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Jeremy Irons protagoniza la película

 

Hay momentos en los que a una película se le perdonan los pequeños errores en detalles porque el conjunto es muy superior al defecto contra el que se encarnizan determinados críticos. Con los libros puede pasar algo semejante. Desconozco por qué un montón de críticos han puesto de vuelta y media una película como Tren de noche a Lisboa, que tuve la oportunidad de ver en Lisboa en su momento y que se ha estrenado hace muy poco en España. También desconozco por qué el libro en el que se basa (mucho mejor que la película) de Pascal Mercier pasó sin pena ni gloria en su momento, hasta sus dos últimas recuperaciones editoriales, pero un servidor empieza a creer que la industria editorial es un misterio más insondable que la materia oscura del universo y que sus gustos y atenciones están alejadas del común de los mortales.

Claro que no soy objetivo. A mí, cualquier película ambientada en Portugal rodada por cualquier cineasta no portugués me parece buena (hay excepciones, la aclamada En la ciudad blanca de Alain Tanner me pareció una película casi insoportable) y por lo tanto era fácil que Tren de noche a Lisboa me gustase. Y lo hizo en su momento y volvió a hacerlo hace unos días. En un momento en que la memoria histórica parece haber vuelto a caer en el olvido, en un momento en que Portugal continua siendo un gran desconocido (bueno, mucha gente situará Lisboa en un mapa porque, por desgracia, es donde se celebrará la próxima final de la Champions, con todo lo que ello comporta), en un momento en el que casi nadie se acuerda de la Revolución de los Claveles y de la dictadura de Salazar, una película como esta es más que necesaria.

Vale, Bille August se recrea en las imágenes más tópicas de la ciudad sobre todo en la primera mitad del film, cuando un Jeremy Irons que encarna a un viejo profesor de literatura clásica de la ciudad de Berna, llega a Lisboa atraído por un libro que ha encontrado en su ciudad natal cuando una mujer intentaba saltar a un río. A partir de allí se desemboca la historia de la película, que presenta algunas diferencias con el libro pero que en esencia se mantiene: el volumen es la clave para poder entrar en una historia de resistencia a la dictadura. Por supuesto la película podría ser mejor, pero creo que no merece la mayoría de malas críticas que ha recibido.

En cuanto al libro me parece uno de los más interesantes e inteligentes de los ambientados en Lisboa escritos por autores extranjeros. Mercier es un extraordinario urdidor de historias, pero les aporta la profundidad y la riqueza de matices que se ha perdido en la película y que hace que el libro sea una lectura muy recomendable. Como lo es, también, reflexionar sobre los procesos de ocultación que han mantenido a Portugal y su historia como uno de los lugares más desconocidos. Y a la vuelta de la esquina. Solo por eso ya vale la pena ver la película.

 

Sebastià Bennasar

 

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Tráiler

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