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Jenn Díaz (Barcelona, 1988) es una escritora muy joven, filóloga, que debutó con una novela extraña, Belfondo, una sorpresa bien acogida por la crítica a causa de su ambición y temática, que algunos amantes de las etiquetas definieron como realismo mágico. Muy distinta en ciertos aspectos pero escrita en el mismo estilo, profundamente personal, nos llega su segunda novela, El duelo y la fiesta (Principal de los Libros).

La nueva novela de la autora, compleja y sugerente, se puede resumir en pocas palabras: una serie de personajes algo extraños, con carencias afectivas graves y problemas de comunicación, se reúnen casi por azar en casa de una poeta moribunda, Blanca Valente, un homenaje de la autora a la poeta peruana Blanca Varela (Lima, 1926-2009). La voz de la escritora llama la atención porque es intemporal, nos evoca a muchos autores y muchas novelas castellanas, aunque con un estilo propio y estructura una historia que nos puede parecer, en tiempos de auge de la novela de género, poco actual o poco comercial.

La gran virtud de esta novela es, precisamente, la constatación de esa gran libertad argumental capaz de atreverse con un tema lleno de tantas sutilidades y matices, sin complejos. No pasa nada o pasa poca cosa pero asistimos al devenir de esos personajes grises, incapaces de afecto, de recibirlo o de demostrarlo, con una incidencia persistente en el tema de la madre, ausente emocionalmente sin ser ni siquiera una mala persona. No es un tema nuevo, no hay ningún tema nuevo en literatura, pero Jenn Díaz consigue establecer una relectura de esos sentimientos tan íntimos, de la dificultad para ser plenamente feliz, de la incomprensión casi asumida y de una incomunicación incomprensible pero absolutamente real, casi física.

Jenn Díaz escribe muy bien y ha sabido encontrar un estilo propio. La novela quizá no resulte redonda del todo y el exceso de inferencias en el discurso mantiene una especie de niebla estilística que en ocasiones nos llega a parecer demasiado reiterativa. El mismo personaje de la poeta agonizante resulta casi una excusa excesiva para reunir en torno a ella a esos seres que sufren sin excesos y que no acabamos de entender qué buscan o qué desean. Sin embargo es un libro de esos que no pasan desapercibidos en el panorama actual si se tiene la suerte, como he tenido yo, de descubrirlo, cosa que no siempre es fácil.

A veces se insiste en la necesidad novelística de qué los personajes progresen y evolucionen. Los de El duelo y la fiesta no lo hacen, continúan con sus vidas y su mediocridad, la muerte de la poeta significará poca cosa más que un recuerdo. Sin embargo hay muy buena literatura en la cual los personajes son de este estilo, sobre todo en la gran novela castellana de los años cincuenta y sesenta, hoy un poco olvidada. La novela lo admite todo siempre que se haga con calidad e inteligencia, virtudes que no faltan en ésta, que sorprende todavía más al considerar la juventud de la escritora. Una escritora a seguir y a tener en cuenta a partir de ahora. La intemporalidad de sus dos novelas puede ocultarnos a una escritora absolutamente contemporánea, que mantiene un blog excelente, muy recomendable, en el cual podemos profundizar en su mundo personal y literario: fragmentodeinterior.blogspot.com.es.

 

Júlia Costa

 

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El duelo y la fiesta / Jenn Díaz / Principal de los Libros / 1ª edición, 2012 / 156 páginas / ISBN 9788493897871

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