David Nicholls se ha especializado en diseccionar relaciones, en  profundizar en la vida amorosa de sus personajes a base de romanticismo y diálogos inolvidables. Su novela Siempre el mismo día (Maeva en castellano y Columna en catalán) se convirtió en best seller mundial y su adaptación cinematográfica con Anne Hathaway y Jim Sturgess como protagonistas, hizo suspirar a millones de espectadores. Pero el autor reconoce que se ha hecho mayor y que ahora le apetecía hablar de lo que ocurre cuando hace 20 años que vives con el amor de tu vida y tienes que lidiar con los problemas típicos de cualquier matrimonio.

En Nosotros (Planeta en castellano y Empúries en catalán) Douglas propone a su mujer Connie y a su hijo Albie un viaje por Europa antes de que éste se marche de casa para estudiar en la universidad. Lo que no tenía previsto es que ella aceptara avisándole de que cuando vuelvan, se marchará de casa porque cree que ya no tienen nada en común. Su Gran Tour será la última oportunidad que tenga para conocer mejor a su hijo e intentar salvar su matrimonio.

 

David Nicholls sigue explorando las encrucijadas de las relaciones humanas / Foto: Patricia Tena
David Nicholls sigue explorando las encrucijadas de las relaciones humanas / Foto: Patricia Tena

 

“La vida no es constantemente una primera cita”

 

Patricia Tena. Barcelona

Podríamos decir que Nosotros empieza donde las novelas de amor románticas terminan. ¿Por qué decidió cambiar de registro tras el éxito mundial de Siempre el mismo día?

Me gustaría decir que fue un momento de inspiración que uno tiene, pero la verdad es que las ideas se toman su tiempo y sus influencias. Durante la promoción de Siempre el mismo día viajé a muchos lugares y pasé mucho tiempo en los hoteles y en los bufetes del almuerzo. Estar fuera de casa  y viajar de esta manera es agotador. Por eso quería hablar de los viajes y también del amor, pero tenía claro que no quería escribir otra historia de “chico conoce a chica”, sino de la familia. Cuando empecé Siempre el mismo día éramos dos en casa y ahora ya somos cuatro. Quería explicar qué le pasa a una relación con el paso del tiempo; qué ocurre después de que superen los obstáculos y consigan estar juntos.

¿Cree que la fórmula “chico conoce a chica” está algo  agotada y  por eso cada vez se escribe más sobre lo verdaderamente importante de una relación que es “y qué pasa después”?

Sin duda hay algo de eso. Pero también creo que es porque los escritores nos estamos haciendo mayores.  Me encantan las historias de amor, pero me parecía loco evitar el tema del compromiso y de la familia. Me he hecho mayor y me parecía raro seguir hablando de jóvenes que tienen citas en los bares. Me interesaba saber qué pasa después del beso final de la comedia romántica. Porque después de eso viene lo complicado, lo difícil, aunque  no necesariamente deprimente; hay altos y bajos para todo. Creo que mi generación  exprimimos la juventud durante mucho tiempo… mi padre fue padre a los 23 años y yo tuve mi primer hijo con 39. Por eso me sentía prácticamente obligado a escribir sobre qué pasa cuando te haces mayor y tienes ciertas obligaciones.

Y un reto diario es mantener cierta magia o chispa cuando llevas 20 años conviviendo con alguien. “Cuando las biografías están tan íntimamente ligadas, cuesta mantener la curiosidad”, dice usted en el libro.

Eso es terriblemente real. Al principio de una relación tienes mucha información que intercambiar: ¿cuál es tu canción favorita?, ¿cómo son tus hermanos?, ¿cuáles son tus ambiciones? Dar a conocer al otro esa información es súper excitante, pero eso no dura para siempre. Yo a mi pareja no le hablo de mi infancia porque ya se la conoce de principio a fin. Eso puede resultar complicado y aburrido pero es que la vida no es  constantemente una primera cita. A mí no me parece algo negativo, no creo que sea un largo camino hacia la tumba, pero sí es cierto que da cierta pena no seguir entrevistándote con tu pareja cada día.

De hecho, después de tantos años juntos, Connie teme que el único vínculo que le une a su marido sea su hijo Albie. Por eso cuando él se marcha a estudiar fuera, ella decide romper la relación con Douglas.

Él cree que van a envejecer juntos, que les quedan 40 o 50 años más el uno con el otro. Él la adora, ella creo que también pero le da miedo esa idea de futuro. Piensa que la percepción de la edad ha cambiado, antes con 50 años ya eras una persona mayor, ahora no. Ella se ve capacitada para enamorarse por segunda vez y empezar una nueva vida. Esto ocurre muchas veces y hay que saber que no necesariamente la segunda persona de la que te enamoras es mejor que la primera, sino que te atrae esa idea de novedad. El amor es como una balanza en la que las cosas fluctúan y las personas  no siempre están en el mismo momento. De  hecho, raramente lo están.

Precisamente recuerdo una miniserie que escribió para la BBC, The 7.39, en la que un hombre y una mujer inician una aventura extramatrimonial tras conocerse en un tren. El primer capítulo hablaba del hechizo y la vitalidad que provoca conocer a alguien nuevo, en el segundo, en cambio, demostraba las consecuencias que tiene tomar esa decisión.

Me hace mucha ilusión que me hables de la serie porque me encantó escribirla. Es muy especial para mí. La escribí antes que Nosotros y por eso decidí que Douglas no fuera como el personaje masculino de la serie (David Morrissey, el Gobernador de la serie The walking dead) sino un hombre que ama y adora a su mujer. Casi podríamos decir que la idolatra demasiado y ese es su problema.  En la serie, en el segundo capítulo que mencionas quedaba en evidencia que una vez ha pasado el morbo de lo nuevo y lo prohibido, los personajes no sabían muy bien qué hacer ni cómo continuar su relación.  Me gustó mucho escribir The 7.39, pero no quiero que nadie piense que estaba teniendo una especie de crisis de la mediana edad con un montón de affaires y cosas raras. Nada más lejos de la realidad.

Douglas organiza el Gran Tour con su familia por distintas ciudades europeas. Connie lo percibe como las últimas vacaciones juntos, pero él tiene la esperanza que el viaje los una de nuevo.

Al estar de viaje buscamos nuevas emociones, nuevos paisajes, nuevos monumentos, nuevos puntos de encuentro, nuevas conversaciones… esa frescura nos hace pensar que son la respuesta. En esos momentos Madrid, Barcelona o París parecen ser lo que necesitábamos. Él cree que al cambiar de escenario podrán ver las cosas distintas, pero los problemas siguen estando ahí. Viajar también es duro y para estos personajes, aunque un tour por Europa parezca un ideal, el viaje no lo será en absoluto.

Además el viaje está repleto de aventuras y desgracias. ¡Pobre Douglas!

En ese sentido yo soy un poco como Douglas, la manía por controlarlo todo hace que acabe exhausto. Cuando vuelvo de las vacaciones estoy mucho más agotado que antes de que me fuera. Soy un poco obsesivo, lo reconozco. Ahora, por ejemplo, me  voy unos días con mi familia a Lisboa y ya estoy pensado si lloverá, si no encontraré un buen restaurante donde comer, si perderé el pasaporte…

Quizá el que sale más beneficiado del viaje sea Albie, que, aunque suene a tópico, le sirve para encontrarse a sí mismo.

Sí, pero yo creo que también para Douglas, quien acaba siendo mucho más abierto, expresivo y emocional de lo que era al principio. Todo eso lo consigue al estar fuera de su zona de confort. Era necesario.

Ya ha escritor sobre el amor juvenil en Siempre el mismo día,  ahora sobre qué pasa después en Nosotros y también sobre la infidelidad en la serie The 7.39. ¿Qué aspecto de una relación amorosa cree que le falta por tratar?

Es una muy buena pregunta pero no tengo ni idea. Probablemente volveré a recurrir a la infancia o a un primer amor. Odiaría pensar que la temática  del amor juvenil está completamente cerrada para mí, quizá sea una comedia romántica divertida y agradable. Lo que sí sé seguro es que no será un libro sobre el amor en el asilo, por mucho que yo siga haciéndome mayor.

 

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