espejo

 

Engarzada en una sólida tradición novelística española, y sin embargo con un ojo puesto en los registros de la literatura contemporánea más exigente, No encuentro mi cara en el espejo es la novela más reciente de Fulgencio Argüelles y la segunda publicada en Acantilado después del éxito de El palacio azul de los ingenieros belgas (2003). Su punto de partida, una promesa de amor incestuoso entre una madre y un hijo en un pueblecito asturiano a las puertas de la Guerra Civil, es solo el primero de una serie de leitmotivs que se irán desarrollando para crear un retrato de la vida política, cultural y emocional del momento. Con la novedad que suponen la llegada al pueblo de un joven párroco, o con la adquisición de un armario moderno que despierta todas las envidias, los habitantes de Peñafonte, conscientes de su naturaleza animal y sin embargo sedientos de trascendencia, nos hacen partícipes de sus miedos e inquietudes, siempre poéticos y a menudo muy cerca de la tragedia.

El ritmo de la novela se ciñe a la perfección a la vida que quiere retratar, inserta en una naturaleza bella e inclemente y atrapada en los límites de una consciencia que querría saber más. Hay en la caída de la lluvia, hábilmente descrita por Argüelles, algo así como un lamento que es a la vez sed de esperanza y que recuerda al tono de Camilo José Cela en Mazurca para dos muertos. Podrían rastrearse parecidos en ambos autores, como la imagen a veces brutal que ofrecen de la existencia, su pasión por la descripción y el detalle, y su curiosidad experimental, pero Argüelles es en este sentido más poético y más intelectual. Su recorrido por el pueblo de Peñafonte, acompañado por Edipio, Maria Casta o Zulema, es bello y viene cargado de significación, y hay una delicadeza admirable en el modo en que se encadenan las conversaciones teóricas, los cuadros naturales y la introspección psicológica.

Lo que está en juego es más que una narración; es la descripción de un mundo preñado de subjetividad y cuyo último y decisivo fin es el de salvar a las personas, y toda su complejidad, de una muerte y un olvido ineludibles. Además la propuesta de Argüelles iguala todas las opciones, todas las idiosincrasias, todos los puntos de vista, porque busca lo estable en lo transitorio y se coloca por encima de discusiones que sabe caducas. El suyo es un existencialismo humanista que ama por encima de todas las cosas la posibilidad de ser y las preguntas que conlleva la existencia. Por eso lo importante no es sólo el discurso, sino la posibilidad de que pueda darse, y sobre todo la necesidad de que se dé. Los de Argüelles son intereses contemporáneos disfrazados de ropajes clásicos. Una lectura recomendable para lectores que gusten de discutir hasta altas horas de la noche y que persigan vestigios de una perspectiva humanista poco frecuente.

 

Ignasi Mena

@ignasimena

 

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No encuentro mi cara en el espejo / Fulgencio Argüelles / Editorial Acantilado / 1ª edición, 2014 / 320 páginas / ISBN 9788416011254

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