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Dentro de la filmografía del director turco Ferzan Özpetek, El último harén es para mí una rareza. No una rareza en sí misma, pero sí si la comparamos con el resto de sus películas. Después de que en 1997 debutara con Hamam: El baño turco, dos años después se lanzó al rodaje de El último harén. Si en aquella primera película, Özpetek nos llevaba a unos viejos baños turcos en los que un italiano encontraba sentido a su vida, en esta segunda el director nos habla más bien de lo contrario, cuando un personaje femenino no encuentra ese sentido existencial una vez cae el Imperio Otomano y se cierra el harén en el que ella era la favorita del sultán.

En ambas películas hay, sin embargo, cierto aire a nostalgia que hace que no estén tan alejadas entre ellas. En Hamam: El baño turco es la seducción de un pasado en el que Estambul tenía más carácter, era más auténtica, las calles vibraban, Occidente quedaba más lejos, los baños turcos tenían más presencia en la ciudad y formaban parte de la cotidianeidad de la vida estambulita. Francesco, el protagonista, se deja seducir por esa ciudad que no conoce pero que, de alguna manera, emana de las paredes del abandonado baño turco que ha recibido en herencia. En El último harén tenemos la nostalgia por la vida dentro de palacio. Aunque la protagonista, como el resto de sus compañeras, vive para obedecer los deseos del sultán y en muchos casos han llegado al harén después de haber sido vendidas por sus padres, dentro de los muros del palacio, la vida es relajante y llena de lujo y sensualidad. Hay en esa vida despreocupada grandes placeres como los baños turcos, los masajes o las historias legendarias que comparten las mujeres.

En El último harén, la historia está narrada en dos marcos temporales: el presente, en el que la protagonista es ya una anciana derrotada que relata su historia a una viajera anónima en una estación de tren; y el pasado, la recreación, a través de flashbacks, de esa vida en palacio. Al mismo tiempo, se entrecruzan dos relatos: el que hace la protagonista (en dos tiempos) y el que cuenta una de las mujeres del harén, una especie de Scheherezade que entretiene a sus compañeras con una historia que coincide con la que está contando la otra mujer en la estación de tren. Dicho de otro modo, en realidad tenemos un relato explicado en dos tiempos y por dos narradoras diferentes. Esta estructura narrativa es uno de los principales hándicaps de la película, básicamente porque más que enriquecer la historia, la hace más confusa. Özpetek, que además de director es uno de los guionistas, podría haberse conformado con el relato de la protagonista y mostrar de otra manera el exotismo de la vida dentro del harén y toda una tradición que moría con la caída del sultanato.

Precisamente, esa vida en el harén daba juego a Özpetek para mucho más. La protagonista, que recordemos es la favorita del sultán, mantiene un romance con un eunuco, pero ese romance no se nos muestra apasionado, sino más bien fortuito y puntual. Por otro lado, la relación de la mujer con el sultán es mínima, apenas coinciden un par de veces en la misma escena y solamente unos segundos. No hay grandes intrigas palaciegas ni de amoríos ni de traiciones, aunque si hay alguna venganza tratada de manera bastante ligera. Y eso que Özpetek nos habla de un momento histórico tan relevante para Turquía como el final del longevo Imperio Otomano. Vaya, que todo es bastante inocente y eso hace que el relato de la protagonista, cuando ya es una anciana, no tenga la fuerza que podría tener.

Otro de los aspectos que me ha dejado bastante frío es que la actriz que encarna a la anciana es Lucía Bosé. No veo en su expresión a esa bella mujer que sedujo al sultán años atrás. Veo a Lucía Bosé haciendo de Lucía Bosé. Sus apariciones no ayudan a añadir dramatismo al relato, sino que más bien me alejan como espectador. De hecho, Özpetek no consigue atraparme con este film: no me convence la recreación histórica, ni me creo demasiado los personajes y sus conflictos ni me llega el relato que propone. Sin embargo, sí me seduce la fotografía. Pero, claro, no es suficiente. Dos años después de El último harén, Özpetek se pondrá manos a la obra con El hada ignorante, cambiando de registro y de época, pero recuperando algunos de los temas de su primera película.

 

Manel Haro 

@manelhc

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