Si hay algo en lo que coincidamos todos aquellos que nos hemos leído las cuatro novelas publicadas hasta la fecha en español de la saga Canción de hielo y fuego es en que con George R. R. Martin hay que tener muchísima paciencia. No porque sus novelas sean largas (que lo son) o pesadas (en absoluto), sino porque este autor tiene muy claro hacia donde quiere ir y, al parecer, no le importa que los demás esperemos años y años para saber el final, puesto que él ya lo sabe y eso le permite no vivir en este estado de impaciencia en el que nos tiene a los demás. Nadie dice que eso sea algo totalmente malo, ya que son pocos los escritores que pueden conseguir tener en vilo a millones y millones de personas alrededor del globo, y a eso se le llama éxito. Pero sí molesta, en especial si, durante el apasionante camino a través de su imaginación, uno tiene que encontrarse con novelas como Festín de cuervos, en la que la historia parece no avanzar nada hasta casi llegado el final.

No es para nada un libro aburrido, pero no hace en absoluto honor a los brillantes tres primeros tomos de la serie. Aunque hay gato encerrado. Festín de cuervos y Danza de dragones (todavía no publicado en español) iban a ser un mismo libro, pero la longitud de este se le fue a Martin de las manos, por lo que sus editores le propusieron partir el tomo en dos, con la malísima visión de separarlo por personajes y zonas geográficas en vez de coger mitad y mitad. Por lo tanto, en este cuarto libro de Canción de hielo y fuego sólo avanzan (y muy poco) las historias de Sansa Stark, los Lannister, Brienne, los hermanos Greyjoy, Stannis Baratheon y Sam Tarly; es decir, los personajes menos interesantes hasta el momento, aunque algunos, como Jaime Lannister, empiecen desde ahora a hacerse inesperadamente un sitio entre nuestros preferidos.

A grandes rasgos, la historia continúa tras la muerte de casi todo aspirante al trono, incluidos Robb Stark y Joffrey Lannister. Stannis Baratheon, hermano del difunto rey Robert, se encuentra en el Muro con la intención de convencer a los salvajes que viven más allá para que luchen por su causa a cambio de un hogar en Poniente. En Desembarco del Rey, la reina Cersei conspira para sacar a los Tyrell, cuya hija Margaery se esposará pronto con el rey Tommen, de su palacio, obsesionada con unas predicciones que le hicieron de pequeña según las cuales Margaery puede arrebatarle su preciado trono. Mientras tanto, Sansa Stark se traslada a vivir con Meñique y su tía Lysa Arryn a Nido de Águilas, donde empezará a darse cuenta de lo poco centrada que está la hermana de su madre y, en las Islas de Hierro, los hermanos Greyjoy se pelearán entre sí por el trono.

Dicho lo dicho, poco más hay que añadir. Ya todos sabemos, sea por leer las novelas o por haber visto la serie, cuya segunda temporada se estrena en Estados Unidos este domingo, que George R. R. Martin tiene una mente increíble y la habilidad de crear y desarrollar con destreza unos personajes absolutamente interesantes, al igual que de matarlos. Pero leer Festín de cuervos deja a uno con la sensación de que falta algo, y ese algo es Danza de dragones, en la que, visto el final de esta cuarta novela, se avecinan grandes y fascinantes (además de esperados) acontecimientos y en la que, por fin, el temido invierno ha llegado.

 

Joanma Tena

 

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Festín de cuervos (Canción de hielo y fuego IV) / George R. R. Martin / Editorial Gigamesh / 1ª edición en nuevo formato, 2010 / Trad. de Cristina Macía / 862 páginas / ISBN 9788496208995

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