Dolores Redondo (Donostia, San Sebastián, 1969) ha alcanzado un rotundo éxito con El guardián invisible (publicada por Destino en castellano y Columna en catalán) y ahora sigue la misma estela con la segunda entrega, Legado en los huesos. Su trilogía del Baztán está protagonizada por Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral, y encargada de resolver una serie de atroces crímenes en los que desgraciadamente siempre está más involucrada personalmente de lo que quisiera. Por si esto fuera poco, debe luchar por superar el pánico que tiene a su propia madre, quien se asomaba por las noches a los pies de su cama y le advertía: “Duerme, pequeña zorra. La ama no te comerá esta noche”. Dolores Redondo es uno de los debuts literarios más potentes del año y nos presenta una serie de novelas adictivas que hablan de los monstruos que viven fuera y dentro de nosotros.

 

La autora debuta con éxito / Foto: L. De Andrés
La autora vasca continúa su éxito / Foto: L. De Andrés

 

“No publiqué antes porque es muy difícil hacerlo, aunque lo intenté todo el tiempo”

 

Patricia Tena /Jordi Milian. Barcelona

Tras el arrollador éxito de El guardián invisible muchos lectores esperaban ansiosos esta segunda parte, Legado en los huesos. ¿Cómo ha vivido el proceso?

Creía que ahora lo llevaría mejor porque ya tenía más experiencia con las entrevistas y la prensa, pero no contaba con algo muy importante: ¡ahora tengo lectores! Con la primera novela fue diferente porque nadie me conocía y todo el boom se originó después. Pero  todo lo que ha pasado con este nuevo libro es maravilloso; el día de la publicación los lectores estaban como locos y escribían en las redes sociales, me llamaban de algunas librerías… ha sido muy emocionante.

¿Esa expectación la ha condicionado o presionado a la hora de escribir la siguiente entrega?

El éxito pesa y la responsabilidad que tienes con todas las personas que se han comprado el libro, también. Pero más que nada es la presión que me impongo yo misma. Pero por suerte a los cinco minutos de empezar a escribir me traslado a Baztán y se me pasa todo. Digamos que siento presión antes y después, pero que mientras escribo no. La escritura sigue siendo, por suerte, la evasión pura para mí.

Dice que su trilogía es como un iceberg…

Sí, el primer libro era casi empezar por el final. En el sentido de que primero he explicado las consecuencias; en El guardián invisible Amaia sufre un fuerte estrés postraumático, pero no profundizábamos sobre qué lo había causado. Nos centrábamos en lo que sentía y cómo podía enfrentarse a ese dolor. En Legado en los huesos contamos qué ha originado ese miedo. Esta es la pieza media del iceberg y ahora nos queda la que está bajo el agua; lo más gordo.

¡Vaya! Pues esta ya tiene pasajes suficientemente terroríficos.

¡A mí también me daba miedo mientras lo escribía! Tengo amigos que me han dicho que han tenido que dormir con la luz encendida toda la noche. Yo creo que la única manera de que una obra de ficción te llegue realmente es que el que la escribe sea honesto. Tengo que experimentar las sensaciones que quiero hacer llegar a los lectores. Por eso hay que buscar en el propio miedo y las emociones.

En sus novelas hay diferentes subtramas que están perfectamente relacionadas y nada es casual. Cuando uno lee a Dolores Redondo cuesta creer que no tenga ya muchas novelas a sus espaldas.

No publiqué antes porque es muy difícil hacerlo, aunque lo intenté todo el tiempo. Escribía relatos cortos y los presentaba a concursos, alguno incluso lo gané. De esos relatos me pasé a los cuentos y a los libros para niños… pero no me sentía completamente a gusto. Me lancé con una primera novela que conseguí que publicara una editorial pequeñísima. Entonces me di cuenta de que necesitaba a alguien que me representara y encontré a mi agente. Ese ha sido el punto de inflexión; se llevó la novela a Frankfurt y la vendió a Destino y a seis países más.

¡Un ascenso meteórico!

Muchas veces me preguntan cómo me siento al saber que van a hacer una película de mi libro y yo les respondo que es alucinante, pero que el cine no es mi mundo y que para mí lo realmente fuerte es haber publicado mis libros después de tanto esfuerzo. ¡Ahora editoriales como Destino, Columna o Harper Collins en Inglaterra me publican! Es la felicidad absoluta.

¿Qué se van a encontrar los lectores  en Legado en los huesos?

Se van a reencontrar con Amaia, que acude a un juicio de una víctima cuyo asesino era un imitador del basajaun que ella investigaba. Allí le hacen llegar de una manera muy particular un mensaje y empieza una investigación que de entrada parecía cerrada y que le va a llevar de cabeza porque, además, acaba de ser madre.

Y, claro, no es fácil compaginar la maternidad con su trabajo como inspectora de la Policía Foral.

Me apetecía hablar también de cómo muchas veces la maternidad está idealizada, sobre todo con el primer hijo. En general, ser padre o madre es algo maravilloso, pero tiene segmentos de esa vida que suponen cambios: en las rutinas, horas de sueño, trabajo, sexualidad… Cambia hasta tu propia higiene porque para irte a duchar alguien tiene que quedarse mientras tanto con el bebé. Al principio, la criatura ocupa todo tu tiempo hasta que poco a poco vas aprendiendo a poner cada cosa en su lugar.

Hablaba antes del basajaun, un ser mitológico que aparecía en la primera novela. En esta  segunda parte también aparecen otras criaturas fantásticas.

Es que ahí los seres mitológicos son innegables, son propios de esta cultura. Pertenecen a la religión que existía en la región antes de que llegara el cristianismo y ahora perduran, aunque únicamente de forma cultural. Son seres extraordinarios que forman parte del agua, de la noche, de los riscos, de las tormentas… de una comunión absoluta con la naturaleza.

Y, por otra parte, también están los agotes.

Forman parte de la historia de Baztán, porque es un lugar muy rico. Mi libro no es una novela histórica, por supuesto, pero no he podido resistir la tentación de incluir pequeñas pinceladas que luego me han venido bien para la investigación que lleva Amaia. Los agotes fueron un pueblo que, no se sabe muy bien cómo, cruzaron los Pirineos y llegaron a Baztán. Se establecieron allí y vivieron en una especie de ghetto porque preferían estar separados del resto. Quizá su segregación no tenía razones demasiado lógicas, pero eran tiempos duros en los que la mitad de Europa ardía en hogueras inquisitoriales y la otra mitad estaba azotada por la lepra y la peste… y llegaron a una región en la que la vida era muy dura también. Pero lo bueno es que prolongó en el tiempo y existen todavía las familias de estos agotes que son navarros, por supuesto.

El paisaje navarro es un personaje más en su saga.

Sin duda, porque imprime carácter y marca a todos de una manera determinada. En verano el productor de la película estuvo visitando el valle porque tenía que tomar la decisión de si iba a rodar allí o en otro lugar y me dijo que sí lo hará en el original. Para mí era algo fundamental y lo tomo como el primer acierto. Además, es el productor que adaptó Millenium de Stieg Larsson y las novelas de Mankell, así que para mí es un descanso porque sé que me gustará. Y si usa el mismo escenario que yo planteé, ya tenemos el 80% de la película hecha.

¿La novela negra es el género idóneo para hacer denuncia social? 

Sí, siempre lo ha sido. Escribir es la criba por la que yo paso mi realidad. Por desgracia hay aspectos que están a la orden del día y que encuentras en cualquier noticiario; como la violencia machista o las dificultades para conciliar vida laboral y familiar que tenemos especialmente las mujeres. Son aspectos que vivo yo misma o que veo a través de la experiencia de otras personas. Lo más preocupante es que algunos delitos que incluyo en el libro están inspirados en casos reales.

Y, para acabar de complicar la vida de su protagonista, decide presentarle a un juez atractivo que se empeña en conquistarla.

Es bastante común que después de la  maternidad la mujer se sienta poco atractiva. Yo misma lo he experimentado. Y si de pronto llega alguien y te llama la atención o te colma de atenciones pues es inevitable sentirse desconcertada. Eso es lo que le ocurre a Amaia.

Ahora que se acerca el final de la trilogía, ¿se siente tentada de cambiar de idea y escribir más entregas?

La historia está pensada desde el principio y culmina con la tercera parte. Pero no descarto en un futuro recuperar a Amaia porque es un personaje que me gusta muchísimo, pero sería en otra historia diferente.

Esperaremos entonces a que se publique Ofrenda a la tormenta.

Sí. Yo, por mi parte, espero no perder nunca esa sensación de estómago encogido que sientes cuando se va a publicar una novela. Es un símil con la creación de la cocina: es verdad que puedes cocinar para ti solo pero todos sabemos que es muy triste. En ambas actividades se alcanza la máxima plenitud cuando es otro el que lo disfruta. La mayor gloria de un cocinero es que otro disfrute de sus platos y la mayor gloria de un escritor es tener lectores que le lean y le disfruten.

 

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Las cubiertas

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