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En CaixaForum Barcelona se ha podido ver el preestreno de Camino a la escuela, un documental del director francés Pascal Plisson, que viene arropado por diferentes instituciones y  patrocinado por UNESCO. La película llega con una buena promoción y próximamente se estrenará en las salas convencionales de cine. Muestra el largo camino que realizan para llegar a sus escuelas diversos niños de países diferentes, todos ellos de eso que consideramos el mundo menos favorecido, pobre o en vías de desarrollo.

Zahira, de doce años, una niña de las montañas del Atlas, realiza cada lunes una caminata de más de veinte quilómetros, en compañía de dos amigas suyas, por montañas pedregosas con importantes desniveles. Jackson, en Kenia, de once años, camina durante más de quince, cada día, con su hermana pequeña, por territorios secos, agotadores e irregulares y con una imprescindible botella de plástico llena de agua, que ha recogido personalmente al amanecer en el subsuelo cercano a su vivienda. Caminan, casi corren, con el peligro, entre otros,  de verse sorprendidos y atacados por manadas de elefantes.

Samuel, de trece años,  tiene un camino menos largo, unos cinco quilómetros, pero no puede andar y es llevado en una rudimentaria e improvisada silla de ruedas por sus dos hermanos más pequeños. Impresiona y conmueve el cariño con el cual le tratan su madre, sus hermanos y los compañeros de la escuela. Carlos, argentino, de once años, se desplaza a diario a caballo, durante dieciocho quilómetros con su hermana pequeña a la grupa. Carlos ha participado en la promoción del documental y ayer asistió a su proyección, así como también el director, Pascal Plisson.

Son cuatro ejemplos pero podríamos encontrar muchos. La editorial Alrevés ha publicado un libro coincidiendo con el estreno de la película en el cual se recogen estos cuatro casos y tres más (titulado del mismo modo). También se podrá visitar próximamente una exposición que ha pasado por distintas capitales del mundo, actualmente en la Fundación Canal de Madrid sobre el mismo tema con un total de 134 fotografías de diferentes autorías sobre las dificultades físicas para llegar al centro escolar en distintos lugares del mundo y no sólo en los más pobres sino también en países como Francia, Estados Unidos o Japón.

 

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La editorial Alrevés publica el libro que reúne las historias del documental.

 

Los documentales suelen tener poca suerte con su distribución pero es de esperar que en este caso no sea así. Los cuatro casos que recoge esta interesante película coinciden en la valoración que de la escuela y de la educación hacen sus protagonistas y sus familias, en el sentido que al estudiar mejorarán su futuro y que los esfuerzos son necesarios para conseguir el éxito. Sus padres colaboran con ellos y los animan, a pesar de lo que representa enviarlos por caminos peligrosos y largos y con las necesidades que evidentemente hay en sus hogares. No todas las familias lo hacen, Zahira y sus amigas comentan como en algún caso los padres no quieren que otra niña del vecindario asista a la escuela. Al final de la filmación se nos cuenta que Zahira realiza un trabajo importante visitando familias para conseguir que envíen sus hijas al colegio. Samuel nos cuenta como una niña conocida, discapacitada y de familia rica, al contrario que la suya, se queda en casa porque la familia no quiere mandarla a la escuela.

Aunque ya sabemos que las cosas son así e incluso los que ya tenemos unos cuantos años hemos conocido testimonios de personas que vivieron, en nuestro país, experiencias semejantes, resulta fácil emocionarse con el coraje de estos niños así como lamentar estas situaciones difíciles. Y eso que estos niños viven en paz, en familias que los quieren y los apoyan. La escuela se supone que es un lugar seguro pero los conflictos bélicos no siempre las respetan y recientemente hemos conocido casos trágicos de ataques a centros educativos en algunos países.

El documental contará con un proyecto pedagógico que se ofrecerá a los centros educativos. Creo que se caería en cierta ingenuidad si tan sólo se enfocase su lectura para recordar a nuestros escolares la suerte que tienen viviendo en una sociedad en la cual es fácil, de hecho es obligatorio, estudiar. Sería como cuando en nuestra infancia nos insistían en qué debíamos acabarnos la comida porque en muchos lugares se pasaba hambre y nuestros mismos padres lo habían pasado muy mal. Todavía más, en nuestra sociedad no siempre más estudio y más educación consigue un futuro mejor, las cosas son muy distintas que en estos países. La lectura de esas historias debe hacerse de una forma más global, incluso no me acaba de convencer que se hable de esos niños como de héroes, aunque lo sean, desde nuestra convencional y cómoda visión occidental.

 

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Jackson (11 años, Kenia) / Carlitos (11 años, Argentina) / Zahira (12 años, Marruecos) / Samuel (13 años, India)

 

Somos los adultos quienes debemos reflexionar a fondo sobre el documental y el mundo que nos muestra, un mundo sobre el que a menudo sabemos muy poco, en el cual se valoran cosas que aquí ya cuestionamos, el patriotismo, las creencias religiosas, el respeto a los adultos, a los maestros. No deberíamos olvidar que las escuelas han servido para hacer aumentar la cultura y para la promoción de sus alumnos pero también se han utilizado y se utilizan, de forma inevitable, para adoctrinar. Aunque tengamos  que admitir que siempre será mejor una escuela sea como sea que carecer de ella.

Las escuelas de estos niños no se plantean grandes proyectos pedagógicos, ni temen a las estadísticas sobre fracaso escolar. Van al grano, a lo importante, leer, escribir, contar, algún idioma. Sus instalaciones son precarias, sus materiales, modestos. Cuando un bien es escaso y difícil de conseguir tiene una dimensión muy diferente que cuando es algo habitual, algo que creemos normal y exigible. Aunque ya sabemos o deberíamos saber cómo es el mundo, es importante que nos lo recuerden de vez en cuando.

 

Júlia Costa

@liujatasco

 

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Tráiler

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