Alexander Maksik es el típico profesor que fácilmente enamora: atractivo, carismático, entregado e inteligente, cualidades que disimula tras un cierto aire de timidez. El protagonista de su primera novela No te mereces nada (Miscelánea) también es así. En la escuela, debate con sus alumnos sobre Camus, Faulkner o Sartre y cuando acaban las clases, se va con ellos de copas para seguir reflexionando sobre ética, religión o filosofía. Sus estudiantes le adoran y le toman como ejemplo a seguir. Sin embargo, todo empieza a cambiar cuando tras un incidente en el metro actúa con cobardía y, sobre todo, cuando inicia una relación con una de sus alumnas, Marie. La novela, excelentemente escrita, exalta las incoherencias que ponen de manifiesto la diferencia entre la persona pública y la privada.

 

Alexander Maksik habla de Will, un profesor idealizado / Foto: Patricia Tena

 

“Quería que el lector conociera la esfera pública y privada del protagonista y que asumiera con sorpresa y decepción las diferencias entre ellas”

 

Patricia Tena. Barcelona

¿Cómo nació el personaje de Will Silver?

Mis padres eran profesores y desde pequeño siempre me interesó el contraste entre la imagen que ellos proyectaban en la escuela y cómo se comportaban en casa. Adoptar este papel implica necesariamente una hipocresía inherente, ya que en la esfera privada nunca somos cien por cien como en la pública.

Imagino que habla con conocimiento de causa, usted también fue profesor.

Salvando las distancias, un profesor tiene prácticamente la misma carga que un padre respecto a un hijo. Sobre todo a ciertas edades, en los que además de enseñar una materia, te conviertes en un instructor. Así que es inevitable asumir un rol, pero  interpretar siempre ese papel puede convertirse en una carga pesada.

¿Cree que en la sociedad actual existen muchos docentes tan carismáticos como su protagonista?

Seré sincero: al principio muchos profesores se imaginan a sí mismos de pie, con mirada solemne, frente a una clase abarrotada de alumnos apasionados que están deseando escucharles.  Pero con el tiempo son muy pocos los que siguen pensando de esa forma.

Entonces, ¿están en peligro de extinción? Recuerde cómo acababa Robin Williams en El club de los poetas muertos

Creo que más bien dependerá del sistema educativo y de la escuela. Me consta que aún hay colegios que permiten, y de hecho, apuestan, porque haya profesores como Will, que se involucren con sus alumnos al máximo. Así que creo que mientras ese tipo de escuelas siga existiendo y los alumnos quieran, no todo está perdido.

Sin embargo, uno de los temas principales de la novela es cómo esa idealización casi siempre lleva luego a una decepción.

Este tipo de profesor ilusionado, con ganas de compartir sus conocimientos provoca, aunque sea de forma no intencionada, que los alumnos le idealicen. De hecho, ellos mismos son los primeros que idealizan su trabajo, creyendo que tienen una gran capacidad de influencia y que deben guiar el camino de estos jóvenes. Con estas ideas, es normal que los alumnos los vean como héroes. Y, claro, también es lógico que un día se den cuenta de que son simples mortales con  defectos y se lleven una decepción.

Pero no sólo decepcionan las personas, en su novela lo hacen incluso las ciudades. 

Yo lo llamo el “Síndrome París”. París es para Will lo que Will es para sus estudiantes: una idealización. Tenemos cierta tendencia a pensar en la capital francesa como un lugar mítico, poblado por intelectuales que filosofan sobre temas profundos y donde puedes vivir la historia de amor más bella y romántica del mundo. Pero una vez estás allí te das cuenta de que en muchos aspectos es una ciudad fea y gris, como todas las demás. Esa imagen me sirvió para exaltar la transformación que sufre Will ante los ojos de algunos de sus estudiantes y compañeros de profesión, quienes acaban viéndolo también como alguien feo y gris.

¿Por qué ha optado por incluir tres narradores : Will, Gilad y Marie?

La novela Mientras agonizo de Faulkner es una de mis preferidas y desde el principio tuve claro que quería usar su misma técnica. No es cosecha mía pero quería hacerlo (ríe). Además, me parecía adecuado retratar un mismo hecho desde diferentes puntos de vista, porque al final eso es lo que importa, los matices de cada uno. Lo que para uno es natural, otro lo ve como imperdonable.

El título tiene una connotación acusatoria muy dura.

Muchos lectores lo han percibido así, como un juicio, una acusación. Yo no lo creo. Para mí es la exposición de un hecho muy simple: ninguno de nosotros nos merecemos nada. Me parece muy arrogante creer que por ser alguien, de un determinado modo o pertenecer a una posición, nos merecemos algo. No es así. Hay que ganárselo diariamente. Y el título sólo nos recuerda que todo puede cambiar en un momento y que no hay que dar nada por sentado.

Will es profesor de literatura y, por lo tanto, en sus clases se habla de autores como Sartre, Faulkner o Camus.  ¿No cree que  existen paralelismos entre El extranjero de Albert Camus y su novela?

Sin duda. No quería que fuera algo muy obvio, pero por tu pregunta veo que se percibe (ríe). Will, al igual que Meursault, son juzgados por unos hechos de los que no se arrepienten. En El extranjero es un asesinato y en mi novela la relación de un profesor con una alumna. Me parecía muy interesante presentar a un personaje que se niega a sentir responsabilidad o culpabilidad sólo porque eso sea lo políticamente correcto. De hecho, la cita que inicia el libro es de Camus y pone las cartas sobre la mesa “No quiero escoger entre el lado correcto y el lado equivocado de este mundo y no me gusta que haya que escoger”. Y, como curiosidad, confesaré que la jovencita que trae loco a Will se llama Marie por esa novela también.

También cita al autor cuando dice que para el hombre ser libre también es una condena.

Sí, al principio puede resultar algo complejo y contradictorio pero tiene sentido. Camus se refiere a que en el momento en el que somos libres para elegir nos estamos condenando, ya  que no podremos culpar a nadie más de nuestras decisiones, sean correctas o no. Nosotros asumiremos toda la responsabilidad.

En los capítulos que se desarrollan durante las clases de Will, el lector tiene la sensación de asistir a una clase magistral.

¡Espero que eso sea algo positivo! (ríe). Porque desde luego que mi intención no es instruir ni predicar, pero creo que para que el lector se metiera en la piel de los estudiantes, era inevitable que viviera el proceso desde dentro. Para que él mismo conociera la esfera pública y la privada de Will y asumir con sorpresa y decepción las diferencias entre ellas.

Su personaje dice que la literatura es intrascendente si no está ligada a la vida del lector. ¿Qué pretende remover con No te mereces nada?

El arte debe despertar siempre una reacción. En mi caso suele ser prácticamente física: siento frío, sudor, amor, dolor. Para mí, lo peor sería que un lector me dijera que no ha sentido nada al leer mi libro.

¿Sus  antiguos alumnos  han leído la novela? ¿Qué opinan?

Muchos la han leído y las respuestas son muy diferentes. Pero lo que más me ha sorprendido, en general, es que algunos están plenamente convencidos de haber servido de inspiración para algún personaje o alguna situación concreta.

Decíamos que la novela exalta la compleja relación que existe entre la esfera pública y la privada. ¿Ha sufrido esa dualidad muchas veces?

Sí. Primero como docente, luego como escritor. Como profesor es muy fácil ser una persona perfecta durante una hora: puedes interpretar el rol que quieras y ser quien desees. Yo, afortunadamente, siempre tuve claro quién era dentro y fuera de clase.

Y , ¿cómo escritor?

Cuando escribes tu novela cierras las ventanas y las puertas de tu casa, es decir, te aíslas en tu mundo. Sin embargo, todo cambia cuando publicas el libro. Tienes una responsabilidad muy diferente y da cierto vértigo, porque ya no tienes el control: la gente puede opinar lo que quiera de él. Yo lo escribí con unas ideas muy claras y luego descubro que cada lector tiene una interpretación. De todas formas, intento no responder a los comentarios que surgen, porque yo creo que todas las posibles respuestas ya están en las páginas de la novela.

 

 _______

La portada

_______

No te mereces nada / Alexander Maksik / Editorial Miscelánea / 1ª edición, 2012 / Trad. de Santiago del Rey / 272 páginas / ISBN 9788493864446

Anuncios