Maud Lethielleux es artista musical, escenógrafa y escritora. Desde donde estoy veo la luna (Grijalbo) narra en primera persona la historia de Moon, una chica de 19 años que vive en la calle y a la que los transeúntes conocen como “la pequeña vendedora de sonrisas”. Un día, la protagonista roba un cuaderno de tapas naranjas para escribir una historia a su ex novio como regalo de cumpleaños, pero la libreta va a parar a manos de una editorial que le propone publicar su novela. Moon se siente como una niña pequeña con un regalo inmenso en las manos, no sabe cómo abrirlo ni si está preparada para recibirlo.

Lethielleux se adentra en la historia de Moon, una chica de 19 años que vive en la calle / Foto: F. Mantovani

 

“Quiero  que la gente recuerde que detrás de la mano que le pide una moneda, hay un ser humano”

 

Patricia Tena. Barcelona

¿Cómo surge la historia de Moon?

Estaba intentando escribir mi segunda novela: tenía una idea clara, muchos personajes y una trama bastante compleja. Pero un día, mientras estaba sentada frente al ordenador, me pareció oír la voz de una joven con una cara redonda y blanca como la luna, que me contaba que había robado un cuaderno de tapas naranjas. Me gustó esta primera idea, cerré el documento en el que trabajaba y abrí uno nuevo para explicar esta historia. No lo esperaba, pero surgió.

¿Desde el principio tuvo claro que la protagonista sería una chica joven? ¿El hecho de que sea una adolescente sin techo no le da mayor dramatismo?

Quise que fuera  joven para así poder reflejar mis propias vivencias. Yo viví en la calle desde los 17 hasta los 19 años. Nunca volví, pero es una etapa que, evidentemente, me marcó como persona. No creo que su juventud aporte un toque dramático, sino todo lo contrario, da luz. Moon tiene toda la energía y el optimismo de una jovencita, pero también la falta de discernimiento. Quería que el personaje tuviera esa fuerza que te hace creer que puedes con todo.

Le doy la razón en que, a pesar de la crudeza del tema y de algún momento angustioso, en general el libro no es excesivamente triste.

Sí, esto era importantísimo para mí y lo he tenido en cuenta en mis dos novelas. Aunque la trama se desarrolle en un marco oscuro, mis personajes suelen tener poca malicia y mucha alegría por vivir.

¿Pero no es un poco extraño que una joven viva en la calle de forma voluntaria?

Desde nuestro punto de vista, los sin techo viven en medio del sufrimiento, del dolor, tienen mala suerte y son desgraciados. Seguramente la mayoría de veces es así, pero no siempre. Moon se divierte viendo pasar a la gente por la calle y, desde la distancia, ella observa que ellos no son más felices: viven pendientes de horarios imposibles de cumplir, van diariamente a trabajos que detestan, dan prioridad a las obligaciones en lugar de a sus deseos… y, lo más importante, no tienen tiempo para ellos mismos, no se conocen. Para Moon, estos son los defectos del modo de vida occidental que todos acabamos asumiendo. Yo no creo que ella tenga toda la razón y que los demás hayamos elegido mal, pero sí pienso que si tomáramos distancia y perspectiva, cambiaríamos muchas cosas de nuestra forma de vida.

El ilustrador Miquel Fuster, que vivió 15 años en la calle, lamentaba que algunas personas le dieran limosna sin mirarle a los ojos. ¿Cree que realmente hay una falta de interés por la persona?

Sin ninguna duda. Le doy toda la razón, el peor desprecio es que no te miren a los ojos. Si mi libro tiene algún mensaje que trasmitir es precisamente ése: que la gente recuerde que detrás de la mano que le pide una moneda, hay un ser humano. Algunos lectores me han dicho que después de conocer a Moon ya no dan el dinero de la misma forma, que ahora se interesan por saber cómo está esa persona. Y ése es el mayor regalo que puedo pedir, ¡me hace inmensamente feliz! Creo que una novela es un medio excelente para compartir este tipo de mensajes, ya que durante el tiempo que pasas leyendo el libro, te metes en la piel, el cuerpo, el corazón y el alma de Moon. Al estar escrita en primera persona es fácil empatizar con ella, y cuando el lector se identifica con el personaje, es más factible que cambie su mirada sobre un determinado tema.

Supongo que no nos llegamos a hacer una idea de lo duro que pueden resultar algunos actos cotidianos cuando no tienes un techo… 

Seguro que no. En un capítulo describo lo engorroso que le resulta a Moon tener que cambiarse una compresa en plena calle. Imagino que las mujeres lectoras lo entenderán perfectamente, porque, a pesar de ser algo natural,  es un acto que exige cierta intimidad. Creo que la mayoría de veces vemos a los mendigos como parte de un escenario, pero no pensamos que hacen las mismas cosas que nosotros y que tienen necesidades. Estas  pequeñas cosas son las que llegan más fácilmente a los lectores, más que las grandes ideas. Como casi siempre, los detalles marcan la diferencia.

Moon escribe para evadirse, pero también para conocerse mejor.

Ella tiene necesidad de escribir para sobrevivir.

En un momento dice: “No sabía que una editorial era una especie de hogar de acogida donde se ayuda a la gente a salir adelante”.

(Risas). Moon es joven y, por lo tanto, busca referencias conocidas para entender las cosas nuevas que vive. Por ejemplo, compara al editor con un educador y a la editorial con un hogar de acogida. La idea que tiene no es del todo errónea, porque es cierto que la ayudan para seguir avanzando. Lo que ocurre es que después las cosas se van complicando. Eso nos pasa todo el tiempo, creemos que cambiamos de ambiente, que vamos a tener grandes experiencias distintas a lo que hemos vivido y, al final, volvemos a lo mismo… porque lo importante son las relaciones entre las personas.

A parte de la escritura, el amor mantiene a flote a Moon.

Al principio ella nos presenta a su ex novio Fidji como el amor de su vida, porque tal y como dice, “un primer amor no puede conjugarse en pasado”. Pero su historia la conocemos cuando ya se está terminando. Ella empezó a vivir en la calle con él y ha sido su compañero durante cerca de tres años. De hecho, es decisivo en la historia porque Moon empieza a escribir para hacerle un regalo de cumpleaños. Pero luego él se marcha y ella queda con el corazón destrozado. Aunque al principio le cueste, se dará cuenta de que era lo mejor que podía haberle pasado porque le permite dedicarse por completo a su proyecto de escritura y acercarse a otra persona, Slam.

De todas formas, ¿no cree que su verdadero amor es Cometa?

(Risas) ¿El perro? Sí, sí, sí. Cometa lo es todo para ella. Es importantísima en su vida porque para Moon es una responsabilidad. Cometa ha crecido y vive con ella, y, por tanto, dependen la una de la otra. Creo realmente que los animales son una tabla de salvación para las personas que viven en la calle. El hecho de saber que tienen que cuidarles les hace aguantar y no desfallecer. Sorprende que alguien que no tiene aparentemente nada pueda compartir lo poquito que tiene con otro ser vivo. Es maravilloso. Y, claro, ellos se lo devuelven con muchísimo amor, afecto y apego.

¡Claro!

La verdad es que le cogí mucho cariño a este personaje… además, entre ellas existe una conexión que me parece divertida; no son guapas, pero tienen encanto. Eso es lo que se le dice a una mujer cuando no es bonita. Lo cierto es que se compenetran muy bien: Moon vende sonrisas a cambio de monedas y Cometa hace ojitos para que la acaricien o le den de comer.

Moon confiesa que para ella la vida es un regalo enorme que no sabe cómo abrir. Sin embargo hace una reflexión que me ha gustado: “No sé como son mis sueños, pero sé que los tengo”.

Es cierto. Si para cualquier ser humano es importante no dejar de soñar, ¿cómo es para alguien que vive en la calle? Aunque ella haya elegido ese camino, su vida no es fácil. Tener sueños es proyección de futuro, es ir hacia la luz. Es la salvación.

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