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La primera incursión de Jean-Paul Didierlaurent en el género de la novela brinda al lector un relato original y con personalidad propia, una historia fuera de lo común creada por personajes, a primera vista, corrientes, pero excéntricos e increíbles.

El lector del tren de las 6.27 (Seix Barral en castellano y Columna en catalán) tiene como protagonista a Guibrando Viñol, un joven ya marcado desde su nacimiento por un nombre particular, objetivo de toda clase de burlas y confusiones. Se trata de un hombre gris, plano, atrapado en una vida rutinaria que le lleva de su apartamento a la fábrica para lidiar con La Cosa, una máquina que destruye libros para reciclarlos. Compartiendo su vida con un pez y atormentado por ese trabajo, su rayo de luz y alivio lo representan las páginas que salva de las fauces de La Cosa para leerlas cada mañana en su trayecto en el tren de las 6.27. Pero dentro de esa rutina, incluso, hay espacio para el cambio y para alcanzar la felicidad. Hechos causales como el encontrarse un pendrive extraviado por algún viajero en el tren o el aceptar la propuesta de dos ancianas comenzarán a colorear la vida de Guibrando Viñol.

Junto a él circulan personajes igualmente peculiares y tocados de ese color gris: un vigilante que solo habla usando versos alejandrinos, Giuseppe, quien desde que La Cosa le arrebató sus piernas no ha cesado de buscarlas, o Julie, encerrada en su tenue vida entre 14.717 azulejos. Aquí podríamos incluir también la máquina de despedazar libros que tanto horroriza al protagonista y a la que el escritor describe de forma tan precisa que consigue dotarla de vida propia.

El escenario acompaña a la perfección la historia y los protagonistas. Personajes que se pierden entre la multitud, que pasan desapercibidos en la masa de población de una gran ciudad como París. Paisajes urbanos: centros comerciales, trenes, fábricas… contribuyen a incrementar ese falso gris que tiñe a los protagonistas. Con ellos Didierlaurent elabora una historia sencilla, sin artificios ni pretensiones. Un texto que versa sobre la vida diaria, sobre la rutina y la normalidad y, sobre todo, sobre cómo estas también esconden cambios de sentido y giros para abrir la puerta a la esperanza y la felicidad. El autor nos cuenta el sentido más puro y pleno de la amistad –reflejado por ejemplo en la forma en que Guibrando se implica en la particular misión de Giuseppe-, así como del amor.

La historia está narrada en tercera persona, pero Didierlaurent incluye partes de otros relatos, ya sea de la mano de las lecturas rescatadas de Guibrando o del relato en primera persona de uno de los personajes, haciendo la lectura más dinámica y entretenida. El lector del tren de las 6.27 está tejido de esta manera con diferentes pequeñas historias que se hilvanan sin dejar hilo suelto para dar forma a la novela.

Con su primera obra, el autor francés demuestra su buen hacer con una narración llana, sencilla, directa y sin adornos. Una forma de escribir que se adapta a la historia y a lo que transmite: lo cotidiano. Todos estos elementos hacen de El lector del tren de las 6.27 una novela vestida de sencillez que encierra una historia extraordinaria.

 

Laura Baeza

@Lau_BaezaA

 

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El lector del tren de las 6.27 / Jean-Paul Didierlaurent / Editorial Seix Barral / 1ª edición, 2015 / Traducción de Adolfo García Ortega / 200 páginas / ISBN 9788432224645

El lector del tren de les 6.27 / Jean-Paul Didierlaurent / Editorial Columna / 1ª edición, 2015 / Traducción de Mercè Ubach / 136 páginas / ISBN 9788466419475

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