El autor napolitano estuvo en el CCCB, dentro del ciclo de conferencias 'Ciudad abierta' / Foto: Bromera
El autor napolitano estuvo en el CCCB, dentro del ciclo de conferencias ‘Ciudad abierta’ / Foto: Bromera

 

Dice que no se considera escritor, sino simplemente un contador de historias. Tiene aspecto de hombre entrañable, bonachón pero avispado, inteligente pero humilde, sentimiento que se confirma cuando arranca a hablar. Erri de Luca es un escritor napolitano de novelas breves, nacido en 1950. Confiesa que a su edad, él, que es un hombre del siglo XX, “el siglo de las grandes migraciones”, ahora vive en una especie de “tiempo de descuento” y que el futuro ya lo ha vivido. No es un gesto de pesimismo, sino de  contención.

Ante un nutrido público que se da cita en el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), dentro del ciclo de conferencias “Ciudad abierta”, Erri de Luca ofrece una ponencia sobre el mediterráneo. “Me gusta el mar, porque uno puede sentarse frente a él y darle la espalda a la cuidad, sobre todo cuando hay viento, que entonces es capaz incluso de callar los rumores de las calles”. El mar, tan importante para él, está presente en sus novelas. En Història d’Irene (Bromera), su último libro publicado en España, el autor presenta tres relatos unidos por esa pasión, el mar, que se convierte aquí en tabla de salvación, fuente de vida y de inspiración literaria en circunstancias tan diferentes como las de Irene (una joven de catorce años a punto de dar a luz que decide confiar su historia), las del soldado Aldo De Luca (padre del escritor) al final de la Segunda Guerra Mundial y las de un viejo sentado en el rompeolas de Nápoles que revuelve entre sus recuerdos. Tan determinante para él es el mar como lo fue la propia ciudad de Nápoles cuando era pequeño: “cuando era niño, podía escuchar las historias que contaban las mujeres dentro de sus casas, eran relatos que traspasaban los muros de los hogares”.

 

'Història d'Irene' es su último libro aparecido en España, en Bromera.
‘Història d’Irene’ es su último libro aparecido en España, en Bromera.

 

A Erri de Luca le fascina escuchar e interrogar a las personas y luego absorber sus historias. Avisa, con humor: “cualquier cosa que me cuenten, puede ser utilizado más tarde en mi gran saco de recuerdos”. Dice que Nápoles no fue una “ciudad madre”, sino una “ciudad causa”, aquella que fundó su educación sentimental: “las historias que escuchaba por boca de las mujeres en Nápoles, la ciudad italiana más bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, adiestraron mis sentidos y mis sentidos reaccionaron con cólera, vergüenza, compasión…”. El autor señala que no habría podido escribir ningún relato que no hubiese escuchado antes y explica que “a través de aquellas mujeres napolitanas, aprendí la riqueza de la narración, porque repetían partes del discurso, daban énfasis a otras, cambiaban el tono cuando convenía…”. En aquella ciudad, llena de rumores y ruidos, creció Erri de Luca, un hombre luchador, que participó en el movimiento del 68, que fue miembro del grupo de extrema izquierda Lotta Continua, que tuvo que enfrentarse en más de una ocasión a las preguntas de la justicia y que con cuarenta años escribió su primera novela.

El autor matiza que él no diría jamás “soy Erri de Luca”, porque “uno no es solo un nombre, sino que es todo aquello que ha vivido y compartido a lo largo de su vida”. Por eso, bromea, “cuando me hacen un análisis de sangre, no me interesa tanto que me digan si tengo o no colesterol, sino cuánto de fenicio o de otros pueblos tengo”. Con un público entregado y confiado en depositar en él complejas preguntas sobre el ser humano, las trampas del capitalismo y las fronteras, el autor accede a responderlas aunque, con habilidad, haciendo uso de viejas historias y anécdotas. A fin de cuentas, igual que hace cuando se pone a escribir un nuevo libro, abrir su saco de recuerdos y empezar a construir.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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Otra de sus novelas

Un viejo criminal de guerra vive con su hija, que se debate entre la repulsión y el deber de atenderle. El hombre está convencido de que el único crimen del soldado es la derrota y la victoria lo justifica todo. Ella no le ha preguntado nada, no quiere saber nada. Cree que los actos de su padre no pueden ser exculpados ni por ninguna circunstancia ni por el momento histórico. Una noche del final del verano, en una fonda se encuentran, casualmente, con un escritor experto en literatura yiddish. Los tres comparten una misma soledad, y también temores y obsesiones semejantes que se manifiestan sin que sea necesario hablar. Para cada uno, los otros representan la manifestación de un anhelo, la certeza de una sospecha o un recuerdo de infancia. Pero un hecho inesperado hace que el círculo se cierre, al menos en parte.
En ‘El crimen del soldado’ (Seix Barral en castellano y Bromera en catalán), un viejo criminal de guerra vive con su hija, que se debate entre la repulsión y el deber de atenderle. Él está convencido de que el único crimen del soldado es la derrota y la victoria lo justifica todo. Ella cree que los actos de su padre no pueden ser exculpados ni por ninguna circunstancia ni por el momento histórico.
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