Will Silver es un profesor que encandila a todos sus alumnos. Una mezcla entre el colega sexy Will Schuester de la serie Glee y con la pasión y entrega de John Keating de El club de los poetas muertos. En sus clases son frecuentes los análisis sobre las obras de Camus, Faulkner o Sartre, además de debatir sobre ética, religión o filosofía. Su implicación es tal, que cuando acaba la jornada, se marcha a tomar unas copas con sus alumnos. Sin embargo, poco a poco estos se darán cuenta de que su mentor no es más que un ser humano repleto de virtudes pero también de defectos y que la idealización siempre conlleva una decepción.

Alexander Maksik tiene muchos puntos en común con el protagonista de su primera novela: es esa clase de profesor de literatura que con su atractivo físico, su carisma y su contagiosa pasión por los libros se gana la admiración de sus alumnos. Bajo la aparente cotidianidad de un profesor de instituto, el autor crea una novela sobre ética y moral que pone de manifiesto las incoherencias entre la esfera pública y la privada. Will ejemplifica esa hipocresía inherente del ser humano, ya que en clase asume un rol que después no se ajusta necesariamente a su forma de actuar fuera de las aulas. Por su parte, el lector observa la escena como un alumno más y comprueba desesperanzado cómo el héroe empieza a descender del Olimpo a pasos agigantados. No importa lo bueno que aportara en el pasado, ahora dos hechos concretos –actuar con cobardía en un incidente e intimar con una alumna- son suficientes para condenarle al  desprecio. Conforme avanza la trama, los paralelismos entre esta novela y El extranjero de Albert Camus son más evidentes: se juzgan los hechos de unos hombres que se niegan a sentir culpabilidad o arrepentimiento sólo porque la sociedad crea que es lo políticamente correcto.

Maksik  utiliza diferentes narradores para explicar su historia: el propio Will, Gilad –un alumno que se encapricha del profesor- y la compleja y tierna Marie.  La técnica resulta muy acertada ya que nos recuerda que un mismo hecho cambia totalmente dependiendo de los matices y apreciaciones de cada uno. Por ejemplo, a Will le excita la seguridad con la que una jovencita Marie le seduce, pero unas páginas después ella confesará que su mayor miedo era no estar a la altura y que por eso actuó con pose chulesca y así disimular su  posible torpeza.

Como valor añadido, la novela cuenta con breves clases magistrales que Will imparte a sus alumnos sobre la vida y la literatura que contagian auténtica pasión. Aquellas que, con un poco de suerte, presenciabas de estudiante de vez en cuando y que servían como recordatorio de por qué siempre merece la pena seguir aprendiendo. Por todas estas cualidades, No te mereces nada (Editorial Miscelánea) se convierte en una ópera prima sublime y difícil de olvidar.

 

Patricia Tena

 

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No te mereces nada / Alexander Maksik / Editorial Miscelánea / 1ª edición, 2012 / Trad. de Santiago del Rey / 272 páginas / ISBN 9788493864446

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