas las librerías cuando se va acercando la campaña de Navidad. Quizá sea la obra que más turistas me han pedido como souvenir en todos los años que llevo ejerciendo de librera, y es muy probable que los coleccionistas de El principito (1943) tengan en casa la historia en noruego o latín, pero muy posible también que no sepan que su autor llevaba publicando regularmente desde finales de los años veinte y que pilotar un avión era su otra gran pasión junto a la literatura. En muy rara ocasión he visto alguna que otra de sus obras en la sección de Narrativa. Es bastante paradójico que Saint-Exupéry creara todo un personaje de culto y, sin embargo, el resto de su producción haya caído prácticamente en el olvido, al menos en nuestro mercado literario. Por suerte, la editorial Berenice recupera en español una de sus obras más importantes sobre aviación: Vuelo nocturno.

Esta novela corta publicada en 1931 le valió el reconocimiento de crítica y público, e incluso fue premiada con el Femina de aquel año. El planteamiento es sencillo: Rivière, impulsor de los vuelos nocturnos, debe afrontar una situación crítica: de los tres vuelos que deben llevar a Buenos Aires el correo que saldrá para Europa, uno se ve abocado a una tormenta furiosa que complica gravemente la operación. El piloto Fabien se encuentra perdido en medio de la noche, sin poder hacer escala en ninguna ciudad y con un combustible limitado. Rivière es el máximo responsable del buen funcionamiento de este tipo de trayectos, y también un hombre inflexible que siempre antepone el deber a la vida personal, y el interés general por que la compañía sea exitosa a las vicisitudes de cada uno. Nunca le tiembla el pulso a la hora de despedir a un trabajador o amonestar al personal si el servicio no se desarrolla de forma óptima. En escena entran varios secundarios, como la preocupada mujer de Fabien que busca respuestas sobre el paradero de su recién estrenado marido; el inspector Robineau, una versión mucho más cándida del propio Rivière, y el resto de pilotos que poco a poco van llegando a destino.

Vuelo nocturno es una obra ciertamente autobiográfica, pues Saint-Exupéry conocía de primera mano los entresijos de la aviación comercial de aquella época: él mismo dirigió Aéropostale, una de las empresas de correo aéreo pioneras en aquel entonces, en su filial argentina. Era piloto y, como tal, su relato de la experiencia de volar es totalmente verídico. Conocía el terreno a la perfección, el funcionamiento de este tipo de servicios, y podemos suponer que compartía con sus personajes esos sentimientos agridulces de soledad y fascinación por estar allí arriba, libre y al mando del aparato, y aun así frágil, pues cualquier fallo en el motor del avión puede ser fatal. Pilotar debe de producir una sensación totalmente dual: se tiene poder y control, y en cualquier momento, la naturaleza, o la falibilidad de la obra humana, nos arrebata ese supuesto poder y control. Saint-Exupéry no podía saberlo en 1931, pero Vuelo nocturno sería también una obra premonitoria: el final de su vida tiene mucho en común con el piloto Fabien.

Animo a los coleccionistas y lectores de El principito a que se acerquen a este texto que se puede leer casi de una sentada. Como en la experiencia de volar, Vuelo nocturno es una obra de estilo dual: por un parte es precisa y concisa, de diálogos escuetos y descripciones sobrias sobre las operativas y actividades de la compañía. Por otra parte, es una obra con mucha lírica, Saint-Exupéry no renunció a la poesía, y aunque menos patente que en su obra magna, no desaprovechó la oportunidad de idealizar las sombras, las estrellas, los haces de luz eléctrica que conforma la civilización sobre la Tierra. Tampoco desperdició al personaje de Rivière, quizá lo más interesante del relato, y en más de una ocasión lo coloca en la encrucijada de tener que reflexionar sobre la vida diaria, sobre la rutina, sobre si vale la pena sacrificarlo todo por ser eficiente en el trabajo y recibir el reconocimiento de los superiores en detrimento de la vida privada. Una advertencia siempre necesaria en este mundo tan material, en estos tiempos en que se nos exige siempre dar lo mejor y el máximo de nosotros mismos quizá por poco a cambio. Podríamos cerrar hoy con la frase más trillada de El principito: «lo esencial es invisible a los ojos». Pero a mí que se me antoja que Saint-Exupéry en algún momento debió de sentirse tan solo como lo está Rivière en la novela, me viene a la memoria aquella canción de The Smiths que decía que el cielo sabe que uno puede sentirse miserable aunque tenga fortuna laboral.

 

Jennifer Camacho

@garymused

 

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Vuelo nocturno / Antoine de Saint-Exupéry / Editorial Berenice / 1ª edición, marzo de 2015 / 144 páginas / ISBN 9788415441823

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