En San Petersburgo está la colección de obras de Dalí más grande fuera de Europa / Foto: Manel Haro
En San Petersburgo está la colección de obras de Dalí más grande fuera de Europa / Foto: Manel Haro

 

Dalí siempre está de moda. Aunque ahora se vuelva a hablar del pintor catalán (uno de los más reconocidos internacionalmente) debido a la exposición que organiza el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid (procedente del centro Pompidou de París), el arte de Dalí late permanentemente en diversas ciudades de Europa y Estados Unidos, como Londres, Elsene (Bélgica), Nueva York y Figueres, entre otros. Para los inquietos del arte que residimos en Europa, la ciudad de San Petersburgo en Estados Unidos quizá quede demasiado apartada de una posible ruta turística por el país americano a menos que se quiera disfrutar, de paso, de las playas de Florida o hacer una escapada desde Miami.

Sin embargo, en San Petersburgo, al lado del puerto deportivo y a más de siete mil quilómetros del Alt Empordà donde nació el artista, está el (otro) Museo Dalí, fundado gracias a la pasión por Dalí de Albert Reynolds Morse y su esposa Eleanor Morse, quienes decidieron ubicar su colección allí en los años ochenta después de que otros espacios previos se quedaran pequeños. Un domingo por la mañana uno se acerca con la sospecha de encontrarse con una colección sencilla, una muestra somera del genio de Dalí. El edificio sorprende más por dentro que por fuera pero, viendo las dimensiones, esas sospechas iniciales empiezan a cambiar.

 

'Mercado de esclavos con aparición del busto invisible de Voltaire' (1940)
‘Mercado de esclavos con aparición del busto invisible de Voltaire’ (1940)

 

Tras cruzar la entrada, con paso obligado por la tienda, y pagar los veintiún dólares que cuesta el acceso (poco más de dieciséis euros), el visitante se encuentra con un Dalí joven, todavía alejado del surrealismo que lo hizo popular. El recorrido empieza con una serie de cuadros impresionistas pintados en los años 1918 y 1919, cuando el artista es todavía un adolescente: Vista del Port d’Alger, Playa Port d’Alguer de la Riba de Pichot y El puerto de Cadaqués de noche, entre otros.

Un cartel informa que no es hasta 1925 que a Dalí se le enciende la luz del surrealismo. Lee La interpretación de los sueños de Sigmund Freud y  cataloga la experiencia como “uno de las descubrimientos capitales de mi vida; se apoderó de mí el verdadero vicio de la libre interpretación, no sólo de mis sueños, sino de todo”. Poco después, Dalí viaja a París, donde toma contacto con el surrealismo. De este movimiento, el museo de Florida exhibe piezas como Tres jóvenes mujeres surrealistas que sostienen en sus brazos las pieles de una orquesta (1936), La desintegración de la persistencia de la memoria (1952) y Mercado de esclavos con aparición del busto invisible de Voltaire (1940), entre otras obras que dan prueba también de su ‹‹misticismo nuclear›› (cuando Dalí expresaba la conexión que veía entre el misticismo religioso y la ciencia).

 

'La desintegración de la persistencia de la memoria' (1952)
‘La desintegración de la persistencia de la memoria’ (1952)

 

Precisamente, este último es uno de los más observados por los visitantes, que buscan el busto del escritor francés. Algo parecido ocurre con el óleo Gala mirando el mar Mediterráneo que a una distancia de veinte metros se convierte en el retrato de Abraham Lincoln (Homenaje a Rothko), de 1976. Los visitantes se acercan al cuadro y ven el cuerpo de Gala, la mujer de Dalí, mirando el Mediterráneo por una ventana que muestra una extraña aureola pixelada. Pero al alejarse y cerrar ligeramente los ojos ven, efectivamente, el rostro del presidente estadounidense. Genialidades de Dalí que despiertan el entusiasmo de un público mitad estadounidense y mitad hispano.

En San Petersburgo está la colección de sus pinturas más grande fuera de Europa y recorriéndolas uno puede descubrir la pluralidad que hay en la obra de Dalí, un artista archiconocido por obras como El gran masturbador pero con terreno virgen para explorar por aquellos que han querido conformarse con los iconos de su producción y los tópicos que rodearon su excéntrica personalidad. Y si San Petersburgo queda lejos, no hay mejor oportunidad que visitar la retrospectiva del Museo Reina Sofía de Madrid, hasta el 2 de septiembre.

 

Manel Haro

 

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