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Aunque The New York Times dijera que el alemán Hans Keilson era “uno de los mejores escritores del mundo”, lo cierto es que hasta hace unos pocos años era un autor todavía desconocido en España. Me aventuraría a decir que todavía lo es, a pesar de que la editorial Minúscula ha publicado en castellano tres de sus libros. En 2010 nos llegaba La muerte del adversario, una obra perfecta que retrataba el advenimiento del nazismo y cómo un joven judío intentaba asimilar la figura de Hitler y los efectos que producía en su entorno. Un año después, se publicó Una comedia en tono menor, en la que  un judío, huyendo de Alemania, se escondía en casa de unos holandeses a la espera de que acabase la Segunda Guerra Mundial. El tercer título aparecido es Ahí está mi casa, un texto breve que contiene recuerdos y escenas de la vida de Keilson.

El propio escritor alemán, hijo de un comerciante de telas judío, fue un superviviente del nazismo. Nació y creció en Alemania, donde se formó cursando estudios de medicina y música aunque sobre todo ejerció como profesor de educación física en colegios judíos de Berlín. En 1933 publicó su primera novela autobiográfica (La vida sigue) y fue precisamente gracias al consejo de su editor (“Oskar Loerke tenía una especie de intuición campesina; creo que presintió con exactitud lo que se avecinaba”), que decidió marcharse a Holanda son su esposa, pensando que allí podría dedicarse a la investigación y, sobre todo, ser libre. En 1940, sin embargo, las tropas alemanas entraban en los Países Bajos, lo que hizo de Keilson uno de tantos judíos ocultos en tierra enemiga: “los holandeses tienen fama de haber sido los polacos de Occidente. Proporcionalmente, no hubo ningún otro país ocupado en el que tantos judíos fallecieran o fueran enviados al exterminio”, cuenta el autor en el libro. Sus padres, que también llegaron a Holanda, fueron enviados al campo de concentración de Birkenau (Auschwitz), donde murieron, un hecho que marcaría su vida y su literatura para siempre.

Para el lector que se acerque por primera vez a Keilson, la mejor puerta de entrada es La muerte del adversario, bajo mi punto de vista su mejor obra. Es una ficción sobre el nazismo (sin nombrarlo en ningún momento) con tintes autobiográficos llena de inteligencia, matices y, sobre todo, reflexión. “Ya de joven, lo que me empujaba en realidad, no era la ambición literaria, sino el hecho de empezar a definir mi tristeza; era eso, que no podía aceptar la definición que mi enemigo pretendía adjudicarme y que no quería hacer lo mismo con él. Porque el odio es una doctrina autodestructiva”, explica el autor en una exhaustiva entrevista con su editor alemán, Heinrich Detering, que cierra la edición de Ahí está mi casa.

De hecho, el orden de publicación de la novelas de Keilson que está llevando a cabo la editorial Minúscula puede ser un buen orden de lectura. Tras La muerte del adversarioUna comedia en tono menor es la novela con la que el lector podrá aproximarse al mundo en el que se vio encerrado el autor, en Holanda, después de marcharse del país donde se crió y que poco a poco se convirtió en tierra extraña. Este tercer volumen, como indica Keilson, “no iba a ser un libro, empezó como una simple colección de ideas y notas, que iba tomando aquí y allá, cuando no trabajaba. Recuerdos, escenas, cosas que se me ocurrían antes de dormirme y que quería recordar. Por eso las escribí en el ordenador”. Eso es justamente Ahí está mi casa, un acercamiento a su mundo, un catálogo de recuerdos que, a los que nos hemos visto atrapados en el universo literario de Keilson, nos dejará con ganas de más. Su vida, su obra y su personalidad podrían llenar centenares de páginas con preguntas y respuestas que a los lectores nos gustaría cruzar, de algún modo, con este impresionante escritor.

En la entrevista que cierra el volumen, Keilson dice que el principal logro de Sigmund Freud fue “la idea de que hay que contarlo todo, de que uno enferma por culpa de lo que no cuenta, por culpa de lo que proyecta en sus enemigos”. Es una de las muchas reflexiones del padre del psicoanálisis que marcó a Keilson y que dejó huella en sus obras. Vale la pena conocer a este autor que fue testigo de casi todo el siglo XX: nació en 1909 en el municipio alemán de Bad Freienwalde y murió en 2011 en la ciudad holandesa de Hilversum 2011, a los 101 años de edad. En sus últimas entrevistas, todavía compartía un sentimiento que nunca se cansó de expresar: el dolor imborrable de haber perdido a sus padres en Auschwitz.

 

Manel Haro

 

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Ahí está mi casa / Hans Keilson / Editorial Minúscula / 1ª edición, junio de 2013 / Traducción de Carles Andreu / 128 páginas / ISBN 9788495587916

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