houellebecq

 

Hacía tiempo que sentía curiosidad por leer algo de Michel Houellebecq y ha sido necesario el estreno de la película que fantasea con su secuestro para que me decida a hincarle el diente a El mapa y el territorio (Anagrama/labutxaca en bolsillo). No es que haya visto El secuestro de Michel Houellebecq, el falso documental de Guillaume Nicloux en el que el escritor se interpreta a sí mismo, todo se andará, pero sí, al menos, me ha servido como aliciente para coger el libro.

Retrocedamos en el tiempo hasta 2011: Michel Houellebecq se encuentra en plena gira promocional de  El mapa y el territorio, los medios de comunicación y los lectores holandeses le esperan para que les presente su última novela. Sin embargo, el autor francés, excéntrico donde los haya, ha decidido desaparecer sin dar ningún aviso. Nadie sabe dónde se encuentra, si está vivo o muerto, si se ha marchado él o ha sido secuestrado, si todo responde a una hábil estrategia de marketing o realmente se trata de una fuga disociativa al más puro estilo Agatha Christie, que en 1926 se borró del mapa sin dejar huellas para alojarse durante unas semanas, con otro nombre, en un hotel de Harrogate (Yorkshire del Norte, Inglaterra).

Finalmente apareció sano y salvo pidiendo disculpas por haberse olvidado de su cita con Holanda. Todo pasaría por un simple descuido de un tipo extravagante si no fuera porque en El mapa y el territorio aparece el personaje de un escritor también llamado Michel Houellebecq que, como él, pasa por momentos de aislamiento, que tampoco contesta los mensajes, y que es, por voluntad o desgana, un tipo totalmente alejado y desinteresado de esta sociedad moderna, excesiva y ultracapitalista del siglo XXI. ¿Estaba Houellebecq llevando a la práctica, al extremo, la caricatura que hace de sí mismo en su novela o bien no hay que buscarle explicación racional al carácter único del escritor francés y aceptar que todo pasó, sin más?

En El mapa y el territorio, además de Houellebecq tenemos a Jed Martin, el protagonista de esta historia, un artista tan excéntrico como el autor. Arranca la novela con Jed Martin peleándose con su caldera, intentando que alguien se la arregle, una situación tan corriente y a la vez extraña que recuerda al capítulo 41 de Rayuela, donde Cortázar sitúa Oliveira enderezando clavos mientras pide que su amigo Traveler le ayude a sujetar unos tablones. Una acción absurda que sirve para configurar un ambiente y unos personajes ya un tanto pasados de vuelta. Martin es un artista de éxito, consiguió empezar a crearse un nombre en el mundillo del arte gracias a un proyecto en el que fotografiaba mapas Michelin. Tras un tiempo alejado de toda creación, decide volver a la carga con una exposición de sus pinturas en la galería de un amigo, cuyas ventas lo hacen inmediatamente rico. Desde ese momento, la cotización de sus cuadros no pare de crecer, llegando a varios cientos de miles de euros.

De toda su obra, sin embargo, la pieza más significativa es la que le quiere regalar a Michel Houellebecq, un retrato del escritor valorado en 750.000 euros que servirá como agradecimiento por haberle escrito el texto del catálogo de su exposición. La relación entre Martin y Houellebecq es intermitente, se da de vez en cuando, con los puntuales viajes del pintor a Irlanda, donde reside el autor. Mientras tanto, vemos las andanzas de Martin, los encuentros con su padre enfermo de cáncer, sus relaciones con las mujeres, los tratos con su galerista, el cada vez menor interés que siente sobre la repercusión de su obra, su manera a veces desapasionada de sentir la creación artística desde que vio fracasar un intento de rematar un cuadro, lo poco que sabe sobre el suicidio de su madre y, en esencia, lo mucho que se va pareciendo a Houellebecq (personaje) a medida que avanza la novela.

Mientras leemos El mapa y el territorio vemos cómo el autor no tiene piedad a la hora de dedicar unas cuantas páginas a hablar sobre cuestiones (en apariencia) tan poco interesantes como el manual de instrucciones de una cámara de fotos o el funcionamiento de una caldera. Sin embargo nada de ello es baladí, todo está en la novela por una razón, cualquier detalle nos ayuda a comprender un poco más el mundo interior de cada uno de los personajes. La novela va ganando ritmo a medida que avanza, especialmente en la tercera parte, donde Houellebecq (escritor de la novela) da un giro y lleva su obra al terreno del género negro (con sobrio humor e ingenio, por cierto). Las últimas páginas, brillantes, son un auténtico toque de atención para que no olvidemos el lugar que, a fin de cuentas, ocupamos en el mundo. En definitiva, El mapa y el territorio, que ganó el Premio Goncourt en 2010, es una novela que saca belleza de lo anómalo, que habla de fantasmas existenciales, de la mortalidad y decadencia del ser humano y también del arte, el que hemos creado y con el que comercializamos en el siglo XXI. Ese arte que también es mortal y decadente.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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El mapa y el territorio / Michel Houellebecq / Editorial Anagrama / 1ª edición en bolsillo, 2013 / Traducción de Jaime Zulaika / 384 páginas / ISBN 9788433977045

El mapa i el territori / Michel Houellebecq / Editorial labutxaca / 1ª edición en bolsillo, 2013 / Traducción de Oriol Sánchez / 352 páginas / ISBN 9788499306469

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