Tatiana de Rosnay escribe desde los once años, ha publicado once libros (de los cuáles hay cuatro traducidos al español) y se dio a conocer mundialmente en 2007 con la novela  La llave de Sarah, de la que vendió más de siete millones de ejemplares, que fue publicada en 40 países y convertida después en una película protagonizada por Kristin Scott Thomas. Ahora tiene 52 años y confiesa que espera seguir escribiendo durante mucho tiempo “hasta los 90 si puede ser”. Su último libro es Tinta rusa (Suma de letras en castellano y Amsterdam en catalán), protagonizado por Nicolas Duhamel –apodado Nicolas Kolt- , un vanidoso escritor de 25 años adicto a las redes sociales, quien, después de un éxito arrollador con su primera novela, no encuentra inspiración para su segundo libro. Para lograrlo, decide irse con su novia modelo a un lujoso hotel de la costa italiana donde observa a los excéntricos huéspedes mientras recuerda cómo un secreto familiar del pasado le ha dejado absolutamente consternado.

 

La autora se hizo popular con su novela 'La llave de Sarah', adaptada al cine
La autora se hizo popular con su novela ‘La llave de Sarah’, adaptada al cine

 

“Con los smartphones y las redes sociales podemos caer en trampas muy peligrosas”

 

Patricia Tena. Barcelona

¿Cómo surge la idea de Tinta Rusa?

Como le pasa al protagonista, yo misma tuve que demostrar que era francesa hace un par de años a raíz de la nueva legislación de inmigración del gobierno de Sarkozy. Yo nací en Francia, pero la familia de mi padre es rusa y él nació en Mauricio, mientras que mi madre era inglesa nacida en Roma. Por eso bromeo diciendo que soy una especie de patchwork. Tardé seis meses en poder demostrarlo porque requiere muchísimo papeleo. Ese fue el punto de partida de la novela; pensé en un hombre que, como yo, tiene que demostrar que es francés y durante la recopilación de documentos descubre un gran secreto familiar. No fue mi caso, pero, sin duda podría haberme pasado también.

En su libro más conocido, La llave de Sarah, también hablaba de la búsqueda de la identidad y de un secreto familiar del pasado. ¿Es un tema que le interesa especialmente?

En todos mis libros hay secretos. Me interesa aquel secreto que viene del pasado y que te cambia el presente y, seguramente, el futuro. El libro que estoy escribiendo ahora también está lleno de secretos y casi puedo garantizar que en todas mis novelas los habrá. Sí que hay cierto paralelismo con La llave de Sarah, pero la diferencia es que en esa novela teníamos todas las respuestas, precisamente teníamos la llave, mientras que en Tinta Rusa no. Pero Nicolas utiliza ese secreto para cultivar su propio libro.

Después de un gran debut  literario, Nicolas está bloqueado y se dedica a vivir bien gracias a su fama, pero sus actitudes y comentarios nos demuestran el lado más negativo del éxito.

Hago una crítica a la fama, pero con precaución y respeto. Hoy día aún me parece un milagro que mis libros sean bestsellers; aún me pellizco para creerlo. Así que no podría criticarlo porque estoy muy feliz y agradecida,  pero  es cierto que cuando te reconocen por la calle, te sacan fotos en el metro, o estás en el baño de un restaurante y alguien dice ‘Oh, eres tú’ y te dispara el flash puede llegar a ser desconcertante. Pero hay que aprender a vivir con ello. Lo acepto sin problemas y soy una persona con mucha paciencia.

Los amigos y familiares de Nicolas le reprochan haber cambiado, haber dejado de ser un escritor para convertirse en un producto.

Nicolas tiene 25 años, es impaciente, vanidoso, le fastidia responder siempre las mismas preguntas de los periodistas o que los lectores le paren por la calle y le pregunten qué está escribiendo ahora. Yo nunca sería como él porque tengo 25 años más que él y la fama me llegó ya siendo una mujer adulta. Esa juventud e inexperiencia es la que le hace comportarse así.

¿Considera, además,  que la fama afecta de forma diferente a hombres y mujeres?

No lo sé. Lo que sí puedo decirte es que es muy difícil conciliar la vida laboral y la familiar para cualquier mujer, indistintamente de cuál sea su trabajo. Yo, por suerte, tengo un marido estupendo que me ayuda mucho en casa pero, aclarado esto, lamentablemente suele seguir siendo la mujer la que va a la entrevista con el profesor del colegio, la que se ocupa de todo el papeleo, la que hace la compra… Sí creo que para un hombre que escribe le es más fácil aislarse 24 horas, porque difícilmente alguien va a picar a la puerta para preguntarles qué hay de cenar, dónde están los pantalones o si han mandado la carta a la Seguridad Social. Creo que las escritoras lo tenemos más difícil a la hora de aislarnos de esta forma.

En sus relaciones sentimentales tampoco parece saber muy bien qué quiere. Tiene novia pero intercambia mensajes y fotos eróticas con una mujer a la que sólo vio unos minutos en Berlín.

Quería demostrar que con los smartphones y las redes sociales podemos caer en trampas muy peligrosas. Si tienes una aventura, aunque sea virtual como la de Nicolas con Sabine, hay que tener muchísimo cuidado. Hoy día podemos hacer de todo con nuestra Blackberry o nuestro Iphone, incluso el sexting (sex + texting) que parece estar tan de moda, pero hay que tener claro que el móvil es un gran progreso pero también puede ser nuestra peor trampa.

Conforme avanza la trama, el argumento de Tinta rusa da un giro bastante sorprendente.

El libro no tiene un final real, quiero que sea el lector el que imagine cómo va a continuar. Al principio de la novela Nicolas es vanidoso, desagradable e inaguantable. Sin desvelar demasiado, diré que tenía claro que quería que él pasara por una situación difícil que le hiciese enfrentarse a lo que él se había convertido. Ese hecho le lleva de regreso al pasado y, al mismo tiempo, le da la oportunidad de escribir su nuevo libro. Tenía que ser algo muy duro, casi traumático, para demostrar que al final es su vanidad la que se hunde.

Él es un adicto a las redes sociales y usted le ha creado un perfil real en Twitter.

¡Y una cuenta en Instagram también!  Su foto de perfil, en la que se ve a un hombre guapísimo, es la de mi marido, que también se llama Nicolas, cuando tenía 28 años. Creé su perfil antes de empezar a escribir la novela y lo más curioso es que muchos de sus seguidores creen que existe realmente, que es un escritor que ha tenido mucho éxito con su primer libro. Y como sabéis, le gustan mucho las mujeres, las maduras sobre todo… ¡A veces recibo unos mensajes de lo más curiosos!  Y la gente no sabe que estoy yo detrás leyéndolos.

¿Ninguno de esos followers ha comentado que realmente es el personaje de una novela?

Supongo que como a los seguidores les parece divertido, de momento no han desvelado nada. Me encanta porque es como si en cierto modo existiese: cuelga mensajes diciendo que no encuentra inspiración, que no sabe de qué va a tratar su nuevo libro, pone fotos de su estancia en el Gallo Nero o de un viaje a Sant Petersburgo… Normalmente las imágenes son de mis hijos haciendo payasadas o de mis propios viajes. Los periodistas franceses me preguntan si he creado un alter ego y puede que sí lo haya hecho.

¿Usted tampoco podría vivir sin las redes sociales?

Lo he intentado y creo que puedo vivir sin Facebook y sin Twitter, pero ¡sin Instagram me muero! Me encanta ir sacando fotos con el teléfono porque considero que es como una especie de álbum de fotos. Por mi trabajo, estoy acostumbrada a expresarme mucho con palabras y gracias a Instagram también puedo hacerlo con imágenes.

En un momento del libro en el que Nicolas recibe una mala crítica, alguien le pregunta cómo le puede afectar si tiene millones de lectores por todo el mundo. ¿Cómo afronta Tatiana de Rosnay los comentarios negativos?

Yo opino como Nicolas. Cuando recibes una mala crítica siempre es horrible, por muchos millones de ejemplares que vendas. Es tu obra, te has pasado dos años trabajando en ella y que alguien te la eche por tierra es muy desagradable. Lógicamente a veces también tengo malas críticas y las leo a distancia, casi en diagonal y le doy la vuelta rápido a la página. Para no tomármelo demasiado en serio, me consuelo pensando que, si bien a esta persona no le ha gustado, seguro que a otra sí. Además, se produce una situación muy divertida cuando un día te encuentras con alguien que te ha hecho una mala crítica y normalmente se siente más incómodo él que yo. Suelo acercarme, presentarme, decirle que leí  su opinión e invitarle a tomar algo. Y entonces se queda sorprendido por mi “amabilidad”, según me confiesa. Eso me hace mucha gracia y yo contesto: “Pues claro, ¿pensabas que te iba a pegar o algo? Por favor, crece. C’est la vie

 

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