sanshiro

 

Natsume Soseki (1867-1916) es uno de los escritores japoneses más leídos dentro y fuera de su país. Entre sus libros más populares destacan sobre todo Soy un gato (1905) y Kokoro (1914). El primero de ellos, con el que Soseki se estrenaba en el mundo de la literatura, tiene como protagonista a un felino sin nombre que convive con una serie de personajes de la clase media de Tokio. El gato es observador y juez de la sociedad en la que le ha tocado vivir: no pierde detalle de las situaciones y la charlatanería que hay a su alrededor, lo que le permite lanzar sus incisivos comentarios de filósofo impertinente. En Kokoro, considerada su obra capital, Soseki nos propone acercarnos a otro protagonista sin nombre, un joven interesado en afianzar su amistad con Sensei, un anciano de pocas palabras cuyo corazón parece cerrado completamente a los demás por culpa de episodios del pasado que se han enquistado en su interior y que no le permiten salir del abismo en el que se encuentra.

De la obra de Soseki vale la pena detenerse también en Sanshiro, novela en la que un muchacho procedente de una zona rural de Japón se dirige a la capital para estudiar literatura en la universidad. El cambio a la cosmopolita Tokio hace que se sienta en todo momento desorientado, como si no fuera capaz de asimilar las costumbres y los modales de la gran ciudad. Ya en el viaje de tren que abre la novela, Sanshiro observa detenidamente a otros pasajeros y se hace preguntas sobre ellos. Es más, vive alguna circunstancia que provoca que salgan a flote sus inseguridades, especialmente en cuanto a mujeres se refiere: “si todas las mujeres con las que se topara de ahora en adelante iban a ser como esta, entonces él, como intelectual, no tendría más remedio que mantenerse apartado de ellas, porque jamás sabría cómo actuar en semejantes circunstancias. Significaría resignarse a vivir sin agallas, reprimido, como si hubiera nacido impedido”. Difícil carta de presentación la que nos hace el narrador de un protagonista que se dirige a Tokio cargado de complejos e incertidumbres (su  propia madre le escribirá en un determinado momento recordándole que siempre fue un cobarde y que no debe amilanarse ante los retos de su nueva vida), aunque  con la estimulante ilusión de entrar en el mundo adulto, el de la intelectualidad. Él va a empezar a estudiar en la universidad y, por tanto, va a convertirse inmediatamente en un intelectual: conocerá a eruditos y profesores, se relacionará con estudiantes cultos e inquietos como él, investigará en la biblioteca, será uno más de esa élite que acaba escribiendo libros y siendo aplaudido por la sociedad.

Sin embargo, nada va a ser tan fácil para Sanshiro. Nada más aterrizar en la universidad, se siente confundido. El calendario académico indica que las clases ya han empezado, pero las aulas están vacías. ¿A qué se debe esta falta de coherencia?, se preguntará. Por suerte para él, trama una rápida amistad con Yojiro, quien se encargará de aclararle cualquiera de sus dudas respecto al funcionamiento de la universidad, pero también para bajarlo de las nubes, para hacerle entender que lo que él esperaba encontrar en ese templo de sabiduría en realidad poco tiene que ver con la realidad (“la única cosa que te satisfará de ahora en adelante es ir a la biblioteca”, le dice). Primera decepción para Sanshiro que, sin embargo, no pierde el empeño en convertirse en alguien de provecho, alguien de quien la sociedad, y especialmente su madre, se sienta orgullosa.

En el viaje de tren inicial, el protagonista charla con un pasajero al que luego se encontrará de nuevo en Tokio: el profesor Hirota. Este le avisa, entre metáforas y carcajadas que “no hay nada más terrible que albergar un deseo”. Y Sanshiro deseará durante toda la novela: deseará crecer intelectualmente, deseará tener amigos que lo enriquezcan culturalmente, deseará satisfacer a la madre que ha dejado en el campo, deseará amar y ser amado. Pero la incertidumbre que Sanshiro siente nada más arrancar la novela respecto a su relación con las mujeres no iba demasiado desencaminada: se comporta “reprimido, como si hubiera nacido impedido”. La chica que le gusta, Mineko, tiene un comportamiento extraño, imprevisible y no siempre fácil de entender. También resulta imprevisible el carácter de su amigo Yojiro, cuyas irresponsables acciones (llevadas a cabo más por inmadurez que por picardía) ponen a Sanshiro en una situación incómoda ante su madre, Mineko e incluso ante el profesor Hirota, a quien tanto respeta.

El sueño inicial del protagonista sería permanecer en Tokio, que su madre estuviera con él, conocer a una chica y seguir un provechoso camino de erudición. Pero, de vez en cuando, se encuentra con algunos detalles que lo despiertan o, cuanto menos, lo avisan. En una nota escrita por algún lector en un libro de la biblioteca lee: “cualquier cosa que hagáis o penséis o digáis estará al final poco o nada ligada a la urgente fuerza vital de una sociedad cambiante. Y así es como estaréis siempre: ¡alienados hasta la muerte!”. Y más adelante su amigo Yojiro le dice: “toda criatura que viva en sociedad se sentirá insatisfecha respecto a algo. Los personajes de Ibsen son los que tienen la percepción más clara de los fallos del sistema social moderno. Antes de que pase mucho tiempo, nosotros seremos como ellos”.

En la novela, como en buena parte de la literatura japonesa, la insatisfacción es un tema vertebral. Sanshiro no acaba de encontrar su lugar en Tokio aunque no acabaremos de saber si tira la toalla o persevera, porque muchas veces la literatura nipona ofrece solamente un retrato, un fragmento de vida sin conclusiones explícitas, una muestra para que el lector complete a su manera el universo que propone el autor. Pero esa insatisfacción se apodera en determinados momentos de Yojiro, que se plantea abandonar proyectos que poco antes defendía con entusiasmo. El profesor Hirota no manifiesta grandes necesidades, parece feliz a su manera, pero se le intuye cierta desazón. Él es soltero, algo que a Yojiro parece preocuparle. Eso y el hecho de que teniendo una mente tan brillante, no sea docente en la universidad en lugar de en un instituto. Y en cuanto a los personajes femeninos, Mineko y Yoshiko, son como dos grandes almas que vagan erráticas. Una aceptando el destino que le ha tocado y la otra buscando, como una oveja descarriada, su camino.

A Soseki le gustaba situar a sus personajes entre dos grandes muros que iban acercándose entre ellos hasta amenazar con aplastarlos. Uno de ellos es el viejo Japón, las antiguas y pesadas costumbres; el otro es el nuevo mundo que venía de Occidente y que imponía sus modas y comportamientos: “nosotros, los jóvenes, no podemos aguantar un minuto más la opresión del viejo Japón. A la vez, vivimos en circunstancias que nos llevan a anunciar al mundo que nosotros, los jóvenes, no estamos dispuestos a soportar más tiempo la nueva opresión que viene de Occidente”. Es esta una de las razones por las que Yojiro invita a Sanshiro a un encuentro de estudiantes que luchan para que en la universidad las clases de  literatura extranjera sean impartidas por profesores japoneses y no por foráneos.

Con todo, Sanshiro es literatura japonesa en estado puro. Decía Murakami, reconocido admirador de Soseki, que el autor era el padre de la nueva literatura japonesa y, de hecho, en su obra se pueden reconocer ciertas influencias. Sanshiro es una novela de transformación con la que se nos presenta una larga escena de la vida de Tokio protagonizada por un personaje que durante todo el relato intenta buscar la forma de encajar su mundo interior con el mundo que le rodea. Una lectura para disfrutar con calma, para viajar en el tiempo y en el espacio, para exprimir el placer por el detalle, para apreciar el silencio, para detenerse un momento y observar (exterior e interiormente) y, en definitiva, para conocer la literatura humanista de uno de los grandes de la literatura japonesa. No importa por qué título se empiece. Lo inteligente es seguir.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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Sanshiro / Natsume Soseki / Editorial Impedimenta / 1ª edición, 2009 / Traducción de Yoshino Ogata / 340 páginas / ISBN 9788493711009

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