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Maeve Brennan (1917-1993) fue una escritora de origen irlandés que vivió en los Estados Unidos a partir de 1934. Su padre, nacionalista irlandés, fue nombrado embajador después de la independencia del país y de haber sufrido persecuciones por sus ideas y su activismo político. En uno de los cuentos de este libro se relata una de esas situaciones familiares, con la irrupción de la policía en el hogar, haciendo algunos registros bastante brutales y buscando al padre de la escritora. Maeve Brennan no regresó a Irlanda y no es extraño, ya que fue un espíritu libre y las costumbres morales o el peso excesivo del catolicismo en su país de origen no debían atraerla.

Este libro tiene tres partes diferenciadas, los cuatro primeros relatos son claramente autobiográficos, incluso la escritora utiliza su propio nombre en ellos. A pesar del peso de la religión católica, presente sobre todo en El diablo que nos habita, donde se evoca una situación de injusticia y humillación en una escuela religiosa, dirigida por esas temibles monjas irlandesas católicas, la autora parece distanciarse de lo que cuenta e incluso tienen esas narraciones una cierta luz ligada a la infancia y a sus vivencias.

Los otros relatos se agrupan en torno a dos familias, los Derdon y los Bagot, a las cuales seguimos de forma irregular a lo largo de sus vidas. Unas vidas sin alegría, marcadas por la monotonía, la desesperanza y la incomunicación. Sin que suceda nada especialmente trágico estas narraciones, maravillosamente escritas, nos llenan de inquietud y desasosiego ya que esos personajes grises no son buenos ni para ellos mismos y la alegría de vivir sólo la han llegado a percibir de forma fugaz e incompleta.

Hay muchas cosas que se intuyen aunque no se nos cuentan. Incluso percibimos que tampoco los niños o los jóvenes, hijos de esos matrimonios sin salida resignados a sobrevivir guardando unas apariencias, tendrán suficientes recursos para intentar conseguir un cierto nivel de felicidad. Las narraciones reflejan una época concreta y una ciudad, Dublín, en unos años en los cuales había pocas perspectivas de promoción social, todavía menos para las mujeres, amas de casa dependientes económicamente de unos maridos que también parecen atrapados de forma irreversible en unas familias convencionales de las cuales no pueden escapar.

Los cuentos dublineses de Brennan pueden recordarnos otras situaciones, más próximas y otros autores y autoras de su tiempo. Hay una cierta universalidad e intemporalidad en esos estudios psicológicos profundos que la autora nos ofrece, detallistas y sin concesiones. Maeve Brennan tuvo una vida complicada, sentimentalmente desdichada y aunque empezase su trabajo de escritora y periodista con buenas perspectivas, admirada y bien acogida por el mundo intelectual de Nueva York, quizás a causa de su propio proceso vital cayó en el olvido. En los últimos años se está recuperando y reivindicando su obra, alabada por escritoras como Alice Munro.

En nuestro país la reivindicación de Brennan nos llegó sobre todo a través de las magníficas traducciones de Isabel Núñez, escritora y muchas cosas más, desaparecida de forma prematura en 2012. Por suerte para los lectores, en esa nube virtual en la cual nos movemos todavía podemos leer los muchos artículos y comentarios que Núñez dedicó en su blog literario y personal a Brennan. No fue rápido ni fácil que se publicasen los libros de la escritora y Núñez tuvo mucho que ver en ello, pero ha sido una suerte que podamos conocer los Cuentos dublineses a través de uno de esos grandes libros de Alfabia, que nos reconcilian con la literatura profunda y de calidad.

Aunque Maeve Brennan nos evoque a muchos autores y aunque estas historias  nos hablen de mediocridades y de vida cotidiana sin perspectiva, se percibe en su contenido la magia que singulariza a los buenos escritores incluso sin que nadie nos haya hablado antes de ellos. Las grandes historias literarias a menudo repiten escenarios porque el alma humana, la vida familiar y los condicionantes sociales ligados a la religión, la familia, las costumbres o la política son universales y reside en cada escritor saber encontrar la manera de renovar ese espejo extraño que es la buena  literatura.

Es interesante que se preste de nuevo atención a la narración breve, un género que no siempre ha merecido el apreció de lectores o críticos y que, en mi opinión, la concesión del Nobel a Alice Munro ha contribuido a recuperar con cierta fuerza. En otros tiempos las publicaciones periódicas, incluso las frívolas, ofrecían narraciones breves en sus páginas y muchos escritores empezaron a publicar en ellas, quizás sería el momento de pensar en la posibilidad de contar de nuevo con ese medio de difusión literaria.

 

Julia Costa

@liujatasco

 

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Las fuentes del afecto: Cuentos dublineses / Maeve Brennan / Editorial Alfabia / 1ª edición, 2012 / Traducción de Isabel Núñez / 438 páginas / ISBN 9788494007736

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