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La historia del cine está llena de sorpresas. Desde luego todo está documentado, referenciado y estudiado, pero quienes somos todavía un poco o bastante ignorantes en el pasado del séptimo arte tenemos la suerte de, de vez en cuando, encontrar películas de las que nunca habíamos oído hablar a pesar de contar con nombres de primera línea entre el reparto. No hace demasiado, en una tienda de DVD’s en oferta, di con Los ojos misteriosos de Londres, rodada en 1940, dirigida por Walter Summers y protagonizada por Bela Lugosi.

A grandes rasgos, todo el mundo sabe quién es o ha oído hablar alguna vez de Lugosi (1882-1956), el actor de tantas películas de terror y misterio. Nacido en la región de Transilvania (en la actual Rumanía) y exiliado a Estados Unidos por motivos políticos, su primer papel como actor fue precisamente el de Drácula (personaje que proviene de la misma región) en los teatros de Broadway. También en el cine hizo de él, en 1931, y es conocida su rivalidad profesional con el también actor de cine de terror Boris Karloff (1887-1969), cuyo papel más conocido es el de Frankenstein (1931), un trabajo que previamente había rechazado Lugosi. Ambos eran iconos del género en los años 30, pero su fama no le ayudó a combatir su adicción a la morfina ni impidió que acabara su carrera en franca decadencia llegando a participar en películas del catastrófico director Ed Wood (1924-1978), de quien Tim Burton hizo un biopic en 1994 (en ella, Martin Landau interpretaba a Lugosi, papel que le valió un Oscar).

En Los ojos misteriosos de Londres (1940), Lugosi encarna al doctor Orloff, un corredor de seguros aparentemente comprometido con la sociedad y los más desfavorecidos. Tal es así, que invierte parte de sus beneficios en un asilo para ciegos, pero en realidad es la tapadera de una organización criminal que encabeza él mismo y que se dedica a asesinar a personas que previamente han buscado su ayuda con pequeños préstamos o pólizas de seguro. Sus crímenes pasan como simples accidentes hasta que el inspector Larry Holt (Hugo Williams) y la hija de uno de las víctimas, Diana Stuart (Greta Gynt), deciden colaborar para desenmascarar a Orloff.

Los ojos misteriosos de Londres, basada en la novela de Edgar Wallace, es una película bastante sencilla, tanto argumental como técnicamente, pero es una buena muestra para reencontrarse con ciertos aspectos del cine de terror de los años 30 y 40. Primero, sirve para entender el éxito de Lugosi: aunque este no es su mejor papel, esa cara de malo realmente impone respeto. Por otro lado, podemos ver cómo era el cine de terror antes de los efectos especiales, la sangre a borbotones y los malos guiones de películas sobre universitarios americanos que van a pasar el fin de semana a una casa en el bosque. Basta un tipo con cara de asesino ahogando a un hombre inocente en una bañera (a veces es suficiente incluso con una sombra). Quizá no aterra, pero inquietar, inquieta mucho.

En términos generales, la falta de medios técnicos siempre obliga a que la trama sea más consistente y que las interpretaciones sean pieza clave. Hay que reconocer que la historia es algo ingenua y el inspector no tendrá que devanarse mucho los sesos para saber que dos más dos son cuatro, pero el papel de Lugosi lo es todo. Hay que añadir que el blanco y negro, los ropajes adustos y los espacios con aire anticuado también ayudan a crear ese ambiente inquietante. Vaya, que el cine de terror en blanco y negro seduce por varias razones. En definitiva, todas estas divagaciones para animar a descubrir a Bela Lugosi y para que cuando veáis una tienda de viejas películas a uno o dos euros, no dudéis en comprar a ciegas: es un placer tan barato como excitante, y a veces uno se lleva gratas sorpresas.

 

Manel Haro

@manelhc

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