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Es opinión de quien escribe estas líneas que un texto literario no puede agotarse en el primer capítulo. Ya sea gracias al arco argumental, ya sea gracias al estilo literario, a la atmósfera o a algún detalle indescriptible, el texto debe ser legible de cabo a rabo sin dejar de sorprender, emocionar, seducir o sugerir; y no estamos hablando aquí en términos de perfección de una novela, un cuento o unas memorias, o de la corrección de un producto que habrá de ser comercializado, sino de los rasgos que permiten que el texto sea un ente vivo, elástico, capaz de decir cosas superada la barrera de la página inicial. En el caso de estas memorias de Saïd Sayrafiezadeh (Nueva York, 1968) nos topamos quizás demasiado pronto con que su título, su estilo y los hechos que nos relata no habrán de significar nada más allá de lo que son superficialmente, es decir, no habrán de revelar nada a lo largo de las páginas que les siguen y, por lo tanto, que son parte de una obra que no nos demuestra que merezca ser leída. Pero no nos precipitemos.

Lo primero es decir que Cuando llegue la revolución no son no son unas memorias al uso. En sus 32 capítulos, que parecen al mismo tiempo excesivos o demasiado escasos, Sayrafiezadeh nos relata con detalle y humor qué implicó nacer en una familia de ideología marcadamente socialista o comunista y cómo esas convicciones políticas influyeron en su vida cotidiana. Desde la prohibición de comer uvas, la imposibilidad de comprar monopatines o la compasión por la miseria propia y ajena, la vida del niño Sayrafiezadeh tomó rumbos curiosos y sorprendentes que se plasman en estas páginas con nostalgia y emoción contenida. Al mismo tiempo, el suyo es un relato que habla sobre todo de su padre y de su madre, de cómo las relaciones paternofiliales ayudan a configurar un hogar en el que, a veces, cualquier idea parece tener más importancia que las propias necesidades personales, y cómo dicha situación, antes que ayudarle a tener una visión coherente de las cosas, las más de las veces le confundió y le llevó a hacer el ridículo ante su novia.

El tema es, sin duda, interesante, y el estilo desenfadado de Sayrafiezadeh invita a afrontar la lectura con humor. Sin embargo, y como ya advertí, el texto en sí acaba por resultar pobre en ideas, pobre en sugerencias, pobre en escenas y en emoción. Diría que no es tanto un problema de concepción de cada párrafo sino de la manera de enfocar la redacción, sin hacer hincapié ni en los personajes, ni en las descripciones, ni en una opinión fuerte a la que se deba prestar atención. Antes bien, el libro está escrito con una sencillez y nos ha llegado tan limpio a nuestras manos (gracias, imagino, a la traducción de Álex Gibert) que nada llama la atención, nada nos conmueve, nada nos interesa o nos atrapa. Ya desde la aparición del título del libro al final del primer capítulo podemos comprender que todo es, en esencia, anecdótico, y que la ofuscación del protagonista, a quien acompañamos de niño, de adolescente y de joven en sus andanzas familiares, no ha encontrado otra manera de plasmarse en el texto más que difuminándose y perdiéndose en cambios temporales inocuos.

 

Ignasi Mena

@ignasimena

 

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Cuando llegue la revolución habrá patines para todos / Saïd Sayrafiezadeh / Malpaso ediciones / 1ª edición, marzo de 2014 / Traducción de Alex Gibert / 259 páginas / ISBN 9788415996309

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