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Depardieu protagoniza la película basada en el polémico caso Strauss-Kahn

 

Uno de los motivos por los que me gusta el cine de Abel Ferrara (y por el que creo que es necesaria una revisión urgente de su filmografía) es porque en menos de diez minutos es capaz de decir mucho más que el metraje entero y continuo de tres o cuatro ganadoras del Oscar a Mejor Película Extranjera, una detrás de otra. Para poner un ejemplo, La gran belleza de Sorrentino propone una película sobre la degeneración de los valores, el paso del tiempo y la decadencia, y lo envuelve en una pátina de lirismo vacuo y de esteticismo exagerado para simultáneamente ocultar lo feo, hacer sentir al público más inteligente y demostrar –o pretender- que se está haciendo cine de verdad. El resultado final supera las dos tediosas horas de metraje, en las que Sorrentino no sólo busca desesperadamente la gloria de décadas anteriores sino que certifica que con esa sensibilidad ya no se puede hacer cine.

Ferrara, por el contrario, en los iniciales nueve minutos y medio de Welcome to New York (2014) es capaz de decir exactamente lo mismo pero sin artificio, con más empaque, con más autoridad y sin duda con muchísimo más conocimiento de causa. Suyos no son solo los temas, que remiten a la ya lejana King of New York (la drogodependencia, las ansias de poder, los conflictos emocionales, el sexo abusivo y la incapacidad de lidiar con el vacío existencial) sino también las formas, increíblemente contemporáneas para alguien que lleva casi cuarenta años en el negocio. Hay una conjunción de estilo y contenido que es puro Ferrara y que logra además ser expresión de nuestro tiempo.

Welcome to New York, aunque lo niegue su director nada más empezar el metraje, está basada en el polémico caso Strauss-Kahn, que estalló cuando al político y magnate de ese nombre se le acusó de abusar de una camarera en un hotel. La tríada de siempre, vamos: poder, sexo y abuso. En las manos de Ferrara, el drama personal y el juicio no son un mero canal de reproducción e imitación por vía cinematográfica de unos hechos que tuvieron lugar en la vida real, sino la posibilidad de entender por qué ocurren ciertas cosas y qué indican o subrayan del mundo en el que vivimos. Dicho de otro modo: por medio de la ficción descarnada, Ferrara reflexiona sobre lo real, con una minuciosidad y una objetividad que podrían pasar por pornográficas. Gracias a un Depardieu en estado de gracia, se nos permite indagar en la psique y la corporalidad (jamás separadas) de una persona monstruosa, pervertida, desagradable e incapaz de controlar sus impulsos. El dolor que con su actitud provoca a las personas que hay a su alrededor es tan afilado y persuasivo –y perturbador– como las múltiples escenas de sexo. Y que la película esté grabada en digital permite un juego con la imagen y la piel que no se veía, creo, desde el Inland Empire de Lynch.

Ferrara siempre ha sido una rara avis en el panorama cinematográfico estadounidense, por cuanto ya desde sus primeros films de serie B quiso y pudo escarbar en las raíces de sus obsesiones. A veces con mucho tino (Bad Lieutenant), a veces con demasiada palabrería (The Addiction) Ferrara es un esencialista de tomo y lomo y, por lo tanto, más cercano a Europa que a los Estados Unidos. O, en cualquier caso, más cercano a Cassavetes que a Spielberg. Eso es al mismo tiempo una descripción y una advertencia: porque lo que se ve en el film es lo que hay, tal cual, en la vida real. Sin artificios, sin disfraces, sin banda sonora, sin diversión ni posibilidad de escape. Ferrara te acompaña para que le veas la vagina a una prostituta y para que le veas el culo a Depardieu, y esa desnudez no es, ni por asomo, lo más desagradable del film.

En Welcome to New York hay unas actuaciones de infarto; una fotografía muy, muy buena; un ritmo narrativo envidiable; un dominio de los elementos dispuestos en pantalla y de los significados múltiples que pueden despertar. Y es, en definitiva, el trabajo de un veterano y un experto que además tiene opinión. Por lo que a mí respecta, y sin lugar a dudas, Welcome to New York es una de las películas del año. Ahora bien, me incomoda que a Ferrara no se le reconozca el tener una personalidad y una visión del mundo bien definidas y totalmente disfrutables. Los motivos por los que se le criticó en el pasado ya no son vigentes y desde luego nadie se escandaliza por ver sexo en pantalla. Y yo me pregunto: ¿por qué no se admira más su trabajo? ¿Cuál es el motivo por el que la película se ha estrenado directamente en la plataforma filmin? Misterios, misterios, misterios. Lo único que no admite duda es que estamos ante una grandísima obra. Dura, inolvidable e inagotable. Puro Ferrara.

 

Ignasi Mena

@ignasimena

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