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No me resulta fácil escribir sobre un libro que ha sido comentado y leído ya por muchas personas y que ha despertado grandes entusiasmos. El autor nos narra de forma torrencial, con su maestría habitual, aspectos de su vida y de la de su familia ligados a esa Barcelona de los sesenta en la cual fue niño y adolescente. Marcos Ordóñez nació en 1957, yo nací casi diez años antes y la vida cambió mucho en esos años aunque nos pareciesen años inmóviles. Por eso a menudo me siento bastante diferente de esa generación más joven, tan alejada en muchos aspectos de la mía.

No resulta difícil emocionarse con todas las evocaciones de ese jardín abandonado por los pájaros de un tiempo y de una realidad. Lugares, costumbres, maneras de ser de la gente, barrios, parientes, vecinos entrañables. La prosa de Ordóñez es como una especie de torrente vital que nos arrastra y quizás en su mismo exceso a mi entender, esté la posible debilidad de una narración que ni es novela ni es sólo recuerdo sino literatura en estado puro.

Muchas de las anécdotas sobre personajes célebres, como Méller, eran bien conocidas, al menos por la gente de mi entorno. Sin embargo parece que no es así por parte de esa misma generación que nació a finales de los cincuenta o principios de los sesenta. Cuando esa generación  llegó a la juventud, en tiempos movidos y rebeldes, se olvidó en parte de todo un imaginario sentimental que ahora parece querer recuperar de forma algo mitificada. Me gusta que en el libro se trate a los familiares y conocidos, incluso a aquellos que no fueron cómo debían o se esperaba, con respeto, con comprensión y con ternura. Para poder hacerlo hay que llegar a una cierta madurez a la que, sin duda, ha llegado el autor.

Se juzga hoy a menudo el pasado de forma maniquea, sin entrar a fondo en los motivos que podían impulsar a alguien a ser de derechas o a escoger la profesión de policía en tiempos grises. Todas las generaciones tienen en algún momento la necesidad de recuperar el pasado, a reconciliarse con él, a hacer evidente que pasó todo aquello que, mientras sucedía, no nos parecía tan importante. Tenemos muchos y buenos ejemplos literarios en todas las lenguas.

El libro ha conectado en profundidad con personas de esa generación, que nacieron a finales de los cincuenta o principios de los sesenta i que vivieron en Barcelona en esos años. No sé si los jóvenes captarán del mismo modo todos esos matices personales, sociales, culturales, ese imaginario sentimental que parecía indestructible, eterno, como nos parecen las cosas cuando somos niños. La verdadera historia no se encuentra en los manuales académicos, convencionales, sino en esta literatura entre la narrativa y la autobiografía personal. Para poder hacernos una idea aproximada de los sucesos importantes de esos años hay que recurrir a fuentes íntimas, recorrer ese jardín y tantos otros con la mente abierta, incluso con algunas fotografías en blanco y negro a nuestro lado. Quizás una lentitud más intencionada habría contribuido a mejorar la percepción sobre esa época, cuando no hay una complicidad generacional no es fácil entrar a fondo en el pasado no vivido.

 

Julia Costa

 

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Un jardín abandonado por los pájaros / Marcos Ordóñez / Editorial El Aleph / 1ª edición, 2013 / 480 páginas / ISBN 9788415325741

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