Chiwetel Ejiofor protagoniza la película de Steve McQueen
Chiwetel Ejiofor protagoniza la película de Steve McQueen

 

Dicen que, junto con La gran estafa americana, esta es una de las películas favoritas para la próxima edición de los Oscar. Ambas están también destacadas en las quinielas para los Globos de Oro, con siete nominaciones cada una. En España, a la espera del estreno de la película de David O. Rusell, de momento nos tenemos que conformar con valorar la cinta de Steve McQueen.

12 años de esclavitud cuenta la historia de Solomon Northup, un afroamericano nacido en Nueva York que, siendo libre, fue secuestrado y vendido como esclavo. El guión, a cargo de John Ridley, es una adaptación de las memorias que el propio Northup escribió y publicó en 1853 (recientemente las ha editado en España la editorial Debolsillo). Solomon es un músico acomodado, padre de familia, buen esposo, un hombre respetado en los círculos sociales en los que se mueve. En definitiva, parece que lo tiene todo. Su suerte cambia cuando le ofrecen una buena suma de dinero por acompañar a otros dos artistas a Washington. Allí es drogado y trasladado a Louisiana, donde empezará su tortura.

El actor británico Chiwetel Ejiofor (Love Actually, American Gangster, Melinda y Melinda) es el encargado de dar vida al protagonista de esta historia, en la que también participan algunas caras conocidas del celuloide como Benedict Cumberbatch (que hace de Julian Assange en El quinto poder), el entrañable Paul Giamatti (Entre copas), Brad Pitt o un sorprendente Paul Dano (Pequeña Miss Sunshine), que empieza a reclamar proyectos de envergadura. El actor Michael Fassbender (Jane Eyre, Prometheus) hace aquí de antagonista, de terrateniente despiadado, hombre sin escrúpulos que no duda en usar la fuerza para saciar su ira o incluso para alimentar sus paranoias. Si Solomon Northup ya había sufrido las vejaciones de anteriores capataces, sobre todo la del personaje que encarna Paul Dano, es cuando se cruza con su último dueño (Fassbender) cuando descubre hasta qué punto puede llegar el desprecio humano.

La de Northup es una lucha callada, paciente, buscando siempre el momento oportuno para pedir ayuda y que se haga justicia: él no es un esclavo y debe regresar con su familia. Pero, entretanto, el espectador ve la condición de la esclavitud sin tapujos ni rodeos. Aunque se han realizado diversas películas sobre esta temática, como Mandingo (Richard Fleischer, 1975), Raíces (1977), Amistad (Steven Spielberg, 1997) o la más reciente, Django Unchained (Quentin Tarantino, 2012), las críticas han apuntado a que el filme de Steve McQueen es el más descarnado y realista de todos ellos. Probablemente así lo sea si tenemos en cuenta lo explícito de algunas escenas: sobre todo la afición al látigo de algunos terratenientes. Sin embargo, no me parece que la historia que nos cuenta McQueen sea más compleja o dura que la que ya nos habían contado otros directores. Creo que no hay que desmerecer, por ejemplo, el Django de Tarantino solo porque tenga ese toque exagerado y cómico característico de él. El sufrimiento de Django es incuestionable y la película de Tarantino me resulta más rica en matices además de que propone una trama algo más compleja.

12 años de esclavitud es un buen relato, pero no deja de ser un relato bastante lineal (a pesar de los flashbacks) donde lo que más sacude al espectador son las escenas de linchamiento y esas imágenes de las espaldas destrozadas de algunos esclavos. No veo grandes subtramas que den un poco más de juego a la película, ni personajes secundarios que alimenten realmente la historia, más allá del buen papel que hace Lupita Nyong’o (otra de las esclavas que más sufre). Esta es una película que muestra perfectamente la perversión del ser humano, no cabe duda, y la lucha por la libertad, pero quizá McQueen podría haber dotado a sus personajes (esclavos) de algo más de épica; como he dicho anteriormente, la del protagonista es una lucha de resistencia, de ser paciente sin llamar demasiado la atención y aguardar el momento oportuno para pedir ayuda, lo que hace que el ritmo se mantenga bastante inalterable hasta el desenlace que, dicho sea de paso, no es tan poderoso como podría haberlo sido.

 

Manel Haro

@manelhc

 

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