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Margherita Buy y Stefano Accorsi comparten protagonismo

 

Después de debutar con Hamam: El baño turco en 1997 y rodar se segunda película, El último harén, en 1999, el director turco Ferzan Özpetek empezaba a encontrarse a sí mismo con su tercer film, El hada ignorante (2001). Si bien las dos primeras cintas mostraban más el mundo que había dejado en su Estambul natal con 18 años -su historia, cultura y tradiciones-, con la tercera, su cine daba un giro significativo. Özpetek ya no era un director desconocido, podía prescindir de lo exótico y pasar a historias más contemporáneas, retratos humanos y sociales actuales cuyas raíces, en realidad, ya estaban en Hamam: El baño turco.

Si analizamos toda la filmografía de Özpetek, la rareza sería El último harén, una película donde narraba los últimos días del Imperio Otomano y el consecuente cierre de los harenes, lo que produjo que las concubinas quedaran en libertad. Özpetek se centraba en cómo cambiaba la vida de la última favorita del sultán, cómo desaparecía el mundo de lujo y sensualidad de palacio y cómo debía enfrentarse a una nueva y desamparada vida en la Estambul de 1923. La única conexión, si debemos establecer alguna, entre El último harén y Hamam: El baño turco es Turquía: sus raíces y tradición. De hecho, la idea para la segunda película surgió mientras trabajaba en la primera. Argumentalmente, no obstante, son muy diferentes. En su debut, Özpetek ya trataba alguno de los temas que tendrían presencia más tarde en otras de sus películas, como la homosexualidad, la represión que uno se autoimpone, la dificultad de amar en libertad o el desengaño en la pareja. El protagonista de Hamam: El baño turco es Francesco, un italiano que vuela a Estambul para gestionar una herencia que ha recibido: un destartalado y abandonado baño turco. En lugar de liquidar rápido el asunto, Francesco descubre que en Estambul puede encontrar la felicidad que en Roma le es esquiva.

En El hada ignorante, Özpetek explota aún más esos temas que ya aparecían en Hamam: El baño turco pero sitúa su historia en Italia. Antonia (Margherita Buy) es una médica que parece tener una relación perfecta con su marido Massimo hasta que éste muere atropellado. Ella, consternada, descubre por casualidad una dedicatoria en la parte trasera de un cuadro que él tenía en su despacho. Se trata de una dedicatoria de amor que alguien bajo el nombre de «el hada ignorante» le ha mandado para celebrar los siete años de relación que mantenían en secreto. Antonia decide averiguar la dirección de quien ha enviado ese regalo para hacerle una visita y tratar de comprender esa otra vida de su marido. Las pesquisas le llevan a una casa donde viven diversas personas, una gran familia de amigos que cuidan los unos de los otros, entre los que se encuentra «el hada ignorante». Antonia no se espera lo que allí descubrirá sobre su esposo, pero lejos de caer derrotada, decide seguir visitando la casa y trabar una amistad con sus inquilinos y especialmente con quien él le era infiel.

A Massimo le ocurrió en esta película lo que a Francesco en Hamam: El baño turco, que viven una relación paralela, solo que si bien en esa primera película, la esposa del protagonista descubre a su marido en acción, en El hada ignorante Antonia lo hace una vez él ha muerto. Buena parte de la filmografía de Özpetek, también sus libros, están dedicados a retratar a las personas en un momento en el que se sienten algo perdidas ante la vida: desengaños amorosos, necesidad de superar una decepción, iniciar una reconstrucción existencial o, sencillamente, encontrar cuál es su lugar en el mundo. También en su primera novela, Rosso Istanbul, una chica tiene que empezar de nuevo tras descubrir que su marido le es infiel (esa historia es muy parecida a la de su primera película).

Con El hada ignorante, Özpetek intenta darnos un toque de atención, que será recurrente en sus posteriores películas: ¿Realmente estás viviendo la vida que deseas? ¿Eres consciente de que uno no vive eternamente y que el tiempo vuela? ¿Sabes que si no luchas por ser feliz en esta vida, no habrá una segunda oportunidad? La muerte aparece muchas veces en la obra literaria y cinematográfica de Özpetek, pero no tanto para recrearse en la tragedia, sino para mostrar cómo esto afecta a quienes tienen que superar la pérdida. Son todas ellas muertes inesperadas, jóvenes, golpes de efecto para que amigos y familiares se resguarden en el silencio y reflexionen sobre sí mismos. En otras ocasiones no hace falta la muerte para mostrar que lo que dejas escapar por cobardía quizá nunca puedas volver a recuperarlo.

En El hada ignorante, la fragilidad se cuela en la amplia galería de personajes y deja esa sensación de que aun estando juntos, muchas veces no pueden quitarse de encima el sentimiento de soledad y desarraigo. Aunque El hada ignorante es la tercera película de Özpetek, es con ella con la que realmente marca un punto de inflexión en su cine y da rienda suelta a esos temas que le interesan y que van a tener máxima presencia en posteriores películas, como No basta una vida o Tengo algo que deciros. Aunque El hada ignorante sea seguramente el film más querido por los seguidores de Özpetek, no me parece que sea lo mejor que ha hecho. De hecho, hay algunas insuficiencias técnicas imperdonables, como la escena en la que atropellan al marido de la protagonista, un monigote manipulado por ordenador que es golpeado como si fuera una pelota de pinball. Y, argumentalmente, la película no resulta tan interesante por lo que explica, sino por lo que sugiere. En este sentido, no hay que experimentar rechazo por la irracionalidad de los actos de algunos personajes, sino intentar llegar al trasfondo, a su significado. Si uno de ellos decide contagiarse de VIH porque quiere tenerlo todo de la persona que ama, no hay que limitarse a juzgar el acto como una auténtica locura (que lo es), sino entender hasta qué punto amar y la necesidad de ser amados puede llevar a las personas a anularse a sí mismas y a entrar en un peligroso bucle de autodestrucción. A fin de cuentas, en la vida a veces basta un paso equivocado para que se borre el resto del camino. Bienaventurados los que descubren a tiempo que cuando desaparece un camino, se abren otros a su alrededor.

 

Manel Haro

@manelhc

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