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El escritor se lleva el premio Pata Negra por ‘Un millón de gotas’ y reivindica el antihéroe

 

Víctor del Árbol es un rara avis en el mundo de la literatura hispánica. De familia humilde, este hombre que fue Mosso de Esquadra, siempre había soñado con ser escritor, y su sueño le ha llegado a través de la novela negra y de Francia, a pesar de que él se esté desgañitando diciendo que no es un escritor de novela negra y que reivindique constantemente que lo que existe es la literatura negra, el paraguas bajo el que sitúa su obra.

Después del éxito arrollador de La tristeza del samurái, que obtuvo el premio a la mejor novela negra publicada en Europa, y de Respirar por la herida, ahora ha cosechado un premio que se puede comer, un estupendo jamón de pata negra proporcionado por la empresa Julián Martín, y de más de siete quilos de peso, ganado con Un millón de gotas. El premio se otorga en el marco del Congreso de Cine y Novela Negra y constituye un premio de la crítica y a obra publicada, y además del jamón comporta que el ganador comparta sus conocimientos en una conferencia con los congresistas.

Y fue en ese marco en el que Víctor del Árbol reivindicó tres conceptos claves que forman parte del argumentario que en los últimos tiempos ha jalonado sus intervenciones públicas: ambición, antihéroe y literatura negra. “La ambición debería ser lo que mueve la literatura, la máxima aspiración de un escritor, que no tiene que competir con nadie más que consigo mismo”, aseguró el escritor, que afirmó que “el lector tiene el derecho a leer obras consistentes, la literatura es arte y en nuestro caso el arte lo hacemos con la palabra que va más allá del entretenimiento, tiene que ser una herramienta combinable con la honestidad para conducirnos a la exploración de la condición humana que debería ser la literatura”. Del Árbol explicó que era un poco ridículo tener que reivindicar que las obras estén bien escritas, “pero no nos queda más remedio. Por suerte la cosecha del último año en la novela negra española ha sido excelente”.

El autor de Un millón de gotas también reivindicó la importancia del antihéroe como personaje principal de sus obras  y cargó las tintas contra la falsa ideología americana para acabar reivindicando a esos personajes con los que todos acabamos empatizando, que van mucho más allá porque nos acercan al mundo real. “Lo más jodido es que si no existe Dios no hay nadie a quién cargarle las culpas más que a uno mismo, por eso empatizamos con ellos y por eso en mis novelas el héroe no es el protagonista porque nadie puede llegar a ser esa perfección”

Y por último  el concepto de literatura negra que esbozó asegurando que “el mal y el bien existe y todos nosotros sabemos lo que está bien y lo que no está bien, porque de lo contrario caeríamos en el nihilismo. Yo creo que los autores de novela negra son muy moralistas y hacen una búsqueda de la justicia que esté entre el bien y el mal”.

Como no podía ser de otra manera, la conversación fluyó por múltiples derroteros e influencias literarias, nombres que salieron y se pusieron sobre la mesa, desde los Apuntes del subsuelo de Dostoyevsky hasta la obra de Jim Thompson, pasando por El Quijote o La conjura de los necios. Al final, ganas de mucho más. Por suerte nos quedan los libros.

 

Sebastià Bennasar

@sbennassar

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