La película de Ozon, inspirada en una obra de Juan Mayorga, ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián

 

Poco a poco y sin hacer mucho ruido, En la casa, la película del francés François Ozon basada en una obra del madrileño Juan Mayorga (El chico de la última fila), va aguantando el tipo en cartelera. Es de esas películas que, aunque se llevó la Concha de Oro en la última edición del Festival de Cine de San Sebastián, funcionan sobre todo por el fenómeno del boca-oreja. Es decir, que el filme no solo ha convencido al jurado del premio y a la crítica, sino también al público (o, al menos, ha despertado su curiosidad).

La acción arranca con la vuelta a las aulas, después de las vacaciones, en un instituto de Francia. El profesor de literatura francesa, Germain (Fabrice Luchini), retoma el trabajo con el entusiasmo de compartir con sus alumnos su pasión por los libros, pero también con el escepticismo que supone descubrir que, un año más, la literatura no interesa demasiado a los adolescentes con los que le ha tocado bregar. Sin embargo, antes de que al docente le dé tiempo siquiera de desanimarse, descubre el interés por la escritura de uno de los chicos, Claude (Ernst Umhauer), quien, en un rutinario ejercicio de redacción, decide empezar una serie de capítulos sobre la vida en la casa de un compañero de clase, Rapha (Bastien Ughetto).

Rapha es un muchacho corriente, algo tímido, hijo único de un matrimonio de clase media que ha logrado estabilizar sus vidas en una gran casa. Desde fuera, todo parece ideal, Rapha puede considerarse un chico afortunado, algo que no ha pasado desapercibido a Claude, hijo de un padre dependiente con problemas de movilidad y de una madre que los abandonó hace ya muchos años. Claude sueña con entrar en esa casa, saber cómo es vivir en un hogar de clase media y, cuando lo consigue, escribe. Así, Germain se convierte automáticamente en su primer confidente, quien le indica cómo escribir mejor, qué detalles es preferible obviar para convertirse en un escritor respetable y qué aspectos merecen más atención.

Todo pasaría por ser un juego inocente entre un profesor, que cada año está a punto de perder la esperanza de que a sus alumnos les interesen sus clases, y un chico que reconstruye su vida a través de la escritura, pero la situación se vuelve demasiado inquietante. Tan inquietante como adictiva. Germain, que no tiene hijos, proyecta en Claude sus aspiraciones frustradas de ser escritor, mientras Claude se convierte en una especie de Sherezade que narra para sentirse vivo mientras alimenta la curiosidad de su profesor. Las interpretaciones de Fabrice Luchini y Ernst Umhauer son excelentes, otorgando a sus personajes unos matices que el espectador sabrá apreciar: el relato no está solo en las palabras, sino también en los gestos. En la casa es, en definitiva, una película bien resuelta, donde la frontera entre ficción y realidad se diluye y donde los conflictos personales se van cruzando constantemente. Estimulante versión cinematográfica la que hace Ozon de la pieza teatral de Mayorga.

 

Manel Haro

 

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Tráiler

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