mazzucco

 

En los últimos meses tanto la prensa italiana como la internacional está prestando especial atención a la decadencia de Roma, una de las capitales europeas del arte, la moda, la gastronomía y la historia que, sin embargo, lleva tiempo sumida en la suciedad, la mala gestión de su red de transporte, la precariedad y el desencanto. Roma ya no es Roma o al menos no se le parece a esa ciudad de cine y ensueño de antaño. Precisamente el cine y la literatura italianos llevan unos cuantos años poniendo también el foco en este declive, en algunos casos de forma alusiva, con historias más bien existencialista, y en otros de manera directamente explícita. Quien no tiene pelos en la lengua a la hora de describirlo es la escritora Melania G. Mazzucco, una de las autoras más respetadas en su país y traducida a varios idiomas, entre ellos el español.

En su novela Un día perfecto (Anagrama), Roma es un personaje más. En ella se entrelazan diferentes historias, o diferentes vidas. Emma acaba de separarse de su marido, Antonio, un policía que aun después de la separación la sigue maltratando física y psicológicamente. Ella sobrevive como puede, compaginando diversos trabajos mal pagados, manteniendo a sus dos hijos sin la ayuda económica de su marido y viviendo en casa de su poco comprensiva madre. Emma es una mujer todavía joven y seductora, pero demasiado cansada. Antonio ejerce de guardaespaldas de Elio, un abogado que aspira a entrar en el Parlamento italiano con el partido de Berlusconi. Elio está inmerso en la campaña electoral y apenas tiene tiempo para dedicarle a su hija y a su jovencísima esposa Maja, quien lejos de perder la cabeza por la vida lujosa y excesiva que le ofrece su estatus, sueña con tener su propio rincón en el mundo y por eso visita a escondidas un piso en el que desearía vivir. Del primer matrimonio de Elio, nació Zero, un joven rebelde ahora en la veintena que detesta a su padre y que aspira a cambiar el mundo desde la desobediencia y la revolución. Zero cree que Roma ya no tiene nada que ofrecerle, que es una ciudad adormecida y por eso quiere marcharse a Barcelona (“Roma era una cuidad decrépita e inmóvil, una maravillosa marisma. El pasado les impedía tener un futuro. Los habitantes daban vueltas en círculos, como condenados. Nadie se salía del círculo dantesco que le había sido asignado”).

En la novela, Roma es el escenario, la punta del iceberg de la era berlusconiana, no es el problema, sino la consecuencia. En ella, Antonio ve “maleza, ortigas, jeringuillas, columpios oxidados –la decadencia de todas las cosas”, un tipo en el autobús grita “pordioseros, tullidos, mendigos, Roma parece Calcuta” y Maja se siente “indignada por la negligencia de los barrenderos romanos. Habrá que quejarse. ¡Una rata de cloaca en la calle de Mangili! Este barrio está degenerando”. Sasha, profesor de Valentina (la hija de Emma y Antonio),  regresó años atrás a Italia, “que es, por otro lado, reconozcámoslo, una colonia que incluso carece de importancia estratégica desde que cayera el muro de Berlín. Es una periferia, bastante degradada, por si fuera poco –desde el punto de vista cultural, obviamente-, en la que todo talento y todo auténtico impulso expresivo son reprimidos, y ahogados, y achatados en una uniformidad que sirve de consolación”. Decía en una entrevista Mazzucco que en Italia todo lo que no se hace desde la política, sencillamente no se hace, una idea que parecen hacer suya todos los personajes de la novela. Hay que tener en cuenta, por lo tanto, que en Un día perfecto (título que hace referencia a la canción de Lou Reed Perfect day), el problema no es Roma en sí, sino que Roma se nos presenta como la metáfora de Italia (a fin de cuentas es la capital del país). Si Zero quiere marcharse y detesta a su padre es porque Elio simboliza la continuidad, el conservadurismo, aunque incluso el propio Elio sea también una víctima: “qué terrible soledad la que te regala Roma cuando te han derrotado”.

Mazzucco abre la novela con una cita de George W. Bush: “La familia es el lugar en el que residen las esperanzas de nuestro país, el lugar en el que a los sueños les nacen alas”. Estas palabras coinciden con un discurso fallido que Elio pronuncia en el lugar equivocado y que forman parte, claro está, de la ideología de su partido, de la Italia que imagina Berlusconi. Ahí precisamente radica una de los temas centrales de la novela: ¿cómo se supone que debe ser una familia para que sea perfecta, ejemplar? Mazzucco nos habla de dos tipos de familia: la de Emma y Antonio, totalmente desestructurada, quebrada; ella sin recursos, aceptando trabajos precarios, perseguida por los maltratos; él obsesionado, violento; los niños pagando las consecuencias de la mala relación de sus padres. Y luego la familia de Elio y Maja Fioravanti, él un rico abogado y político con una gran casa, con un residencia de verano que quita el hipo, con chófer, tarjetas de crédito con saldo que parece no acabar, cenas de alto copete, trajes caros; ella, jovencísima, atractiva, disfrutando de una vida llena de facilidades y lujos. No se ven grietas en los Fioravanti, sin embargo existen y empiezan a amenazar los cimientos de la relación. En la novela tenemos, pues, una familia devorada por los problemas y otra a punto de ser devorada. Ni el dinero ni el estatus social puede impedir que la familia, “ese lugar en el que residen las esperanzas” (según Bush), ese “último pilar social de Italia” (en palabras de la propia Mazzucco) se deshaga. Y si se deshace eso, ¿qué les queda a los personajes?

Un día perfecto es una novela rotunda, escrita con un lenguaje libre de florituras, llamando a las cosas por su nombre (aunque debo decir que la traducción al castellano me ha parecido algo irregular). La autora consigue que los personajes nos resulten tan cercanos, que es fácil hacer nuestro el sufrimiento y el destino de cada uno de ellos. Mazzucco habla de violencia doméstica, de esperanzas frustradas, de necesidad de soñar y de seguir adelante pese a todo, de personajes que buscan su vía de escape, que esperan hallar su lugar en el mundo. Y en todo ese periplo, el lector siente el pesar, cuando acaba la novela, de no saber qué pasará al día siguiente, porque la autora liquida la historia cuando finalizan las 24 horas de ese “día perfecto” que nos está contando. Vale la pena acercarse a esta genial obra de Mazzucco que, sin embargo, no es la más conocida de ella, a pesar de que fue llevada al cine por el director turco Ferzan Özpetek.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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Un día perfecto / Melania G. Mazzucco / Editorial Anagrama / 1ª edición, 2008 / Traducción de Xavier González Rovira / 448 páginas / ISBN 9788433974891

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