fascismo

 

Por mucho tiempo que pase y por mucho que se escriba sobre los regímenes fascistas que han asolado Europa durante el siglo XX, difícilmente podremos afirmar algún día que ya ha sido todo dicho (o escrito). Cierto es que cada vez quedan menos lagunas, pero no es menos verdad que cuanta más luz se arroja sobre períodos tan complejos como el franquismo o la Italia de Mussolini, más disparidad de opiniones surgen después. Más allá de la controversia que siempre hay entre los férreos opinadores de izquierdas y de derechas, está el constructivo (así debería ser) debate entre historiadores que investigan y comparten tesis para intentar llegar a un consenso sobre el pasado de Europa. No hay que negar que en el mundo de la investigación hay también encendidas pasiones (con todo lo que ello conlleva) y que la historia no es una ciencia exacta, pero aun así, investigar sigue siendo el camino más sensato para llegar a cierto quórum.

En este sentido, cada año se publican en España unos cuantos libros que explican algún episodio de la Guerra Civil o el franquismo como en Europa ocurre con la Segunda Guerra Mundial o el nazismo, fruto algunos de ellos de una profunda investigación y otros de una malsana necesidad de confundir (de todo hay). Una pregunta que podemos hacernos es si investigar estas cuestiones es una tarea arqueológica que sirve solamente para entender el pasado o si gracias a entender ese pasado, podemos comprender mejor también nuestro presente. La pregunta se hace más necesaria si echamos una mirada a los nuevos partidos de extrema derecha que están naciendo o creciendo en algunos países de Europa desde que empezó la crisis económica. ¿Se pueden establecer paralelismos entre el auge de estos grupos ahora, en algunos casos claramente xenófobos y neofascistas, con los giros ideológicos del pasado?

Para responder a esta y otras preguntas, podemos recurrir al volumen que ha publicado la editorial Tecnos titulado El fascismo clásico (1919-1945) y sus epígonos, una selección de artículos de destacadas eminencias en la materia como son los profesores Roger Griffin (Universidad de Oxford), Ismael Saz (Universidad de Valencia) o Sultana Wahnón (Universidad de Granada), entre otros, todos coordinados por el catedrático de Ciencia Política Joan Antón Mellón (Universidad de Barcelona). Este libro ofrece un estudio sobre la naturaleza del fascismo, su evolución, su relación con la cultura, las diferencias entre los diferentes tipos de fascismos que se dieron en Europa, sus vínculos con determinados regímenes políticos (por ejemplo, con el franquismo) y también una mirada a la nueva derecha europea y a los neofascistas que han ganado apoyo en algunos países.

En el primero de los artículos, El concepto de fascismo en la historia anglófona comparada, Aristotle Kallis (Universidad de Lancaster) recuerda que en los años veinte “se elogió al régimen italiano [fascista] por haber restablecido el orden de la sociedad y la política italianas, por ofrecer soluciones a los problemas económicos endémicos del país”, además de que era “una respuesta violenta a la decadencia del liberalismo europeo y de sus instituciones primordiales (el Parlamento, los partidos políticos, el mercado libre…)”. Algunos intelectuales como Oswald Spengler, Ernst Jung, Ernst Jünger o Filippo T. Marinetti vieron el fascismo con muy buenos ojos, como una salida a la decadencia que había seguido a la Primera Guerra Mundial. Algo parecido ocurría en Alemania con un Hitler que supo capitalizar el descontento de la sociedad (recordemos que antes que dictador, Hitler fue nombrado canciller), y con Franco en España, quien a pesar de que llegó al poder después de un golpe de estado y tres años de guerra, su alzamiento fue visto por muchos ciudadanos, intelectuales y políticos (algunos incluso catalanistas, como Francesc Cambó) como un mal menor (o una gran vía de escape) después de la experiencia republicana, como una manera de volver al orden y a la regeneración nacional. Como apunta Joan Anton Mellón en su artículo Nostalgia del futuro. La visión del mundo del fascismo clásico en sus textos, “la desesperación, en un marco de crisis de civilización (por incapacidad del modelo liberal decimonónico de dar respuesta a los nuevos problemas de las sociedades de masas) y de agudización de los conflictos sociales, creó un espacio político que los fascistas supieron aprovechar, manipulando dicha desesperación en las clases populares y clases medias”. Y el propio Hitler dijo: “fue de la desesperación de la nación alemana de donde nació el nacionalsocialismo”.

Dicho esto, uno de las cuestiones que se plantean en el libro es si podemos llamar fascismo a las dictaduras de Italia, Alemania y España o bien si era el mismo tipo de fascismo. Para el profesor Gilbert Allardyce, según recoge Kallis, “el dinamismo único del régimen de Hitler ya no podía ser analizado desde el mismo contexto intelectual y político que el fascismo italiano o cualquier otro fenómenos radical de entreguerras” y criticó “la creencia de que fascismo fuera un término apropiado para describir la serie de regímenes radicales de derecha que se dieron en la Europa de entreguerras”. Otros historiadores consideran que nada tiene que ver el nazismo con el fascismo puesto que el primero tiene como una de sus características principales el racismo en su sentido más extremo, la persecución de los judíos y el ataque contra razas que consideraban inferiores. En este sentido, cabe destacar también, como apunta Mellón, “los planteamientos integrales racistas-biologistas” de los alemanes. Es decir, si bien el fascismo italiano y el nazismo alemán compartían una visión socialdarwinista con la que, regidos por las leyes de la naturaleza, debía sobrevivir el más fuerte, los nazis veían además que la supremacía de la raza aria se apoyaba en cuestiones biológicas, de selección natural.

Mellón considera el nazismo la versión más radical del fascismo clásico, pero recuerda otras diferencias entre el nazismo y otras versiones de fascismo, como por ejemplo el rechazo de Hitler a la institución eclesiástica y al cristianismo: “a fin de hacer la muerte más aceptable para las personas, la Iglesia tiene el cebo de un mundo mejor. En cuanto a nosotros, nos limitaremos a pedir al hombre que forje enteramente su vida. Para ello basta con que se ajuste a las leyes de la naturaleza. Si nos inspiramos en estos principios, a largo plazo triunfaremos sobre la religión” (Hitler). Los fascistas italianos, sin embargo, prefirieron convivir pacíficamente con la Iglesia aunque tuvieran algunas ideas revolucionarias al respecto. Otro caso es el franquismo, que no solo respetó la Iglesia, sino que impuso la religión como uno de los pilares fundamentales de la regenerada España.

Las tres formas de fascismo sí compartían una visión imperialista, además de una necesidad de purificación o regeneración de la nueva sociedad en diferentes aspectos sociales y culturales. Es por ello, que, como expone Mellón, fue “la preocupación artística, intelectual, científica y física para frenar la creciente decadencia y crisis de Occidente, lo que fomentó el surgimiento de la eugenesia, con creciente participación del Estado en las esferas de la salud social y la higiene racial”. Y añade que “las élites científicas y políticas se comprometieron en nombre de la sociedad a mejorar el nivel de la raza y adoptar medidas preventivas contra los individuos o grupos raciales disgénicos”. Basta recurrir a las hemerotecas y quitarle el polvo a la prensa de aquella época para ver cómo en las páginas de muchas publicaciones se incluían consejos o recetas culturales, estéticos, además de una preocupación por el ejercicio y el aspecto físico. Por no hablar, claro está, de que también se incluían las directrices sobre cuál era el papel del hombre y el de la mujer en la nueva sociedad.

Este volumen cuenta con otros artículos que tratan otros aspectos del fascismo, como su relación con el modernismo y la modernidad, la manera como se creó una nueva cultura acorde con los valores de los nuevos regímenes, el proceso de entrada del fascismo en España gracias a nombres como el de Ernesto Giménez Caballero, la relación de los intelectuales con el Estado y, en definitiva, todo aquello que conformó el fascismo clásico (en el período que va desde 1919 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial)  y sus distintas realizaciones. Finalmente, el libro lleva al lector a esos epígonos que son la nueva extrema derecha europea, explicando cuáles son sus señas de identidad y cómo proceden en el siglo XXI para ganarse la confianza de votantes y simpatizantes. Una de las claves la apunta Aitor Hernández-Carr cuando menciona que las nuevas formaciones radicales buscan una legitimidad ante el electorado que las distinga de otras versiones violentas y antidemocráticas de la extrema derecha para que sean consideradas como algo diferente del fascismo y sus representantes políticos. Hernández-Carr cita a Jens Rydgren, quien sostiene que estos nuevos partidos de ideas radicales han conseguido que su discurso contra la inmigración, por citar un ejemplo, llegue al electorado “como algo aceptable y relativamente inofensivo, distinguiéndose así claramente de las formaciones abiertamente racistas y antidemocráticas”.

Bajo mi punto de vista hay dos tipos de libros de historia. Uno es el que te cuenta un relato (interesado o no) sobre unos hechos acontecidos en el pasado para que el lector se informe y, en mayor o menor medida, lo acepte sin hacerse demasiadas preguntas. Otra tipología de libro es el que no solo relata los hechos, sino que además tiende un diálogo al lector para que sea él mismo quien reflexione sobre la historia. Estos libros son muchas veces puertas abiertas, invitaciones a seguir indagando, a subrayar bibliografía. Son volúmenes que pretenden también mantener vivo el debate y la memoria histórica. Este es el caso de El fascismo clásico (1919-1945) y sus epígonos, gracias, sobre todo, a que agrupa trabajos de diferentes especialistas, aunque también es cierto que personalmente me hubiese gustado leer algún artículo de otros autores, como Ferran Gallego, por citar un ejemplo. Pero puesto que el libro no pretende ser la biblia sobre el fascismo (sino una invitación a pensar sobre él), sí es una buena manera de acercarse a la complejidad de su naturaleza, ramificaciones y evolución hasta nuestros días.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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El fascismo clásico (1919-1945) y sus epígonos / Joan Antón Mellón (ed.) / Editorial Tecnos / 1ª edición, 2012 / 297 páginas / ISBN 9788430951970

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