Andrés Pérez Domínguez, que ganó en 2009 el Premio Ateneo de Sevilla con El violinista de Mauthausen (Algaida), apuesta nuevamente por la Segunda Guerra Mundial como marco histórico para su nuevo libro, El silencio de tu nombre (Plaza & Janés). En él, los amantes Erika Walter, viuda de un agente secreto alemán, y Martín Navarro, ex miembro del PCE, arriesgarán sus vidas para que los intereses ocultos de altos cargos salgan a la luz y así poder vivir su romance fuera de peligro. La novela, que es mucho más que una historia de espías, reflexiona sobre la supuesta neutralidad de España respecto al nazismo.

 

El autor sevillano regresa tras 'El violinista de Mauthausen'

 

“Quizá España fue neutral durante la Segunda Guerra Mundial, pero no inocente del todo”

 
Patricia Tena. Barcelona (Texto y foto).

¿Cómo nace la trama de El silencio de tu nombre

Mi anterior novela, El violinista de Mauthausen, surgió tras ser testigo de una imagen muy poética: vi a una pareja bailando sin música en el metro de Viena. En cambio, con El silencio de tu nombre no ha sido así; no ha sido un relámpago, sino un proceso más cerebral. Si con mi anterior libro quise recordar que los españoles también sufrimos el Holocausto, ahora mi objetivo era ir un poquito más allá y poner el dedo en la llaga. Los españoles fuimos neutrales durante la Segunda Guerra Mundial, pero dejamos extraer a los nazis wolframio del norte de España para enriquecer los blindados y proyectiles de su maquinaria bélica, hicimos negocios con ellos, compramos oro suizo durante la guerra y no hay que olvidar que la mayor parte de ese oro procedía del expolio al que fueron sometidos los países ocupados por los alemanes… Por si fuera poco, después de la guerra nos encargamos de acogerlos y ocultarlos. Tras reflexionar sobre esto llegué a la conclusión de que quizá sí fuimos neutrales, pero no inocentes del todo.

Varias de sus novelas están ambientadas en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo intenta superarse en cada una de ellas y aportar información novedosa?

Hace poco leí una entrevista con George R.R. Martin, autor de  la saga Juego de Tronos, donde decía algo con lo que me sentí muy identificado: “Cuando estoy escribiendo sólo somos mis personajes y yo”. Cuando empiezo una historia sólo me marco como objetivo que esté contada de la mejor manera posible y que emocione al lector. Precisamente he escrito varias novelas ambientadas en ese período porque lo conozco muy bien y, la verdad, reconozco que mis novelas de espionaje son las que mejor se venden.

La acción trascurre en diferentes países, pero España acaba teniendo el protagonismo.

Me siento cómodo llevándolo a mi terreno y enseñando un punto de vista diferente. Quiero demostrar que se puede escribir una buena historia desde esta parte del tablero donde casi nunca se juega la partida. Hace poco leí una reseña sobre la novela que decía que El silencio de tu nombre tiene la intriga, la aventura y la emoción de la literatura anglosajona, pero que también cuenta con la potencia narrativa de la literatura española. Para mí es un gran cumplido.

El silencio de tu nombre es una novela de espías, pero sería injusto calificarla sólo como tal. ¿Podríamos decir que, en general, habla sobre la confrontación entre idealismo y desencanto?

Claro. Me gusta mucho un concepto que acuñó Arturo Pérez Reverte  que es el del héroe cansado. Mis personajes se ajustan a esta descripción: Martín Navarro, Robert Bishop, Erika Walter o incluso Gregorio León, que aún no lo sabe pero también acabará siéndolo. Todos ellos han vivido mucho, han visto demasiado y están de vuelta de todo. Mis héroes son héroes porque no les queda más remedio, pero ya no tienen ganas de seguir siéndolo. Muchos han perdido la ilusión por sus ideales y saben que cambiar el mundo, por mucho que se esfuercen, ya no depende de ellos.

Pero el amor es uno de los motivos más poderosos para seguir luchando, ¿no?

Como dicen en el libro, llega un momento en el que uno tiene que escoger un motivo por el que luchar y hacerlo por una mujer, sin duda, es la mejor causa. En el fondo la única patria para uno es una mujer. Las palabras grandilocuentes como libertad, ambición, fascismo o comunismo acaban por no servir para nada; son papel mojado. Si lo pensamos, representan a unos cuantos tipos que están bien tranquilos en sus despachos de Berlín, Moscú o Londres mientras que los que realmente forman la infantería son los que se manchan las botas de barro y las manos de sangre. En cambio, pronunciar el nombre de la mujer que se ama, siempre reconforta y consuela, no importa lo mal que uno esté.

A pesar de que hay unos protagonistas claros, Martín y Erika, es una novela muy coral en la que cada uno juega un papel determinante en la historia.

Sí, a grandes rasgos podríamos decir que los hombres persiguen causas imposibles y que las mujeres tienen un papel activo, aunque también muy oscuro y misterioso. Tardamos más en saber cuáles son sus intenciones, pero ellas acaban moviendo los hilos. Ellos sueñan con cambiar el mundo, pero ellas son más prácticas. Afortunadamente, esto no es nuevo, lleva mucho tiempo siendo así (risas).

En El silencio de tu nombre aparecen personajes de otros de sus libros. ¿Le quedaba algo en el tintero por contar?

Más bien lo hago simplemente como un guiño al lector. Procuro hacer referencia a personajes de novelas que ya he escrito, que escribiré o que, incluso, no llegaré a escribir. Al hacerlo creo que se crea una especie de vínculo con los lectores que te siguen. A quien haya leído El violinista de Mauthausen le agradará reencontrarse con Robert Bishop y lo mismo ocurre con Artemio Corona de La clave Pinner. Pero si no se han leído tampoco pasa nada porque su presencia en la trama está plenamente justificada y los personajes se entienden de forma independiente.

Seguro que más de un lector querrá que recupere en el futuro a Mercedes Corrientes. 

Yo creo que es un personaje que va a sorprender. Es uno de mis favoritos y tiene mucho que contar. Ha tenido una vida muy triste y ahora solo tiene dinero y ganas de ayudar, aunque a veces eso sea perjudicial para otros a quienes quiere. Ella da sentido a esa frase bíblica que en la novela tiene tanta importancia: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”.

Con El violinista de Mauthausen ganó el Premio Ateneo de Sevilla. ¿Qué aspiraciones tiene con El silencio de tu nombre?

Para mí, la primera función que debe cumplir un libro es entretener. Puedo explicar la historia de la Segunda Guerra Mundial, de los nazis, del wolframio con todo lujo de detalles, pero si no lo hago con una historia que atrape, no interesará a mucha gente. Después, la novela tiene que tener una voluntad literaria y una cuestión moral sobre la que reflexionar. Creo que si cumple esos tres requisitos, puede salir una novela interesante. Y  yo espero haberlo conseguido (risas).

 

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La cubierta

 

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