El día que Ed Mc Bain decidió escribir Odio no sabía que estaba creando un mito de la novela negra norteamericana. Normalmente ningún escritor sabe que está pasando a la historia, simplemente tienen la percepción de que están haciendo algo grande, algo bueno o muy bueno, pero para inscribir tu nombre con letras de molde en la historia de la literatura tiene que pasar el tiempo. Mc Bain creó en esta novela la comisaría del distrito 87, en una ciudad sin nombre (en la que algunos quieren ver un trasunto de Nueva York, pero que podría ser cualquier ciudad americana donde haga mucho calor, tenga un río y una playa no demasiado lejana), y con su creación inventó un nuevo género literario en el mundo de la novela negra: lo que hoy conocemos como procedural o novela de procedimiento, es decir una novela negra en lo que de verdad importa es ver a policías actuando para resolver un crimen.

McBain (seudónimo de Evan Hunter) escribió Odio en 1956 y ahora RBA la ha sacado a la calle en una traducción de Alberto Coscarelli que mantiene el estilo incisivo del neoyorquino, capaz de escribir fragmentos como estos:

 

“Un hombre lo encontró a las once y cincuenta y seis, y fue a llamar a la policía. No existía apenas diferencia entre el ciudadano que corrió por la calle hasta la cabina de teléfono y Mike Reardon, quien yacía encogido y muerto sobre la acera.

Excepto una.

Mike Reardon era un poli”

 

Si hay algo que tiene Mc Bain es precisamente esto, un estilo. Quien fuera el adaptador de Los pájaros para Hitchcock domina con absoluta precisión cada una de las palabras de una frase. Nunca se demora en detalles innecesarios, nunca nos lleva por vericuetos tramposos. Mc Bain se ha convertido en un clásico de la novela negra siguiendo una premisa clave: una cierta búsqueda de la verdad, traducida en una búsqueda de la verosimilitud. McBain no inventa ningún detective privado, inventa un personaje coral que es una comisaría de policía. Y eso convierte este libro en un pilar fundacional para la historia de la novela negra, porque en esa creación de un personaje colectivo –con algunos protagonistas que sobresalen por encima de los demás y que son los que conducen a la resolución del crimen- marca un hito. Mc Bain no necesita crear un justiciero que sea heredero del cowboy solitario, simplemente se limita a describir el trabajo policial en una ciudad, con sus luces y sus sombras, especialmente sus sombras, y ahí inicia un cambio de paradigma, abre una posibilidad, demuestra que los caminos para hacer una excelente novela negra no excluyen la posibilidad de que sean los policías los que investiguen asesinatos, y que además lo hagan de forma colectiva y de forma bastante profesional.

Tal vez conviene trazar un par de líneas del argumento de la novela, sin explicar nada que no se pueda revelar. Es verano, hace mucho, muchísimo calor (McBain consigue hacerte sudar incluso en habitaciones con aire condicionado, algo que sólo está al alcance de un auténtico maestro de la escritura) y alguien se va cargando a detectives de la comisaría87. Apartir de aquí se inicia la caza del asesino y la lucha por la supervivencia y el lector se ve a si mismo casi formando parte de esa cacería, empatizando por completo con unos policías a los que la ética les importa bastante poco, y que no dudan en emplear todos los métodos a su alcance.

Un periodista soplón, unas bandas callejeras, una mujer fatal –siempre hay una mujer fatal y en esto McBain es redomadamente clásico-, los policías haciendo su trabajo, una chica muda y un montón de bares completan el panorama de una novela que no ha envejecido para nada, porque para los clásicos no pasa el tiempo.

 

Sebastià Bennasar

 

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Odio/ Ed McBain / RBA Libros / 1ª edición, 2012 / 222 páginas / Traducción de Alberto Coscarelli / ISBN 9788490062586

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