turing

 

A lo largo de la historia, muchos han sido los hombres y mujeres inteligentes que tuvieron que sacrificar sus ideas y a veces hasta la vida por ser o pensar de una manera diferente a su época. Si echamos la vista atrás, hay casos muy conocidos, como los de Sócrates, Hipatia, Galileo o Giordano Bruno, pero los nombres más populares no son más que la punta del iceberg, la parte visible, de una larga lista de mentes brillantes que tuvieron como enemigos a gobiernos, la Iglesia o una sociedad inculta. Muchas veces es gracias al cine o la literatura que podemos conocer algunos de estos casos. El último de ellos que ha pasado a la gran pantalla es el de Alan Turing.

Turing fue un matemático y criptógrafo británico que durante la Segunda Guerra Mundial ayudó al gobierno de Churchill a descifrar los códigos que los nazis utilizaban para comunicar sus estrategias bélicas. Sus investigaciones se centraban en la inteligencia artificial, en cómo una máquina podía pensar por sí sola para resolver diversos problemas lógicos o matemáticos a gran velocidad. Gracias a sus avances y a las máquinas que diseñó, se le considera el precursor de la informática moderna. Sin embargo, nada de esto pudo evitar que la justicia británica lo condenara por “actitud indecente” y pusieran punto y final a su carrera. El motivo: se descubrió que era homosexual.

Cuando se trata de hablar de una película basada en la vida de una persona, lo mejor siempre es dar cuantos menos detalles biográficos mejor, para que el espectador se siente ante la pantalla sin conocer de antemano lo que va a suceder. El caso de Alan Turing lo permite, puesto que en realidad es un personaje poco conocido. Después de dirigir Headhunters en 2011, el director noruego Morten Tyldum ha aprovechado la oportunidad que le brindaba el gran guión de Graham Moore, basado en la biografía del matemático que escribió Andrew Hodges (no traducida al castellano), para presentarse ante el gran público. Tyldum tenía una buena historia entre manos y un reparto encabezado por Benedict Cumberbatch, el actor británico de moda que interpretó a Julian Assange en El quinto poder (2013), a Sherlock Holmes en la serie Sherlock (2014) y que también participó en otras cintas como 12 años de esclavitud (2013), Agosto (2013) o El topo (2011). La otra cara conocida de la película es la actriz Keira Knightley, que dio vida en el cine a Anna Karenina (2012) y que apareció también en La duquesa (2008), Expiación (2007), Piratas del Caribe (2003, 2006 y 2007) o Love actually (2003), entre otras.

Debo reconocer que, en líneas generales, me cuesta creerme los papeles de Keira Knightley, porque su rostro me parece inmutable, como si yo fuera incapaz de traspasar la piel de la actriz para meterme en la de sus personajes. Sea cual sea el papel que interpreta, siempre pone las mismas caras, aunque quizá es que soy muy maniático. Nada hay que reprochar, sin embargo, al gran trabajo que hace Cumberbatch, quien, si ya apuntaba maneras, con esta película ha cogido el impulso definitivo para pelear (quizá) por un Oscar. Gracias a The imitation game, sabemos un poco mejor quién fue Alan Turing, un hombre que se quedó a medio camino de su prometedora carrera por ser homosexual y que demostró, como se apunta en la película, que “a veces, la persona que nadie imagina capaz de nada es la que hace cosas que nadie imagina”. Lástima que les prestemos tan poca atención.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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Tráiler

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