Jemeres.1

 

Dejarse llevar por la marea de novedades editoriales hace que nos olvidemos completamente de títulos imprescindibles que salieron hace unos años, que nos pasaron desapercibidos, y que pueden suponernos un auténtico descubrimiento. Vaya, que detenerse un momento a echar un vistazo al fondo de las librerías puede ser un ejercicio tan estimulante como descubrir un baúl olvidado en un desván.

Una de esas joyas que a mí personalmente me pasaron por alto es El infierno de los jemeres rojos, el libro de memorias de la escritora euroasiática Denise Affonço publicado por Libros del Asteroide en 2010, donde relata su lucha por sobrevivir a los horrores de la dictadura camboyana de Pol Pot, un episodio del siglo XX infame, cruel, pero, como tantos otros, olvidados demasiado rápido, y eso que ocurrió treinta años después del genocidio nazi y que en los campos de trabajo de Camboya murieron uno de cada tres habitantes del país (una masacre de la que, sin embargo, nos han llegado pocos libros de testimonios, al menos en España).

Es precisamente por esta razón que las memorias de Denise Affonço son fundamentales, primero porque se han ganado el respeto dentro y fuera de Francia (donde vieron la luz y donde reside la autora), y en segundo lugar porque supone un estremecedor relato en primera persona de la barbarie que llevaron a cabo los jemeres rojos, la organización guerrillera comunista encabezada por Pol Pot que tomó el poder del país tras la Guerra de Vietnam, en 1975, y que pretendía depurar a la población asesinando o reeducando en duros campos de trabajo, donde –como dice la autora- la gente moría “a fuego lento”.

En El infierno de los jemeres rojos se narra justamente eso: la lenta tortura diaria encaminada hacia la muerte. Tener que meterse en campos de arroz infestado de sanguijuelas; no comer más que un tazón de sopa al día sin nada sólido que la acompañe; ver cómo ejecutan a un niño de apenas diez años por robar comida; tener que considerarse afortunado el día que se encuentran lombrices, ratas, cucarachas o raíces para comer porque es la única manera de mantenerse en pie; trabajar larguísimas jornadas estando gravemente enfermo; ver cómo lentamente mueren los hijos, “a fuego lento”, sabiendo que de esa noche no pasarán y que nadie hará nada para evitarlo; que prohíban llorar porque no está permitido mostrar sentimientos; que priven a la población de llevar gafas porque es señal de intelectualidad; que les hagan cavar su propia tumba y luego los asesinen con un golpe de hacha en la nuca; que los verdugos les saquen el hígado a algunas personas (a veces, todavía vivas) para comérselo. Y tantas, tantas situaciones absolutamente sádicas que ponen los pelos de punta.

El infierno de los jemeres rojos es un libro duro, el relato de una persona que lo vio todo, que sintió el dolor más extremo, el físico y el emocional, una mujer que supo lo que fue el infierno y que nunca dejó de preguntarse cómo un ser humano pudo someter a otro a ese sufrimiento, que vio cómo sus hijos morían lentamente desnutridos, que guardó silencio durante años hasta que alguien le dijo una vez, después de todo, que lo de los jemeres rojos no fue para tanto. Tuvo que romper ese silencio, provocado por el dolor y el miedo, y escribirlo: dejar plasmadas sus memorias para la posteridad, ella que consiguió sobrevivir.

 

Manel Haro

 

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El infierno de los jemeres rojos: Testimonio de una superviviente / Denise Affonço / Libros del Asteroide / 1ª edición, 2010 / Traducción de Daniel Rodríguez Gascón / 256 páginas / ISBN 9788492663231

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