ventanaenfrente

 

No esperes a envejecer para lamentarte por la vida que no has tenido, coge las riendas mientras todavía estás a tiempo y decide quién quieres ser y qué quieres hacer. Esta podría ser una síntesis de lo que nos encontramos en la cuarta película del director turco Ferzan Özpetek, La ventana de enfrente (2003). En ella, Giovanna (Giovanna Mezzogiorno) y Filippo (Filippo Nigro) son un matrimonio con dos hijos y sin grandes recursos que tienen una vida carente de alicientes. Él es regularmente despedido de sus empleos, aunque recientemente ha sido contratado en una gasolinera, que le obliga a trabajar en turnos de noche a cambio de un bajo salario. A ella tampoco le gusta su trabajo, es contable en una granja industrial de pollos, pero parece haberse conformado con lo que tiene. Su vida rutinaria y anodina dará un vuelco cuando se cruzan por la calle con Davide (Massimo Girotti), un anciano que ha perdido la memoria y no sabe cómo se llama ni adónde ir. Incapaz de negarle la ayuda a quien lo necesita, Filippo convence a Giovanna para llevar a Davide a comisaría, aunque su altruismo y la dificultad de averiguar dónde vive el anciano, hará que éste pase unos días en casa de ellos.

La película se abre con una escena de juventud de Davide: él trabajando en una panadería en 1943 y repentinamente teniendo una pelea con su compañero, a quien acaba apuñalando. De ese pasado vamos sabiendo más a medida que avanza el film y la desorientación de Davide hace que crea que todavía vive en los años 40. Es la época en la que los nazis llegan a Italia, años de persecuciones, luchas, pérdidas personales y terror. Pero La ventana de enfrente no es una recreación histórica, sino una película que habla sobre el ser humano. Aunque Giovanna, en un principio, se muestra contraria a que el anciano se quede en casa, finalmente será ella quien más agradezca su compañía, porque, paradojas de la vida, ella, que se negaba a prestarle más ayuda de la necesaria, acaba recibiendo de él una ayuda impagable. Davide le hace de despertador, le avisa de que está desperdiciando su vida.

Dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y en este caso, Davide las ha visto de todos los colores, ha sufrido lo insufrible en la vida, y sabe de lo que habla. Varias décadas después, todavía no ha superado un episodio del pasado, una pérdida causada por el miedo a ser él mismo, por no haber actuado siguiendo el dictado de su corazón. Giovanna, como cualquier persona, tiene sueños, pero ha renunciado a ellos por comodidad o resignación. Es ese anciano desmemoriado quien, en un momento dado, le suelta dos frases brillantes: “no conviertas tu pasión solo en una afición, no maltrates así tu talento”, y “no te conformes con sobrevivir”. En Giovanna se obra una metamorfosis, lenta, en un principio imperceptible, pero decidida, y ese cambio lo estimula también su vecina y amiga, papel que interpreta la incombustible Serra Yilmaz, musa de Özpetek que ha aparecido en casi todas sus películas.

El título, La ventana de enfrente, hace referencia al vecino de Giovanna, un hombre enigmático con quien nunca ha tenido relación pero al que observa todas las noches. Quizá es la manera con la que ella sueña con una vida mejor, quizá solamente es pura curiosidad mientras se fuma un cigarrillo en la cocina, pero conocerlo le hace cuestionarse si se conforma con la vida que tiene en este lado de la ventana o vale la pena soñar con la que podría tener enfrente. Sea como sea, no es hasta que aparece Davide que Giovanna siente la necesidad de plantar cara a las insatisfacciones que la acompañan día a día.

Aunque las historias que Özpetek narra en sus películas y en sus libros sean diferentes, siempre hay una esencia que las mantiene unidas. Hay lugares comunes en su filmografía, pero quizá el más importante sea el toque de atención al espectador, que le recuerda que la vida no es para siempre, que solo hay una y que debemos vivirla como nosotros deseamos. Que es necesario soñar, pero más necesario es no dejar escapar esos sueños. A veces es el azar quien nos avisa, otras es un desconocido que se cruza por la calle y en algunas ocasiones es la muerte que se manifiesta cerca. Cada día hay una oportunidad de cambiar algo en nuestra vida y cada día nos acercamos o nos alejamos de ese futuro que soñamos para nosotros mismos. Siempre es bueno que alguien nos lo recuerde y el cine es una gran plataforma que nos anima a reflexionar al tiempo que nos seduce con la belleza de películas como La ventana de enfrente.

Manel Haro

 

@manelhc

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