El hogar infinito es la primera novela del escritor madrileño Álvaro Gutiérrez, quien ha trabajado en hostelería, turismo, docencia y desde hace cinco años se dedica a programas de inserción sociolaboral para la integración de población en riesgo de exclusión social. Precisamente su novela gira en torno a la vida en la calle de un hombre que nos cuenta el día a día de la vida sin techo, entre cartones, en pleno centro de Madrid, con unos amigos que han corrido la misma suerte que él. La calle –como dice el protagonista- se mete dentro de quienes duermen en ella, se apodera de ellos, convierte la extrañeza inicial en costumbre y esa costumbre es la que les va devorando lentamente. Su hogar es infinito porque es tan grande como grande es una ciudad. Una primera novela brillante que augura una prometedora carrera para Álvaro Gutiérrez.

 

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“Pese a que existe un mayor grado de conciencia social, el escenario para la población en situación de exclusión ha empeorado considerablemente”

 

Manel Haro. Barcelona

¿Por qué decidió escribir sobre la vida de un indigente?

Desde el punto de vista literario el escribir sobre las personas sin hogar me resultaba muy atractivo, tanto por la escasa presencia que el tema tiene en la literatura contemporánea como por la posibilidad de mostrar una realidad que simultáneamente es muy cercana y muy desconocida para la mayoría de la gente. Además, el hecho de poner la narración en manos de una persona sin hogar me permitía afrontar muchos aspectos de la vida cotidiana y de la sociedad actual desde un prisma muy distinto al que se trata habitualmente, “desde el otro lado del espejo” por así decirlo, incorporando elementos de reflexión de manera continua a lo largo de toda la narración.

¿Cree que con la crisis nuestra percepción de los indigentes ha cambiado? ¿Nos mostramos más comprensivos?

Creo que el empeoramiento generalizado de las condiciones de vida ha traído consigo que todos podamos encontrar en nuestro entorno más o menos inmediato situaciones muy desesperadas. Es cierto que la cercanía con este tipo de situaciones, con el drama del desempleo, de los desahucios, del aumento del número de familias que viven bajo el umbral de la pobreza, ha servido para que muchas personas hayan tomado conciencia y vean de forma más próxima una problemática que antes contemplaban desde la distancia. Esto se está observando no solo ante el fenómeno del sinhogarismo, sino también ante muchos de los problemas que la crisis está poniendo de manifiesto, problemas que en muchos casos se están viendo incrementados por las medidas que se están tomando. Lo cierto es que empieza a ser frecuente, y en cierto modo ilusionante, contemplar cómo cada vez son más las personas que se posicionan ante situaciones que antes apenas les preocupaban.

Cierto…

Sin embargo, paralelamente a este fenómeno, esta crisis también ha traído consigo un incremento en el número y en los perfiles de las personas sin hogar, un aumento de la población que necesita de medidas de apoyo y una disminución generalizada de los recursos destinados a asuntos sociales y a mecanismos de soporte a la ciudadanía. Por tanto, pese a que existe un mayor grado de conciencia social, lo cierto es que el escenario para la población en situación de exclusión ha empeorado considerablemente. Y no olvidemos que las personas sin hogar son seguramente “las más excluidas de entre los excluidos”.

¿Ha querido romper con algunos tópicos al respecto? Por ejemplo, los diferentes personajes que en su novela duermen en la calle, lo hacen por varias razones, algunos por haber llevado malos hábitos de vida, pero otros porque han venido a España a buscar un futuro mejor y no lo han encontrado o sencillamente porque han preferido la calle a la vida que llevaban en casa.

Es cierto que a lo largo de la narración se sucede toda una maraña de personajes, cada uno con un bagaje distinto que le ha abocado a la situación en que se encuentra. Y aunque el tema de las adicciones está muy presente, me interesaba mostrar distintas realidades y no focalizar el problema únicamente en ese ámbito. En este sentido sí creo que El hogar infinito ha supuesto una ruptura de tópicos, ya que la mayoría de la gente suele asociar ambas circunstancias. Incluso en un momento como el actual, en el que el abanico de perfiles de las personas sin hogar se ha abierto considerablemente, hay quién únicamente concibe este fenómeno en un contexto de relaciones causa-efecto entre ambas problemáticas. Supongo que forma parte de ese escudo tras el cual tratamos de refugiarnos, el mismo que  incorpora argumentos tales como el “eso a mí no me va a pasar nunca”.

En su biografía dice que ha trabajo en la hostelería, el turismo, la docencia y la acción social. ¿Le han ayudado estas diferentes facetas de su vida profesional a la hora de entender la vida en la calle?

La verdad es que a lo largo de mi vida he desempeñado trabajos de lo más variado. Creo que ese cúmulo de experiencias me ha enriquecido a nivel personal y en cierto modo se ve reflejado en aquello que escribo. Aunque mi vinculación con el contexto en el que se desarrolla El hogar infinito me viene a través del voluntariado, desde hace casi seis años mi experiencia laboral se circunscribe al ámbito de la acción social, concretamente en el desarrollo de programas de inserción sociolaboral en la Fundación Secretariado Gitano, una ONG de ámbito estatal y europeo que trabaja por la integración de población en situación de exclusión social, principalmente gitana.

¿Una persona que ha vivido varios años en la cárcel puede volver a integrarse fácilmente en la sociedad (tener un trabajo, vivir en un piso…)?

Creo que el tema de la población reclusa y exreclusa es bastante complicado, y aunque en El hogar infinito tiene una presencia muy puntual, me parece interesante el poder profundizar en él. No cabe duda de que existen importantes barreras, tanto internas como externas, para la reinserción social tras un periodo de reclusión penitenciaria. No obstante, existen mecanismos de apoyo, a través de recursos sociales y entidades no lucrativas con importante trayectoria al respecto, que proporcionan itinerarios adaptados en los que se va avanzando en la incorporación a la sociedad. En mi opinión, el éxito de todo este proceso depende mucho de la actitud de la persona y del apoyo que pueda encontrar en ese recorrido.

¿Qué es más difícil: acostumbrarse a vivir en la calle o acostumbrarse a dejarla? De alguna manera da a entender que lo que va devorando por dentro a los personajes no es el impacto de verse en la calle, sino el hecho de verlo como algo normal. ¡Suena duro!

La trama de la novela gira en gran medida alrededor de personajes que llevan ya tiempo viviendo en la calle, personajes que han creado sus propias rutinas para enfrentarse a esa situación. Tal vez la sensación de normalidad venga del hecho de querer reflejar esa cotidianeidad. Es su vida, realmente no la ven normal, pero tratan de seguir adelante. Y en ese camino, en el que el día a día es tan duro, en el que las condiciones son tan difíciles, han acabado asumiendo como cotidiana esa dureza.

La novela se titula El hogar infinito, pero además de un título es una imagen que puede remitir a algo tan bonito como terrible. ¿Cuándo le vino la idea?

Aunque no tengo conciencia del momento exacto en el que se me ocurrió, sí recuerdo que fue en las primeras fases de escritura de la novela. Nada más concebirlo supe que ese iba a ser el título y dejé de barajar cualquier otra posibilidad. Como bien dices, es un título que puede tener esa doble lectura. El hogar infinito es la calle, es la ciudad (Madrid o cualquier otra gran urbe), con todo lo maravilloso que puede ofrecer pero también con todo lo que de inhumano e inhóspito puede tener. Y, además, creo que la novela se mueve también en esa dualidad. Al fin y al cabo, comparten el mismo hábitat personajes con realidades muy distintas, y de las relaciones entre ellos emergen por igual tanto la necesidad, la violencia o la supervivencia, como la amistad, la ternura o el sexo.

Usted, como autor, se muestra muy distanciado de lo que narra, se nota una total neutralidad. ¿Le ha sido difícil?

En ciertos momentos sí, pero era algo que quería mantener a lo largo de toda la narración. Para mí era importante mantener la distancia, huir de los juicios de valor y del dogmatismo, no tomar partido en un tema tan controvertido como el de la novela y dejar que fuese el lector quién lo hiciese, quien fuese sacando sus propias conclusiones según avanzase en la trama.

¿Cree que va siendo hora de que los escritores empiecen a reflejar en sus novelas lo que está pasando con la crisis? ¿O es algo que todavía hay que digerir y darle tiempo?

He de decir que no soy lector de “últimas novedades editoriales” sino que elijo mis lecturas en base a otros criterios, por lo que no sé hasta qué punto el tema de la crisis ha comenzado a tener su reflejo en la literatura actual. No obstante, creo que la crisis está ahí, y a nivel sociológico está teniendo un impacto brutal en varias generaciones, por lo que tarde o temprano comenzará a tener esa presencia que comentas. Basta recordar épocas pasadas y cómo situaciones de gran convulsión y cambio social han tenido su reflejo en la literatura posterior. Podemos encontrar ejemplos de ello en la influencia que la Gran Depresión tuvo en autores como Steinbeck o Dos Passos. No obstante, tampoco creo que haya que forzar su incorporación a nivel inmediato, la situación actual irá encontrando su reflejo literario de manera espontánea.

¿Qué escribirá en el futuro Álvaro Gutiérrez?

Actualmente tengo una novela a medias que ya había iniciado antes de El hogar infinito, así que el futuro inmediato pasa por concluirla y preparar su publicación. No obstante, también guardo en el cajón un puñado de relatos cortos y más a largo plazo no descarto preparar algo en esa línea.

 

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Nuestra reseña del libro

 

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