A pesar de los fantásticos trabajos del historiador Francisco Veiga, la historia de ese pedazo de tierra encrucijada de naciones, pueblos, lenguas y religiones llamada genéricamente los Balcanes es muy poco conocida en nuestros lares, y eso a pesar que cada dos por tres se cuelan por la pantalla de nuestros televisores en los noticieros. Ahora RBA acaba de publicar –mejor dicho, de reeditar-, una espléndida novela, El barco de los grandes pesares, de Dan Fesperman, que viene a confirmar que la literatura es una de las mejores maneras de explicar la historia. O por lo menos de explicar una parte de la historia. Y si la literatura es de la buena y está enmarcada en el género negro todavía mejor.

El 15 de junio de 1389 el campo de los Mirlos, una llanura situada a cinco quilómetros de Prístina, la capital de Kosovo, quedó saciado de sangre. Las tropas serbias perdieron una batalla que dio inicio a más de cinco siglos de presencia del Imperio Otomano en los Balcanes. En el discurso de conmemoración del 600 aniversario de la batalla, Slobodan Milosevic encendió los ánimos de los Serbios y renovó un viejo sueño, el de la Gran Serbia, una nación en la que los serbios tendrían salida al mar y en la que la religión ortodoxa sería la mimada. Tito, el héroe partisano que había impuesto una tercera vía entre el estalinismo y el capitalismo ya llevaba nueve años muertos y Yugoslavia volvía a ser el polvorín a punto de estallar. Una vez más. Como en los 600 años anteriores. El resultado ya lo conocemos: la guerra de los diez días en Eslovenia; la guerra en Croacia entre 1991 y 1995 y la guerra en Bosnia entre 1991 y 1995, el asedio de Sarajevo durante más de tres años y enclaves geográficos inolvidables: Mostar, Sebrenica, Vukovar. Y después Kosovo, los bombardeos sobre Belgrado y la reordenación del mapa europeo: Croacia, Eslovenia, Serbia, Bosnia, Montenegro y Kosovo –no reconocido por España en otro brillante fracaso de su política internacional.

Pero esta historia reciente ha tenido otros hitos importantes: la primera y la segunda guerra de los Balcanes (1912-1913) y la oscura participación de los croatas en la Segunda Guerra Mundial, con la Ustachi, la milicia nazi local, y el campo de concentración de Jasenovac como principales referentes (eso sí, mucho más desconocidos que otras atrocidades de Hitler y sus compañía SS).

Con todo este material, Dan Fesperman (Charlotte, 1955) ha creado una novela negra en la que un policía bosnio refugiado en Berlín y dedicado a la construcción, Vlado Petric, deberá colaborar con miembros del Tribunal de la Haya para capturar por un lado a un antiguo criminal de guerra de Jasenovac y por el otro a un general responsable de las matanzas en Sebrenica. Y además se verá envuelto en una investigación para saber qué hizo su padre durante la II Guerra Mundial. El tema de la memoria es el gran tema de la novela, junto con el de la responsabilidad. Fue precisamente ese tema el que conllevó el malestar a final de los 60 en Alemania cuando los hijos se preguntaron qué habían hecho sus padres en la Guerra y es este el tema de buena parte de la literatura centroeuropea contemporánea: el de la culpa y su expiación.

Fesperman construye una novela con un ritmo endiablado en la que los Balcanes se erigen como una alegoría del mundo contemporáneo. Todos tenemos nuestros muertos. Y todos tenemos una memoria que a menudo molesta demasiado –basta ver lo que le ha costado al juez Garzón pretender investigar los crímenes del franquismo y basta ver el ridículo de la Academia de la Historia en su diccionario-. Y Fesperman apela al sentimiento, a la víscera, para que el lector, después de leer el libro, se interrogue por sus propios pasados. Esa es la grandeza del libro, la de inquietar.

Después tenemos una trama muy bien construida en la que aparecen altos funcionarios europeos y americanos, el departamento de Estado, la colaboración americana en la huida de determinados nazis, la colaboración de la iglesia desde Roma en la conocida como la ruta de las ratas –la que colocó al dictador Ante Pavelić como ayudante de seguridad de Perón (en total fueron más de 34.000 los croatas huidos a Argentina- unos buenos personajes, un uso muy inteligente de los diálogos y una perfecta dosificación de la información. Fesperman escribe de una manera excelente y este es un libro que conllevará dos acciones inmediatas: la constatación de saber muy poco sobre un territorio que está a poco más de dos horas de avión y la avidez por querer solucionarlo. Una vez más la novela negra se convierte en fuente para la historia, bebe de ella y nos demuestra que la memoria es un lugar muy peligroso.

 

Sebastià Bennasar

 

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El barco de los grandes pesares / Dan Fesperman / RBA Libros / 1ª edición, 2012 / Traducción de Fabián Chueca / 408 páginas / ISBN 9788490062524

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