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En el cine del director turco afincado en Italia Ferzan Özpetek a veces nos encontramos con situaciones inverosímiles (o, cuanto menos, forzadas) que, sin embargo, son los ejes argumentales de sus películas. Un caso es el de La ventana de enfrente (2003), en la que una pareja en crisis acoge en su casa a un anciano desorientado que ha perdido la memoria, en lugar de solucionar el asunto rápidamente llevando al hombre a una comisaría. En Magnifica presenza (2012), un tipo alquila una casa en la que no es el único inquilino, ya que toda una compañía de teatro muerta en los años cuarenta sigue deambulando entre sus paredes. Y en Cuore sacro (2005), una rica empresaria, Irene Ravelli, sufre una radical metamorfosis cuando hereda un palacio propiedad de su madre, recientemente fallecida.

Al inicio de la película, Irene (Barbora Bobulova) es jaleada cuando recoge su premio a la empresaria del año. Paralelamente, dos de sus más íntimos amigos se suicidan después de venderle a Irene su empresa. La hija de la pareja muerta la acusa de ser la culpable de la tragedia, rechaza su ayuda y la llama asesina. Pero la vida sigue para Irene Ravelli, quien debe gestionar el nuevo patrimonio que ha heredado. Asesorada siempre por su despiadada tía (Lisa Gastoni, quien volvía al cine con esta película después de casi treinta años alejada de las cámaras), decide hacer del palacio recibido un negocio inmobiliario convirtiéndolo en pequeños apartamentos que posteriormente venderá. Sin embargo, el azar hace que se cruce con una niña, una pequeña ladrona callejera, que se ganará el corazón, y sobre todo la curiosidad, de Irene.

Esta pequeña muchacha es una caja de sorpresas. No duda en mentir, robar y aliarse con otros delincuentes, pero, a la vez, ayuda en la iglesia del barrio repartiendo comida a los más necesitados. Poco a poco el mundo de Irene irá cambiando hasta unos extremos que su tía no tolerará. Esta transformación espiritual de la protagonista propone una reflexión sobre la bondad, sobre lo que realmente ofrece tranquilidad al alma, lo que podemos hacer por ayudar a los demás y cuáles son los límites del altruismo. ¿Puede solucionarse la pobreza solo con dinero? ¿Acaso es suficiente el sacrificio y el empeño de una persona para conseguir una sociedad más equilibrada? ¿Debemos aceptar que entre nosotros siempre habrá desfavorecidos y que por muchas manos que llenemos, siempre habrá otras que se abran? ¿Cómo puede ayudar realmente un corazón noble?

Las personas siempre podemos ser mejores, más considerados, decidir que a partir de mañana seremos más generosos, pero pocas veces se producen transformaciones tan radicales como la que experimenta Irene y ese es el principal handicap de Cuore sacro. No me creo la metamorfosis de la protagonista, que pasa de blanco a negro en apenas unos días. Entiendo las intenciones de Özpetek, veo cuál es su idea inicial, pero no comparto el modo como la desarrolla. El personaje de la niña, por ejemplo, tampoco lo veo verosímil (es una especie de Oliver Twist sabionda del siglo XXI) y creo que el director podría haber hecho que, indagando en el mundo de su excéntrica madre, Irene hubiese encontrado otros motivos que justificaran su cambio espiritual. Por otro lado, el argumento se adentra en derroteros místico-religiosos que poco a poco van lastrando la película: por ejemplo, hay una escena en la que Irene acoge entre sus brazos a un hombre con pelo largo y barba formando así la viva imagen de la Pietà. No es que esta imagen no sea bella, sino que se percibe como demasiado evidente, forzada y aislada dentro del film. También hay otras escenas que chirrían, como la visita de la protagonista a una especie de campo de pobreza, donde decenas de personas viven hacinadas sin ningún tipo de recursos, casi como si fuera una escena típica de posguerra.

Después de haber visto varias películas de Özpetek, tengo la sensación de que el director (y guionista) parte de buenas ideas pero no siempre las desarrolla de forma efectiva. A veces parece que sabe cómo empezar sus films y cómo acabarlos pero anda cojo en el desarrollo. En ocasiones es una gran cojera (como es el caso de El último harénCuore sacro o Un giorno perfetto) y otras es una pequeña cojera puntual (como podría ser La ventana de enfrente). Dicho de otro modo: Özpetek tiene talento para imaginar historias, pero algunos de sus guiones necesitan pulirse antes de materializarse. Algunos ligeramente y otros más a fondo. El de Cuore sacro necesitaba una temporada en el cajón.

 

Manel Haro

@manelhc

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