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Curtis declaró que esta era la última película que dirigía.

 

Richard Curtis es guionista de películas como Cuatro bodas y un funeral (1994),  Notting Hill (1999) o las dos partes de El diario de Bridget Jones (2001 y 2004) y debutó en la dirección con un clásico de las comedias románticas, Love Actually (2003). Tras  Radio encubierta (2009) estrena su tercera película como director: Una cuestión de tiempo. 

El filme podría definirse como una comedia romántica con viajes en el tiempo, pero sería injusto porque su verdadera premisa parte de un planteamiento mucho más existencialista: ¿qué haríamos si pudiésemos tener una segunda oportunidad para todo? Tim (Domhnall Gleeson, Levin en la última adaptación de Anna Karenina y un gran descubrimiento como actor cómico) está a punto de saberlo ya que su padre (Bill Nighy, actor fetiche de Curtis) le regala por su cumpleaños una confesión sorprendente: los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo. Pero como le advierte, “no puedo asesinar a Hitler o montármelo con Helena de Troya, desafortunadamente”, pero sí pueden cambiar pequeñas acciones de sus propias vidas. Basta con entrar a un lugar oscuro, cerrar bien los ojos, apretar los puños y pensar en el momento al que deseas ir.

Cuando Tim conoce a la dulce Mary (Rachel McAdams, El diario de Noa) comprende que aquello de que “nunca se tiene una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión” no es justo y empieza a usar su don con el fin de que su historia de amor sea perfecta. Tras esta primera parte, que corresponde a la recurrente fórmula chico conoce a chica, Curtis opta por un giro radical y exaltar el amor desde otras perspectivas, especialmente el de Tim con su hermana Kit Kat (Lydia Wilson, la princesa raptada en la serie Black Mirror) y, con su padre, un amante del ping pong y de la canción  Il mondo de Jimmy Fontana. Precisamente, su amor por ellos le hará ver que su don no es tan mágico como creía, ya que no puede evitarle momentos de sufrimiento y dolor sin que el  efecto mariposa provoque un desastre en sus vidas.

A Una cuestión de tiempo quizá le sobran unos cuantos minutos de metraje pero, tal y como ya va siendo habitual en los filmes de Curtis, las intervenciones de unos personajes secundarios de lujo (el tío del padre de Tim, el escritor gruñón o los amigos de los protagonistas) aportan momentos hilarantes y desenfadados que amenizan la trama. Richard Curtis ha declarado que este será su último trabajo como director porque desea pasar más tiempo con su familia y después de haber visto Una cuestión de tiempo creo que se despide con el mejor homenaje (al cine y a su familia) posible.

 

Patricia Tena

 

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Tráiler

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