Rosa Regàs se ha indignado. La escritora barcelonesa, ganadora del Premio Nadal en 1994 por Azul y del Planeta en 2001 por La canción de Dorotea, acaba de publicar Contra la tiranía del dinero (Now Books en castellano y Ara Llibres en catalán), una reflexión sobre los consecuencias de la dependencia de los ciudadanos y el Estado hacia los bancos y los cambios sociales que ha provocado la crisis económica. Se trata de un ensayo que habla de la necesidad de mirar el dinero con ojos distintos para evitar que la sociedad se siga esclavizando y luche por sus derechos.

 

La escritora barcelonesa reflexiona sobre los efectos de la dependencia del dinero / Foto: Rafa Estévez
La escritora barcelonesa reflexiona sobre los efectos de la dependencia del dinero / Foto: Rafa Estévez

 

“Tendríamos que sacar nuestro dinero de los bancos y volver a la economía realmente doméstica”

 

Manel Haro. Barcelona

¿Qué le empuja a escribir este libro?

Empecé a hacer mis propias reflexiones sobre los españoles ante la crisis. Los españoles vivimos pendientes del consumo, pensamos primero en el dinero y el dinero no nos da la felicidad. Pensar en el dinero nos obliga a trabajar más y eso lo pagamos con nuestro tiempo y el tiempo es lo único que nos hace libres.

En el ‘Preámbulo’ dice que “ha llegado el momento de dejar de ser clientes o esclavos y comenzar a ser o volver a ser ciudadanos que exigen sus derechos y que colaboran al progreso del país”. ¿Lo ve factible? ¿Realmente podemos hacer algo los ciudadanos?

No lo sé, la verdad, nada es solo de un color. Cuando yo hablo de la tiranía del dinero me refiero a la necesidad de consumir que nos ha llevado a no tener como valor más que el dinero. A esto me refiero. El dinero es la medida de todas las cosas, lo que se vende bien tiene calidad, lo que no se vende bien no la tiene; una novela es buena si se venden miles de ejemplares… Por otra parte, la vida de muchos ciudadanos está agobiada por el trabajo que no acaba hasta altas horas de la tarde o de la noche para pagar todo lo que le va a vencer a final de mes, un exceso de gasto del todo innecesario que lo obliga a vender su tiempo para poder pagar. Porque no es con dinero solo con lo que se paga, sino con el tiempo necesario para ganar este dinero, con lo cual nuestro gran tesoro, el tiempo, la vida, va mermando.

A veces preferimos no pensar en eso…

Es el momento de reflexionar, de ver a donde nos ha llevado esta locura del consumo y del imperio de la economía, de rectificar, de defender los derechos que se nos arrebatan, de protestar y de estar despiertos para que la esclavitud que se acerca no nos coja dormidos.

Sobre las políticas que se están tomando contra la crisis, dice usted que “no hacen más que hundirnos definitivamente en la miseria”. También lo dicen unos cuantos premios Nobel de economía y no hace mucho Barack Obama puso en duda la efectividad de las políticas de austeridad. Sin embargo, no parece que vaya a cambiar nada en las políticas de recortes. ¿Cómo se lo explica?

Si todos los españoles afectados por los recortes para pagar una deuda injusta e ilegal (deuda pública que no es más que deuda privada), protestaran el cambio a mejor sería posible. Si solo son los afectados y los que piensan son muy pocos y el poder con el que luchan es muy grande. Pero ¿qué haría el poder si protestáramos todos? No tendría más remedio que cambiar, rectificar y sobre todo, pensar.

Desde que estamos en crisis, hemos visto a policías golpear a gente que reclamaba sus derechos en la calle, hemos oído decir que hay que replantearse si el derecho a huelga es constitucional o que la resistencia pasiva es delito, hemos visto cómo en algunas ciudades se multa a quienes cogen comida de los contenedores de basura, cada día nos informan de desahucios a pesar de que la Constitución dice que tenemos derecho a una vivienda digna… Pero también vemos las indemnizaciones millonarias a banqueros, oímos noticias sobre indultos incomprensibles… ¿Los ciudadanos estamos despertado de un sueño?

Sí, estamos despertando, pero para conseguir cambiar las cosas aún tenemos que protestar mucho más. Por ejemplo, las huelgas funcionan pero no funcionan del todo porque ya se cuidaron de hacer una reforma laboral siniestra para el trabajador que si tiene familia sabe que si va a la huelga lo echaran con las manos en los bolsillos. Las manifestaciones si funcionan, lentamente pero funcionan, solo hace un año que han comenzado los brutales recortes en España y en Cataluña. No han servido para nada, pero servirán las manifestaciones, tarde o temprano, aunque tendríamos que ser muchos más los que nos uniéramos a ellas. Todo llegará.

Se la ve segura…

Yo creo que tendríamos que sacar nuestro dinero de los bancos, dejar de invertir como hacen los que lo hacen. Volver a la economía realmente doméstica y prescindir de ellos. Así no tendría el gobierno la excusa que tiene que dar dinero a los bancos porque no puede dejarlos caer y a lo mejor pasaría como en Islandia que finalmente se los reconocería como una parte de los grandes culpables y se los metería en chirona. Volver a empezar una distinta relación con el dinero, que el nuestro no sirviera para especular. Cuando el banco gana, ¿a usted le da algo? Pero si pierde por su mala cabeza o porque especula o se adjudica cantidades astronómicas, entonces es usted, y yo y todos quienes pagamos.

¿Considera que la ‘democracia’, tal y como la hemos entendido hasta ahora, ha perdido su valor o ha visto cambiado su significado? En el libro, comenta que se están perdiendo algunos de sus principios. 

El tiempo cambia y nosotros tenemos que cambiar el modelo. Yo creo que lo público lo tienen que gobernar los poderes que nosotros queramos que manden. Y creo que deben desaparecer los privilegios del PP y del PSOE, cambiar la ley electoral. Y cambiar la ley laboral y regular el capital… La democracia no puede ser ésta, en la que sólo quieren que avalemos con el voto sus brutalidades.

 

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