unamuno

 

Me confieso un gran admirador de la novelística de Unamuno. Gocé y sigo disfrutando de su prosa enérgica, visceral y apasionada, cuyo principal exponente serían, a mi parecer, Tres novelas ejemplares y Abel Sánchez. Todas ellas ostentan eso que Unamuno llamó el estilo vivíparo: fueron escritas, según dice, de corrido y sin mirar atrás. Y es eso, en parte, lo mejor de la narrativa de Unamuno: que se ve empujada por esa premura, esa inmediatez de lo visceral, sin que podamos encontrar en ella los deslices ni la imprecisión de lo amateur. Muy al contrario: la profesionalidad de don Miguel tiñe y carga cada palabra de sentido; digamos que, en su escritura, sí existe una relación directa entre sentimiento y palabra; sí hay, en definitiva, reciprocidad entre texto y vida.

La casi treintena de artículos, escritos entre 1906 y 1909, que, bajo el nombre de Por tierras de Portugal y España, reúne Ángel Rivero para Alianza Editorial, permiten ahondar en el pensamiento y la sabiduría de este hombre quijotesco, de pensar intempestivo y sentimiento agónico, cuyo principal impulso fue el de irrumpir con ánimo destructivo en la vida de sus conciudadanos, armado con su pluma y su oratoria, para levantar en sus espíritus algo nuevo, algo esencial, que aún hoy no podemos (ni debemos) describir muy bien.

Inevitable es recordar que Unamuno redactó estos artículos en plena fiebre anti-positivista, cuando lo irracional y la emoción machacaron con improperios los hechos de la razón. Se entiende entonces la profunda subjetividad que embarga todos y cada uno de estos textos, y la genialidad con la que Unamuno arma unos discursos llenos de realidad, poesía, belleza e historia sin importarle en absoluto si escribe lo que le dicta el corazón o si es, por el contrario, el corazón el que se crea a partir de sus palabras. Lo relevante de esta prosa unamuniana, a mi parecer, no yace en la veracidad de lo que nos cuenta, o en si acertó o no en sus juicios hace ya más de cien años, sino en la mirada revolucionaria, personalísima y creativa con la que logra mira esos los paisajes, esas literaturas, esas ciudades por las que transita. Su principal logro es que un siglo después lo leamos y lo comprendamos como a Unamuno, ese yo eterno e inmortal que persiguió toda su vida; y que, tras todo este tiempo sigamos pensando en él como aquél que fue, para que siga siendo en y fuera de nosotros.

Ahora bien, eso no significa que los detalles, que las descripciones, que las reflexiones queden eclipsadas por una personalidad más grande y más fuerte que ellas. En absoluto; la fuerza de su pasión iba acompañada de una gran inteligencia, y en ella destacan, claro está, una vital curiosidad y una visión crítica y punzante. Son ellas las que nos permiten disfrutar de sus comentarios a las literaturas española y portuguesa; son ellas las que nos retrotraen, de la mano de los extremeños y los vascos, a un análisis de lo social e histórico que recuerda al de un Clarín o un Pérez Galdós. La realidad jamás desaparece bajo la mano de Unamuno. En todo caso, son sus dedos los que ayudan a conformarla, ya sea con un adjetivo pertinente o la violencia de un insulto.

Hay veces, claro está, en las que ese afán de conocer y compartir acaba siendo arrinconado por la furia de Unamuno. En alguno de los artículos que aquí reseñamos hay un asco y un desprecio tales que uno no puede sino contemplar a don Miguel con discreta ironía. Y es en estos instantes donde comprendemos que Unamuno, a pesar de todo, no fue sino nada menos que todo un hombre, y que la fuerza de sus escritos, como ya se ha dicho, brota inagotable de una humanidad a la que se agarra como a un clavo ardiendo. Puesto que la vida es todo lo que tuvo, Unamuno quiso abrazarla en todo su esplendor y en todas sus miserias, y de ahí que no siempre acierte ni en sus maneras ni en sus ideas.

Pero en unos tiempos como los nuestros, donde no hay apenas brío ni estímulo en lo que nos rodea, leer al salvaje y bruto Unamuno es como reencontrarnos con algo que parecería hemos perdido: la sangre de un espíritu que quiere renovarlo todo; el hambre de un alma eternamente insatisfecha; la pequeña voluntad del hombre que quiere abrazar al ser en sí mismo.

 

Ignasi Mena

 

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Por tierras de Portugal y España/ Miguel de Unamuno / Alianza Editorial / 3ª edición, 2014 / 291 páginas / ISBN 9788420683539

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