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A principios de junio E. L. James, autora de la célebre trilogía erótica Cincuenta sombras de Grey, incendiaba las redes sociales con un mensaje: muy pronto se iba a publicar la cuarta entrega de la serie y esta vez estaría contada por el protagonista masculino. Lo cierto es que la sorpresa no lo era tanto, ya que el tercer libro, Cincuenta sombras liberadas, incluía un último capítulo que explicaba la versión de Christian del día que conoció a Anastasia, además de un comentario que dejaba poco lugar a la imaginación: “Esto es todo… de momento”. Y así ha sido, tres años después, el pasado 18 de junio, se publicó Grey, cuarta entrega de la serie y cuyo narrador es el propio Christian, a diferencia de los otros tres libros explicados por Ana.

James reconoce que las lectoras (sí, así, en femenino) le pedían constantemente que escribiese este libro.  Y estoy convencida que más de una ya se arrepiente de haberlo siquiera pensado. Cincuenta sombras de Grey no tiene calidad literaria, pero a mi parecer el primer libro cumplía con su función: entretenía contando la archiconocida historia de chico conoce a chica pero añadía cierto morbo con los encuentros sexuales narrados de forma explícita. Recalco que esto ocurría en el primer libro, ya que el resto era un conjunto de páginas con escenas repetitivas, muletillas odiosas y subtramas incoherentes y mal resueltas. Y, ¿qué ocurre con Grey? Pues más de lo mismo o, incluso, peor.

En primer lugar, se explica punto por punto el primer libro pero desde la visión de él y lo cierto es que no era necesario porque la historia no cambia nada. Probablemente hubiese sido más acertada una precuela en la que ver a Christian como un verdadero Amo y maldiciendo los polvos vainilla o, como mínimo, un único libro que reuniera los hechos más importantes para él de toda la saga. Pero no. Supongo que con la firme intención de ofrecernos una nueva trilogía (sino no tendría sentido publicar este Grey que queda inconcluso), James opta por explicar en un tomo de ¡637 páginas! exactamente lo mismo que ya habíamos leído en Cincuenta sombras de Grey. Repito: exactamente lo mismo; sin aportar nada nuevo y acrecentando, inevitablemente, la sensación de dejà vu y aburrimiento.  Y aquí se presenta el segundo gran problema de Grey: todos los que leímos  las anteriores  novelas teníamos claro que él se prendó de ella desde que  la conoció en su despacho, lo que resultaba interesante era comprobar sus contradicciones, sus miedos e inseguridades y cómo iba poco a poco despojándose  de esas sombras que tenía y daba paso a la luz que le aportaba Ana.  En cambio, si aquí constantemente vamos leyendo frases del tipo ¿Pero qué es lo que me ocurre? Grey, cálmate, esta chica no puede alterar tu mundo. ¿Por qué con ella todo es diferente y empiezo a sentir cosas? Ahí, amigos, se pierde el encanto. A veces es mejor dejar algo para la imaginación que no que nos lo muestren de forma tan obvia que carezca de interés.

La primera edición impresa en español, que salió a la venta el pasado 16 de julio,  tenía la página 421 en blanco, según la editorial Grijalbo “debido a un error informático en la imprenta” (aunque la sombra del marketing siempre planea por estas situaciones). Rápidamente se puso en marcha la impresión de una nueva edición. La página de la discordia se puede descargar en algunas webs, aunque lo cierto es que sin ella la historia tampoco pierde nada. Como ya han dicho algunos medios de forma muy acertada: “Grey tiene un gatillazo en la página 421”, pero yo diría que lo tiene no por una única página olvidada, sino por toda una novela que resulta innecesaria y que no da la talla en ningún aspecto.

 

Patricia Tena

 

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Grey (cast.) / E.L. James / Editorial Grijalbo / 1ª edición, julio de 2015 / 656 páginas / ISBN 9788425353680

Grey (cat.) / E.L. James / Editorial Rosa dels Vents / 1ª edición, julio de 2015 / 656 páginas / ISBN 9788416430000

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