Cuando Toni Hill, traductor, decidió probar suerte y saltar el burladero, poco podía imaginar que la jugada iba a salirle tan bien. La friolera de ventas de El verano de los juguetes muertos (Debolsillo) ha hecho que su primera novela se convierta en bestseller. Asegura que le fascina el género negro, que lo tiene enganchado, que disfruta con él. Y sólo hace falta leer su obra para confirmarlo. El inspector Héctor Salgado vuelve a la escena barcelonesa, a lo grande, cargado de viejos misterios y atento a nuevas preocupaciones. En Los buenos suicidas (Debolsillo; Els bons suïcides en catalán), Toni Hill, el autor ya consagrado, destripa el infinito universo de las culpas compartidas y de las mentiras solitarias. Y, en definitiva, nos lanza ante el miedo atroz de traspasar esa línea roja ante la cual jamás imaginamos llegar a estar.

 

Toni Hill fue uno de los autores revelación del 2011 con su primera novela / Foto: Laura De Andrés

 

“Los suicidas no son ni cobardes ni valientes, simplemente son personas desesperadas”

 
 
Laura De Andrés. Barcelona

Viendo el título de su última novela, ¿cree que existen buenos y malos suicidas?

No lo creo, sinceramente. Es un título bonito, que funciona. Pero el suicidio es un tema muy complicado. No creo que existan buenos y malos suicidas. En todo caso, los suicidas son personas tristes y desesperadas.

Y pecadores mortales, según la Iglesia.

Sí, un pecado mortal para el que no existe ningún eximente. Supongo que porque se trata de un pecado del que no nos vamos a poder confesar. Y eso es lo que realmente le gusta a la Iglesia: pecas, te confiesas, te arrepientes, y ellos te perdonan. Evidentemente, en el caso del suicidio esta sucesión no puede cumplirse, porque no hay tiempo para ello. Por eso, simple y llanamente, ellos te sentencian. No deja de resultarme curioso que siempre parecen existir agravantes y eximentes para el pecado, menos en el caso del suicidio. Para la Iglesia, el suicidio en sí mismo ya es un pecado mortal. Sin más explicaciones posibles.

Los personajes de su última novela llegan a un punto límite, un punto que unos deciden traspasar y otros no. En todo caso, todos ellos arriban a un punto de no retorno. 

Lo que más me atrae del thriller o de la novela negra, como se le quiera llamar, es precisamente esa posibilidad de instalar el crimen entre la gente normal. Es decir, entre personas que en condiciones normales o habituales jamás hubiesen cometido un crimen o se hubiesen visto involucradas en uno. Que, en realidad, es lo que nos sucede a la mayoría de la gente. Los protagonistas de la novela son este tipo de personas, que en un momento determinado cometen un error que les precipita a una estación de no retorno. Una situación no prevista que les obliga a ocultar, a mentir. Un punto en el que ya puede suceder cualquier cosa. Porque, una vez has traspasado una línea determinada, las opciones de marcha atrás son muy difíciles. Como si el camino se difuminara y sólo pudieras ir hacia adelante.

Una situación de crisis como la que vivimos, ¿acentúa este traspaso de líneas rojas?

Sí, de alguna manera. Si no lo acentúa, tampoco le pone obstáculos. La gente está mucho más desesperada que antes, y se aferra aún más a aquello que tiene. En condiciones normales, los personajes de Los buenos suicidas, que tienen en común la empresa en la que se desarrolla el foco del problema, lo más probable es que hubieran abandonado su puesto de trabajo, y punto. Ahora, sin embargo, en la situación actual, ¿quién se va y adónde? No tenía intención de hacer una novela sobre la crisis, pero no puedes dejar de impregnarte de esta sensación generalizada de desánimo. De hecho, esta trama se sitúa un año atrás…

…cuando aún no se había producido el caso de Dimitris Christoulas, el jubilado griego que decidió acabar con su vida porque le habían aniquilado cualquier posibilidad de supervivencia…

¡Exacto! Aunque, sinceramente, dudo que la gente se suicide sólo por motivos económicos. No sé, quizás me cueste creerlo. Se suman otros motivos: la falta de esperanza, la carencia de un entorno que te apoye, el estar solo. En nuestra sociedad existe un importante problema de soledad, anterior a la crisis. Lo que sucede es que la soledad, con dinero, se lleva mucho mejor.

El índice de suicidios se ha disparado en Grecia, en Portugal…

Por supuesto, el condicionamiento económico agrava la situación. Pero creo que también se producen aquellos estados de desesperación en los que el suicidio no es el resultado de una acción meditada, sino espontánea. Creo que todos, en algún momento, hemos pasado por un momento de llámale neuras adolescentes, llámale desengaños de la edad adulta. Y tomar esa opción no debe ser fácil.

¿Un suicida es un valiente? ¿Un cobarde?

Ni lo uno ni lo otro, simplemente es una persona desesperada. Y que quizás haya llegado a este punto tras un proceso de puro razonamiento, como en el caso de enfermos terminales que deciden acabar con su vida antes de suponer una carga demasiado pesada para aquellos a los que quieren. Pero no se es ni más valiente ni más cobarde por ello. Un suicida siempre es una persona desesperada.

Acota la nueva trama en un ámbito restringido, el de una pequeña empresa…

¿Cuántas horas pasamos en el trabajo? Más que en casa, más que con tu pareja, con tus hijos, con tus amigos. Y más aún en trabajos con cierto nivel de exigencia, donde la flexibilidad se convierte en arma de doble filo y te esclaviza aún más. Por esta razón, el ámbito laboral me parece fantástico para desarrollar cualquier tipo de novelas: se da suficiente contacto entre los individuos como para que se produzcan una serie de odios feroces, pero también amistades, romances, etc. En una empresa, todos los elementos de una sociedad se reproducen. Y, además, ésta está dirigida por una serie de normas, que básicamente se imponen a los trabajadores. El juego de fuerzas que se desarrolla en una empresa da muchísimo juego.

Con El verano de los juguetes muertos nos asamos con el bochorno barcelonés. Ahora quiere que nos helemos de frío. 

Todo el mundo sabe que el calor de Barcelona es un agobio, ¡pero aquí también hace frío! Quería reflejar también esta Barcelona, la otra cara del clima mediterráneo. Por eso esta novela me ha salido más oscura que la anterior, donde los personajes estaban más tiempo en la calle. En Los buenos suicidas, los personajes pasan de puntillas por las calles de Barcelona, están más encerrados.

Con frío o calor, se mantiene firme en su decisión de huir de la Barcelona de postal. Su primera obra ha sido profusamente traducida. Sus lectores extranjeros deben estar perplejos  ante esta Barcelona, la real, la que ellos desconocen. 

¡Pero les gusta! Mi relato no podría haber pasado en cualquier otra parte del mundo: sólo en Barcelona. Y no únicamente por el skyline de la ciudad, sino principalmente por el carácter de los personajes.

Incluso el inspector Héctor Salgado se ha empapado ya de este carácter tan nuestro.

Exactamente. Incluso Héctor, al que traje para dar una mirada de Barcelona desde fuera, pero que lleva ya 20 años aquí, que se casó con una catalana. Vamos, más de aquí, imposible.

En la última edición de la BCNegra le pudimos oír, en una de las mesas redondas, reprochándole a Barcelona que, a pesar de ser una ciudad eminentemente mediterránea, es poco espontánea.

No es un reproche, pero sí una realidad a la que creo que me he acostumbrado. Desde el punto de vista del clima, Barcelona es una ciudad mediterránea, obviamente. Pero, de mentalidad, no lo es tanto. Todos los tópicos que asociamos a esa mentalidad mediterránea que tenemos en la cabeza -espontaneidad, improvisación, etc.- no se suceden aquí. Al menos, hay ciertas cosas que a mí no me pasan. Vamos a trabajar, y luego para casa. ¡Intenta quedar con alguien a las seis de la tarde, en el mes de noviembre! No es mejor ni peor, pero, en este sentido, Barcelona es distinta de Madrid, por ejemplo.

A esta ciudad poco espontánea, ¿le hacía falta un Héctor Salgado?

Creo que estaba un poco huérfana. El referente ineludible es Pepe Carvalho, por supuesto. Pero, desde entonces, han pasado muchos años. El Paralelo no tiene nada que ver con lo que era entonces, ni el personaje de la Charo podría repetirse tal cual ahora. Quizás “hacerle falta” sea demasiado decir, pero sí me pareció una buena idea dar un detective moderno a una ciudad que ha cambiado mucho desde el último detective que la recorrió.

Incluso con un cuerpo policial diametralmente opuesto al que se podía encontrar en la época de Carvalho. 

Nadie en su sano juicio escogería a un policía de la España de los 70 para una novela negra. Esto es lo que ocurre actualmente en Argentina, donde nadie lo entendería, pues el elemento represor es también un elemento corrupto. Aún así, como miembro de los Mossos d’Esquadra, Salgado resulta poco convencional: va por libre, sucumbe a accesos de cólera… Aunque en esta segunda entrega lo encontramos más tranquilo.

Más desanimado, quizás. 

Sí, un poco más “depre”.

No le faltan motivos. Su ex mujer sigue desaparecida, se ve obligado a lidiar con un hijo preadolescente que le resulta un extraño…

¡Y eso que el chico es la mar de simpático! He intentado que el entorno de Héctor fuera lo más normal posible. Aunque sus circunstancias sean especiales, se trata de un chico normal, complicado por introvertido, pero cuyo mayor problema es simplemente ser poco hablador. Y en eso ha salido a su padre. Ruth hacía de puente, como de hecho hacen la gran mayoría de las madres. Sin ella, cuya habilidad social era por todos reconocida, padre e hijo se observan mutuamente para intentar llegar a una entente cordial.

Héctor se encuentra ante un caso donde la culpa y la mentira tienen una gran incidencia. ¿Hasta qué punto puede uno mentir y hasta qué punto puede uno aguantar su mentira?

En el fondo estamos hablando de fuertes y débiles. Algunos deciden mentir y tirar adelante con las consecuencias que ello les acarree. Otros ven la vida más en grises, y dudan constantemente. Éstos son los que acaban pasándolo peor. La gran diferencia entre unos y otros radica en que los primeros creen tener la razón, mientras que a los segundos se los comen los remordimientos. Nada tiene que ver con que sean personas ni más listas ni más tontas, ni más buenas ni más malas. Porque, en el fondo, hacer, hacen lo mismo. Lo que sucede es que, como comentábamos antes, son personas normales, con sus cosas anteriores, a las cuales, de repente, se añade algo nuevo que distorsiona su normalidad. La mentira puede afectar una parte de tu vida, pero también puede llegar a afectarla toda. Cada uno lo vive de una manera diferente.

De traductor a autor. Y, como autor, superventas. ¿Cómo se digiere este salto vertiginoso? 

El verano de los juguetes muertos funcionó muy bien, yo fui el primer sorprendido. Es una novela de la que estoy muy orgulloso, porque creo que engancha, que crea adicción. No me preguntes cómo se hace. Sale y punto. La base son unos personajes interesantes, porque de personajes interesantes salen tramas interesantes.

¿Se ve Toni Hill fuera del thriller?

No lo sé, porque me gusta mucho la intriga. Pero creo que  se deben probar cosas diferentes.

 

________

Las portadas

Anuncios