lorchenkov_portada_v1

 

Larga es un municipio al norte de Moldavia. Para llegar a Italia desde allí hay que ir primero a Chisináu, seguir la ruta aérea a Bucarest, proseguir hasta Budapest, atravesar Eslovenia y entonces el destino queda a tiro de piedra. Si se viaja en tractor volador con diseño de biplano. La idea es de unos moldavos. Todo el mundo que aparece en la escena de Para llegar al otro lado de Vladímir Lórchenkov (Ediciones Nevsky) parece empeñado en abandonar Moldavia e instalarse en la fértil y próspera Italia, esa tierra prometida en la que los presidentes pueden ser pizzeros, siempre luce el Sol y todos son felices y ganan mucho dinero. Tan idílica se presenta la tierra de Da Vinci, que muchos en Larga aseveran que no existe. Debe de ser la influencia atea de los países excomunistas, y por eso a muchos moldavos de esta obra les cuesta creer en el paraíso. Aunque la definición sea bien simple: Italia es el paraíso.

Los cónsules niegan el visado a cualquier ciudadano moldavo que quiera entrar en la península Itálica por la vía legal, aunque esté citado con el mismísimo Berlusconi o le esperen en una competición deportiva. No obstante, las prohibiciones agudizan el ingenio, y el pueblo de Larga no está falto de ideas: algunos confían en los traficantes de personas (poco efectivos en este caso, pues solamente ofrecen un tour clandestino en autocar por la Moldavia profunda, a 4000€ en condiciones francamente insalubres). Tras el intento fallido de volar en un avión de construcción casera, los camaradas Vasili Lungu y Serafim Botezatu lo intentan con un submarino a pedales, hecho con los restos de un viejo tractor. Nikita Tkach crea un equipo de curling para ir a competir a Italia, aunque al final, la cosa acaba en Noruega. El padre Paisii tira de la fe más acérrima e instiga no una sino dos Cruzadas. Lo han leído bien: un peregrinaje insólito, cargado de fe y de ganas, que tendrá consecuencias dramáticas y momentos de épica a las puertas de la frontera de la Unión Europea.

Demostrando que Moldavia está más cerca del mar Negro que del Adriático, Lórchenkov firma una sátira al más puro estilo eslavo: bruta y con cierta truculencia (las mujeres se ahorcan y los abuelos se quieren trasplantar ellos mismos un riñón); con un elenco de personajes bien variado, con un giro inesperado cada dos por tres, cuando ya crees que el escritor está a punto de decir basta y dejarnos respirar. Por supuesto, tampoco falta la oda a la naturaleza de fondo, y de repente, el Dniéster y el campo se asoman para saludar. O el pasado comunista y las viejas instituciones que aunque descompuestas siguen bien anquilosadas en las costumbres de la gente sencilla. Sencilla en el estilo de vida, se entiende. Pues la imaginación moldava no tiene límites, como se ve en cada página de esta historia.

Hay ciertas ocurrencias que solamente pueden originarse en el Este. Ese Este mordaz que te hace reír a carcajada limpia y, de vez en cuando, exclamar: «¡Pero qué barbaridad!». Es el bagaje, la imaginería colectiva de los eslavos, que esencialmente es disparatada, sin remilgos éticos, aunque de forma implacable, con todas las comas en su sitio, y más enrevesada o menos, la narrativa desprende esa fragancia de tener oficio y clase casi concedida de forma divina. Leyendo Para llegar al otro lado no he podido evitar acordarme de aquel valiente soldado que guarda con celo parte de un avión estrellado en una aldea remota, el querido Iván en Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin de Vladímir Voinóvich. Sin duda ya venía predispuesta para disfrutar de la obra de Lórchenkov, porque soy muy reincidente. Pero para los neófitos en la literatura eslava, que no se preocupen si el primer contacto produce asombro y cierta incomprensión. Aquí lo raro, lo extraño, es lo habitual. Vilipendiar al personaje a la primera de cambio también. Y luego abrazarse. O llorar de pura emoción ante un recuerdo hermoso.

No obstante, degusten poco a poco estas escasas doscientas páginas en nuestra lengua, esta povesti fantástica como por allí llaman a las novelas cortas. Dejen que este joven escritor moldavo plante una semilla en sus corazones. Quizá Italia no existe. Y por eso Serafim Botezatu y sus camaradas son incapaces de alcanzarla. El paraíso es una invención. Pero este trozo de Moldavia en todo su esplendor es un manjar de dioses.

 

Jennifer Camacho

@garymused

 

__________

Para llegar al otro lado / Vladímir Lórchenkov / Ediciones Nevsky / 1ª edición, 2015 / Traducción de Enrique Moya Carrión / 185 páginas / ISBN 9788494354625

Anuncios