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Ahora que Pharrell Williams triunfa en todo el mundo gracias a sus colaboraciones con Daft Punk, Robin Thicke o Kylie Minogue, y coincidiendo con el gran éxito de su último disco de estudio, se impone la necesidad de retroceder unos años para ver de dónde salió este talentoso creador y si sus artimañas artísticas son flor de un día. Evidentemente, Williams ya demostró ser un mago para la composición y la producción musical como miembro de The Neptunes, y fue precisamente gracias a ellos que Kelis, en sus primeros tres discos, pudo forjarse un estilo reconocible. Muchos de los caminos que abrió Kelis pasaron después al mainstream más popular (capitaneado por Britney Spears), pero fueron ella y los Neptunes quienes los elevaron a niveles inigualables que fueron, desgraciadamente, ignorados por el público. Sencillos como Milkshake o Caught out there, hits por derecho propio, no son sino la excepción que confirma la regla. Kelis, siendo quizás una de las artistas con una perspectiva más fresca e interesante, jamás ha logrado estar de moda. Y eso se traduce en pocas ventas y escasa repercusión mediática.

Hubo un momento en el que Kelis dejó de contar con los Neptunes para producir sus discos. Después del Tasty, quizás el disco más completo de la primera etapa de la cantante, nos llegó Kelis was here, un álbum tan excesivo como sugerente y una verdadera amalgama de estilos, referencias y tonos, más libre y caótico que sus anteriores discos con Williams y compañía. Kelis was here abrió la puerta a la segunda etapa de la carrera de la neoyorkina, más centrada en explorar, en cada una de sus encarnaciones, un estilo y un ambiente determinados, logrando así construir unos discos coherentes y uniformes, aunque sin prescindir, en ningún caso, de la creatividad efervescente que caracterizaba su trabajo con los Neptunes. Así pues, Flesh tone, de 2010, era la expresión en clave dance de la reciente maternidad de Kelis, y el Food que aquí reseñamos podría titularse “Kelis haciendo soul y r’&b’ de toda la vida”. Con la ayuda de Dave Sitek, de TV on the radio, Kelis ha creado el disco más clásico, optimista y cálido de su carrera y confirma que uno de los puntos fuertes de la cantante, muy amante de la experimentación, es el de habitar cómodamente cualquiera de los géneros que ensaye. Uno escucha Food y no puede más que creer que Kelis siempre hizo música de este tipo. La cantante tiene la increíble capacidad de sentirse cómoda en todo lo que hace, y de dar su propia versión de cada mundo que explora.

Canciones como Jerk Ribs o Rumble, si no me equivoco los primeros sencillos del disco y lo primero que oímos de Food, prometían un disco maduro, luminoso y con aire intemporal, y en este sentido Food no decepciona. Afortunadamente, y para disfrute de sus seguidores, Kelis no se limita a jugar con el soul y el pop sino que, como ya hizo en el mencionado Flesh Tone con la música dance, parte de las bases de un estilo determinado para jugar con ellas y convertirlas en miel para los oídos. No hay tanto un trabajo sobre los clichés de un género concreto como un habitarlos, un experimentarlos y vivirlos para ver hasta qué punto pueden expresar el mundo interior de Kelis. En este sentido no puedo estar más en desacuerdo con los críticos que ven en este álbum una escasa presencia de la cantante, eclipsada en favor de una producción que aposta por las trompetas y los ritmos del soul. ¿Acaso no logra Kelis que la única canción no original del disco, Bless the telephone, suene como parte indispensable del discurso completo? Eso sólo se consigue si hay un trabajo paralelo y simultáneo entre el material (propio o ajeno) y la manera más adecuada (y personal) de tratarlo. Bless the telephone es, además, una pausa muy necesaria en el ecuador del álbum que da profundidad al juego estilístico y además permite resaltar aún más las muchísimas virtudes de las canciones que la circundan.

Food ofrece en enorme cantidad esos estribillos pegadizos e inolvidables que la cantante descubrió en Kelis was here y que dependen más de la melodía que del ritmo (lo del ritmo se lo dejamos a sus discos con los Neptunes). Hay además un amor por el detalle que hace que a cada segundo resalte una ligera variación o un añadido que piden a gritos ser reescuchados dos, tres y hasta mil veces. Y, sobre todo, ese aire a clásico, a atemporalidad, a disco que se visitará (o que debería visitarse) durante muchos años. Food es, sin duda, más que bienvenido a nuestra colección de discos de Kelis. Una gozada.

 

Ignasi Mena

@ignasimena

 

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El disco

food

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