protagoniza la película
Keira Knightley protagoniza la película

 

Podríamos decir, tirando de tópico, que los clásicos nunca mueren, algo que demuestran las diversas adaptaciones a la televisión y al cine de libros como Anna Karenina, del escritor ruso León Tolstói. Pero el reto, pienso yo, no es mantener vivo un clásico, sino saber arriesgar con él, idea ésta que debía vagar en la mente del director británico Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación) cuando se puso manos a la obra con este coloso de la literatura rusa.

A grandes rasgos, la novela cuenta la historia de Anna Karenina (esposa de un aristócrata de San Petersburgo), que cuando va a Moscú a visitar a su hermano, quien ha sido infiel a su mujer, se deja seducir por el conde Vronsky, lo que provoca que la alta sociedad a la que pertenecen los Karenin empiecen a dar rienda suelta a habladurías y le den la espalda a ella. La historia es más o menos conocida por todos, por lo que hacía falta algo innovador, ese riesgo que motivara que tuviera sentido una nueva versión cinematográfica.

Lo que nos propone Joe Wright es una película con una estética que en ocasiones recuerda a algunas películas de Lars von Trier, como Dogville. Me refiero a rodar en un espacio fijo, dotándolo de cierta versatilidad, estimulando la imaginación del espectador. El escenario de un teatro es donde ocurren algunas de las situaciones importantes de la película: ese escenario a veces es un salón de baile, las entrañas de la estación de tren, los palcos de la ópera… En otras palabras, Wright saca provecho de la superficialidad y los escrúpulos de la sociedad rusa de finales del siglo XIX y hace que las contrariedades que vive Anna Karenina sean puro espectáculo para los demás. El director convierte la moral de la sociedad en una pantomima, la exagera, la deforma y hace que la protagonista sea el eje involuntario de todo ello.

Sin embargo, hay algunos aspectos que no me convencen. Lo primero es que no veo a la actriz Keira Knightley en el papel de Anna Karenina. O quizá no es ella y el problema es la caracterización. A veces la veo muy pava, un poco ridícula y desde luego carece de la profundidad del personaje de Tolstoi. Lo mismo que ocurre con Vronsky, el amante, papel que interpreta Aaron Johnson. En cambio, Jude Law (el marido) hace un trabajo magnífico y la caracterización la veo más acertada. Por cierto, que esa falta de profundidad de algunos personajes también está en la propia historia. La Anna Karenina de Wright está muy lejos de la de Tolstoi y de otras versiones cinematográficas: aquí no hay tanto drama ni se palpa tanto  sufrimiento o angustia, lo que hace que el desenlace tenga cierto sabor descafeinado. Por cierto, que si el final nos lo hubiesen servido veinte o treinta minutos antes, la película lo hubiese agradecido.

 

Manel Haro

 

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Tráiler

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