A este abuelo le va la marcha. No solo ha recorrido mundo, se ha visto implicado en episodios fundamentales del siglo XX y ha conocido a destacados líderes del planeta, sino que, además, a sus cien años, ha decidido que ya está harto de vivir en una residencia. Y entonces, sencillamente, abre la ventana y se larga. En ese punto empieza la novela del escritor sueco Jonas Jonasson, título que se ha convertido ya en una de las revelaciones más destacadas del 2012.

De El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Salamandra en castellano y La Campana en catalán) hay que señalar sobre todo su originalidad. Ya desde el principio, Allan Karlsson –el anciano protagonista- enseña al lector su carácter excéntrico, fruto probablemente de que el hombre ya está de vuelta de todo, es un pícaro y además no tiene nada que perder. Es por esa razón que, cuando está a punto subirse a un autobús con destino a donde le alcancen las cincuenta coronas que tiene en el bolsillo, no duda en robarle la maleta a un joven que le ha pedido que se la vigile mientras va al baño. Una pillería, un gesto sin más importancia que asegurarse que tendrá alguna camiseta para cambiarse en los próximos días. Sin embargo, al abrir esa maleta, descubre que, de pronto, es millonario. Y, ¿qué puede hacer un hombre de cien años que se ha largado de una residencia con tanto dinero? Tratándose de Allan Karlsson, cualquier ocurrencia lejos de la racionalidad.

Jonas Jonasson plantea un viaje personal atípico, surrealista, exagerado, una trayectoria vital que marca la personalidad de este abuelo. El autor alterna la aventura del presente con sus experiencias de juventud y es esa manera de estructurar el relato lo que otorga originalidad a la novela, porque cada flashback se convierte en un episodio en el que el protagonista se ve envuelto en situaciones inverosímiles, casi ridículas, pero siempre ocurridas con algún personaje histórico como Mao Tse-Tung, Franco, Harry Truman o Stalin. Tan hilarantes son esas vivencias, que al lector no le queda más remedio que reírse del disparate en el que Karlsson convierte cualquier instante trascendental. Leyendo esas escenas de juventud dejamos de ver extraño su comportamiento al fugarse con una maleta llena de dinero, unos amigos casi tan extravagantes como él y hasta una elefanta.

Quizá es por esa razón que hay un momento en la novela en que algo empieza a fallar. Cuando ya conocemos bien a Karlsson y nos hemos divertido con sus escenas de presente y pasado, resulta que todavía quedan cien páginas y ya nada va a cambiar. Es decir, que sus batallas pasan a ser batallitas, que sus ocurrencias ya las hemos leído unas cuantas veces y a medida que nos acercamos al final -permítanme la licencia- el relato chochea. Jonasson demuestra haber tenido una buena idea y haber sabido estructurar bien la novela, pero, en cambio, no ha sabido cerrar la historia a tiempo, justo antes de que el lector tenga la sensación de que el último cuarto del libro es más bien un catálogo de repeticiones. El autor exprime tanto al personaje, que al final lo acaba agotando.

 

Oriol Girona

 

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El abuelo que saltó por la ventana y se largó / Jonas Jonasson / Editorial Salamandra / 1ª edición, 2012 / Traducción de Sofía Pascual Pape / 413 páginas / ISBN 9788498384161

L’avi de 100 anys que es va escapar per la finestra / Jonas Jonasson / Edicions La Campana / 1ª edición, 2012 / Traducción de  Lluís Solanes / 411 páginas / ISBN 9788496735651

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