ungiornoperfetto4

 

De las diez películas que ha dirigido el turco Ferzan Özpetek hasta la fecha, solamente una no ha partido de un guión escrito por él. Se trata de Un giorno perfetto (2008), basada en la novela homónima de Melania G. Mazzucco, traducida en España por la editorial Anagrama. Todo un reto para Özpetek teniendo en cuenta que el libro encierra diversas lecturas, que cada uno de los personajes es un universo lleno de complejidades cuyos sueños se ven frustrados en una Italia (la de Berlusconi) en decadencia, que uno de los temas es el maltrato y eso siempre requiere estilo y delicadeza, y que la autora apunta y dispara de forma más que solvente hilando una novela sobrecogedora y bien resuelta.

En Un día perfecto, la novela, Emma acaba de separarse de su marido, Antonio, un policía que aun después de la separación la sigue maltratando física y psicológicamente. Ella sobrevive como puede, compaginando diversos trabajos mal pagados, manteniendo a sus dos hijos sin la ayuda económica de su marido y viviendo en casa de su poco comprensiva madre. Antonio ejerce de guardaespaldas de Elio, un abogado que aspira a entrar en el Parlamento italiano con el partido de Berlusconi. Elio está inmerso en la campaña electoral y apenas tiene tiempo para dedicarle a su hija y a su jovencísima esposa Maja, quien lejos de perder la cabeza por la vida lujosa y excesiva que le ofrece su estatus, sueña con tener su propio rincón en el mundo y por eso visita a escondidas un piso en el que desearía vivir. Del primer matrimonio de Elio, nació Zero, un joven rebelde ahora en la veintena que detesta a su padre y que aspira a cambiar el mundo desde la desobediencia y la revolución.

En la película, Özpetek se centra sobre todo en la historia de Emma y Antonio y prescinde de algunas lecturas que ofrece la novela. Por ejemplo, no vemos las insatisfacciones de Maja, cuyo papel apenas tiene relevancia en el film. La configuración del personaje de Zero es totalmente diferente: en la película no hay ansia de revolución, ni de desobediencia ni de cambiar el mundo, ni siquiera es el okupa que imaginó Mazzuco, sino un chico acomodado, dentro de la sociedad, pero también insatisfecho y decidido a no seguir el ejemplo de su padre. En el caso de Elio, en la novela hay muchos más matices y en la película su historia tiene un trato bastante más superficial. Özpetek prescinde también de un personaje secundario en el libro, pero sugerente: el profesor de Valentina, la hija de Emma y Antonio, un chico que parece tenerlo todo en la vida pero es víctima de la frustración de sus ilusiones.

Hay que tener en cuenta que aunque una película se base en un libro, nunca hay que caer en el error de valorar el film por la fidelidad que guarda con la obra literaria. Aunque una sea un referente de la otra, hay que apreciar cada producto de forma independiente. Es normal que la película tenga que prescindir de elementos del libro, que se cambien líneas argumentales, que se incluyan escenas nuevas, que los actores no acaben de encajar con los personajes originalmente planteados. Dijo Mazzucco, de forma muy honesta, que no quiso intervenir en la película porque ella ya había dirigido la novela. Cuando un director adquiere los derechos de una obra literaria, tiene luz verde para reformular cuantos aspectos crea oportunos y es conveniente que así sea: es mejor añadir creatividad a la creatividad y no que el talento de uno limite el del otro.

El problema de Un giorno perfetto (la película), no obstante, es que se le da tanta relevancia a la historia de Emma y Antonio, que el resto de personajes quedan demasiado desdibujados. No es que en el libro no tenga esa importancia, puesto que en realidad es el eje central, pero Mazzuco escribió más de cuatrocientas páginas de novela y, por lo tanto, tenía espacio para incluir cuantos matices quiso. Özpetek, sin embargo, dispone de poco más de noventa minutos y tiene que sacrificar conflictos. En la película, solamente resultan interesantes Emma, Antonio y sus dos hijos. El director nos ofrece una historia sobre maltratos; la escritora no solo apuntaba a la violencia doméstica, sino sobre todo a cómo en la Italia de Berlusconi los sueños de los italianos empezaron a desdibujarse, además de hacer una inteligente reflexión sobre la familia como pilar fundamental de la sociedad y un retrato de la decadencia de Roma como metáfora de algo mucho más existencial. Por todo esto tienen sentidos personajes como Elio, Maja o Zero. Y por estas cuestiones, la relación de Antonio y Emma es mucho más rica y compleja en la novela.

Vuelvo a repetir: si comparo no es para acusar la falta de fidelidad, sino que valorando la película de forma autónoma, parece que todo lo que está fuera de Antonio y Emma es paja, como si fuera un añadido necesario para llenar minutos. Yo, como espectador, conozco muchos más detalles de esos personajes porque he leído sobre ellos, pero quien vea la película sin el referente literario es posible que se quede tan frío como se quedó la crítica en el Festival de Venecia 2008 en el que fue presentada. Ahora bien, Özpetek no se anda con medias tintas a la hora de adentrarse en ese núcleo familiar roto y dañino de Emma, Antonio y sus dos hijos. Cierto que podría haber explotado más la precariedad de ella, su angustia, lo difícil que es su día a día, así como podría haber dado un poco más de vida a los menores, pero el director prefiere centrarse en la violencia de Antonio, su contundencia, sangre fría y, en definitiva, su locura. De ese modo, como decíamos, Özpetek hace de Un giorno perfetto una película sobre el maltrato y la violencia que surge de la necesidad de posesión. Y esto no acaba de ser suficiente.

Y si se me permite comentar un pequeño detalle, diré que por muy buen trabajo que haga un actor o actriz a la hora de encarnar un personaje que vive en condiciones precarias, nunca me creeré su papel si en lugar de ofrecerme un rostro natural, luce una cara redibujada a base de cirugía estética. Isabella Ferrari no lo hace nada mal poniéndose en la piel de Emma, es buena, pero el bisturí juega en su contra. Con todo, Un giorno perfetto, que no ha llegado a España, es una película dura, terriblemente dramática, pero demasiado irregular. Özpetek tenía material de sobras para diseñar una auténtica bomba cinematográfica, un film que sacudiera conciencias y que pusiera los puntos sobre las íes como hace Mazzucco en su libro, pero, parafraseando un dicho popular, los árboles no le han dejado ver el bosque.

 

Manel Haro

@manelhc

 

__________

Tráiler

Anuncios