Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) se autodefine a sí mismo en la solapa de su última novela como “un escritor calvo que sobrevive a régimen de cervezas y bocadillos de chopped”. Bueno, todo héroe tiene su doping preferido. Popeye las espinacas, Sam Spade el whisky. La dieta de Ravelo tal vez se sitúe en término medio. De momento Eladio Monroy ha protagonizado cuatro novelas, aunque la producción de Ravelo incluye dos novelas más, tres libros de relatos y media docena de libros infantiles. Ahora acaba de publicar La estrategia del pequinés en Alrevés. Una buenísima novela negra.

 

AlexisRavelo42

 

“Los novelistas no debemos intentar demostrar lo inteligentes o lo cultos que somos”

 

Sebastià Bennasar. Barcelona

Has hecho de Gran Canaria tu espacio narrativo, pero no nos presentas una isla amable y turística, sino una isla mucho más cercana a lo real. ¿Cuál ha sido la reacción del público hasta el momento?

Esa es una de las cosas que más parecen gustar de mis novelas. A los locales les gusta mucho que las historias transcurran en sus calles. A quienes solo han venido de vacaciones o no conocen las islas les interesa que se las relate más allá del cliché del sol y playa, enterarse de que aquí también podemos tener agobio urbano y los mismos problemas que hay en otros lugares, aunque acentuados por el aislamiento, un aislamiento geográfico, pero también, en ocasiones, psicológico y hasta anímico.

En La estrategia del pequinés has creado una novela negra sin investigador privado y sin policía (más allá de la testimonial e imprescindible para el desarrollo de la trama). ¿Es una pequeña subversión del género?

Bueno, no me considero nada original y, hasta cierto punto, es muy clásico. La estrategia del pequinés es, en el fondo, una novela de gánsteres, solo que los gánsteres de hoy no tiran de metralletas Thompson ni llevan chaqueta cruzada. Por otro lado, me gustan mucho las novelas de Goodis, Cain, McCoy o Thompson, en las que se indaga sobre los mecanismos (sociales, psicológicos, existenciales) que pueden convertir a cualquiera en un delincuente y en las que la policía juega un papel completamente secundario.

En qué lugar te situarías en la novela negra española, lo digo porque escribir desde una isla no deja siempre de ser visto como una cosa exótica y curiosa, e incluso calificado estúpidamente de periférico desde ese ombliguismo que es Madrid y Barcelona…

No sé dónde situarme. Supongo que los canarios, en cuanto a esta cuestión, vamos en el mismo barco que los vascos, los gallegos, los andaluces o los extremeños. Por suerte, poco a poco, la periferia va ganando al centro. Muchos escritores “de provincias” van accediendo al mercado nacional en los últimos años. En el caso de los canarios suele ser un poco más difícil, porque estamos situados en tierra de nadie entre África, Europa y América. En el asunto de la promoción (la parte menos literaria, pero necesaria), tenemos una clara desventaja, porque a las editoriales les resulta más difícil y costoso desplazarnos. Pero esta condición geográficamente periférica, nos sitúa también en la periferia cultural y eso nos confiere una voz diferente, un tanto peculiar, que yo siempre he defendido como un valor.

Tu libro denota una voluntad de estilo muy marcada. El calor, el bochorno, se palpa, igual las acciones de cada personaje gracias a la frase corta, a los apartados de los capítulos de mucha intensidad. ¿Cómo ha sido el proceso de creación del libro para llegar a esta destilación?

Pienso que el lector de novelas quiere que le cuenten bien una buena historia. Si, además, le hace pensar, mejor; pero, lo segundo no puede darse sin lo primero. Por eso creo que los novelistas no debemos intentar demostrar lo inteligentes o lo cultos que somos (sobre todo porque normalmente el lector lo es más), sino simplemente averiguar qué historia queremos contar y contarla del mejor modo posible. Me interesa ser plástico, incomodar y hacer que el lector no encuentre paja en el libro. Eso sí: corrijo mucho. Rellenar páginas es fácil. Lo complicado es lo que viene después: coger el bisturí y cortar lo que sobra, porque está ahí, metido en medio del texto, entreverado como las vetas de grasa de un jamón. Y nunca estás seguro de haber cortado lo suficiente.

La tuya es una novela de perdedores, pero de perdedores con dignidad…

Me caen mejor los pequeños chorizos (y he conocido muchos) que los grandes. Como nos está mostrando la prensa en estos días, los grandes chorizos pueden recurrir a bajezas inimaginables para conservar su pellejo y sus comodidades; los pequeños, en cambio, tienen líneas rojas que no cruzan jamás, aunque se estén cagando de hambre. Eso, que un ser humano se fije un límite más allá del cual no pasará jamás, le ocurra lo que le ocurra, siempre me ha conmovido.

La desmitificación de la isla (a través del proceso de explicación), la crítica al turismo, a la inmigración, al tráfico de drogas… ¿la novela negra es la gran novela social de nuestros tiempos?

Indudablemente. La novela negra habla sobre el crimen. Y el crimen es una excepción en el orden aparente que instituye el sistema. Cuando se comete un crimen, caen los velos de la ideología, quedan a la vista las contradicciones latentes en el seno de una sociedad. Siempre he pensado que si escritores como Pérez Galdós, Emile Zolá o Víctor Hugo hubieran escrito después de los años treinta, probablemente hubieran recurrido a la novela negra. Las islas, además, son territorio turbio en ese sentido: tuvimos uno de los primeros grandes casos de corrupción (el caso Faycán) y uno de los más grandes de narcotráfico y blanqueo (operación Káiser). Además, la famosa crisis nos está fustigando con mucha saña, porque nuestro sistema productivo era (es) uno de los más endebles del país. Estamos pagando muy caro el error de apostarlo todo a la carta del turismo.

En La estrategia del pequinés hablas constantemente de las últimas oportunidades (para Cora, para Tito, incluso para El Rubio y para Júnior). ¿Estamos ya en la época de estas últimas oportunidades?

Estamos en uno de esos momentos de crisis que muestran hasta qué punto estaba podrido ese sistema que nos pintaban como el mejor posible. Soy de los que piensan que el capitalismo ya fracasó y que estamos en un momento en que se está revolviendo, entre estertores, como una gran ballena blanca que morirá matando y quiere arrastrar a todo y a todos al vientre de los mares. Es ahora cuando realmente hay una oportunidad de cortar las cuerdas de los arpones, permitir que se hunda sola y navegar hacia la costa. Es una última oportunidad, pero una gran oportunidad. Aunque, para aprovecharla, tendríamos que dejar de ser súbditos y convertirnos en ciudadanos.

¿Cómo has acabado publicando en Alrevés, que hoy por hoy es una  de las editoriales de referencia en España en el campo de la novela negra?

Por una coincidencia feliz: Gregori Dolz y yo nos encontramos en Twitter. Comentó que estaban buscando autores de periferia. Le hice un comentario, medio en serio, medio en broma, y, en lugar de espantarme, se dejó querer: le envié una sinopsis y las primeras cincuenta páginas y, felizmente, le gustó y decidieron arriesgarse. Y digo “arriesgarse” porque soy consciente de que apostar por mí constituye un riesgo: en la Península no soy conocido más allá de algunos círculos muy especializados, no escribo novelas sobre polis buenos con final feliz, es muy complicado moverme para las promociones y consumo cantidades ingentes de ron blanco, lo cual me convierte en un sujeto impredecible. Debo decir que estoy como un niño chico el 6 de enero, porque me he encontrado un estupendo clima de generosidad y camaradería poco  tanto con el equipo editorial como con los otros autores del catálogo. Así que, si Alrevés no se arruina por mi culpa, espero que sea el comienzo de una hermosa amistad.

Has tocado diferentes palos en tu trayectoria, la novela, el relato breve, la literatura infantil… ¿hacia donde se dirige tu trayectoria? ¿En qué estás trabajando?

Siempre trabajo en varias cosas a la vez. Acabo de corregir las pruebas de un libro infantil y de una traducción (hecha a medias con Thalía Rodríguez) de El viento y la sangre, de M.A. West. (Creo que es la primera vez que se le traduce al castellano). Además, desde el año pasado trabajo en una novela algo más dura que La estrategia del pequinés, una historia de semen y sangre, escrita en primera persona con un protagonista que es una especie de perro rabioso.

 

_______

La reseña

Clicka para leerla.
Clicka para leerla.
Anuncios